La Historia de Tommy

Hace unos días, viendo unos powert point en Mercabá, terminé en Tommy’s Window” (La ventana de Tommy), en la que venía una bonita historia que he considerado interesante publicarla. Espero que les guste.

- Esta historia fue la que nos inspiró a empezar ‘Tommy’s Window‘ -

¡Tommy era un chiquillo inválido que vendía periódicos, cuyo cuerpo deforme y casi imposibilitado yacía lastimosamente en un camastro de una vieja casa de apartamentos que daba a una concurrida calle de una gran ciudad del este de los EE.UU.! ¡Le había pedido a otro chiquillo repartidor de periódicos amigo suyo que le llevara el libro que hablaba del Hombre que fue por todas partes haciendo el bien! El chiquillo buscó y rebuscó ese libro sin nombre para su amigo inválido, ¡hasta que por fin un librero se dio cuenta de que debía de referirse a la Biblia y a la historia de Jesús! ¡El chiquillo reunió los pocos centavos que tenía y el amable librero le dio un ejemplar del Nuevo Testamento, que él se apresuró a llevar a Tom a su camastro del tercer piso!

Comenzaron a leerlo juntos, HASTA QUE TOMMY SE SALVO GRACIAS A LAS PALABRAS QUE LEYÓ EN EL LIBRO y él también quiso hacer el bien como el Hombre del libro. ¡Pero estaba inválido y ni siquiera podía salir del apartamento de una sola habitación en el que vivía con su anciana tía!
! Pero oró pidiéndole a Dios que le ayudara, ¡y el Señor le mostró un plan! ¡se puso a garabatear penosamente versículos de la Biblia que podían ayudar a la gente en pedacitos de papel que luego tiraba desde su ventana del tercer piso y que revoloteaban hasta caer en la concurrida calle! Los transeúntes los veían caer y, movidos por la curiosidad, los recogían para ver qué decían. Así leían las Palabras del Hombre que fue por todas partes haciendo el bien: ¡Cristo Jesús! ¡Ese chiquillo ayudó, animó y consoló a muchas personas, que hasta llegaron a salvarse gracias a su sencillo ministerio de la Biblia desde su ventanita!

Cierto día, un rico hombre de negocios tuvo una conversión maravillosa al leer uno de aquellos versiculitos. ¡Tras encontrar a Cristo, regresó al lugar donde había recogido el trocito de papel gracias al cual había conocido al Señor para tratar de averiguar cómo había llegado hasta allí! Y de pronto vio caer revoloteando en la acera otro papelito; y una pobre y cansada anciana se agachó trabajosamente a recogerlo. Observó que se le iluminaba el rostro al leerlo. ¡Y cuando reemprendió la marcha, parecía que caminara con nuevas fuerzas!
El hombre se quedo clavado donde estaba, sin dejar de mirar hacia arriba, decidido a averiguar el origen de aquellos papelitos! ¡Tuvo que esperar mucho rato, porque el pobre Tommy, que estaba inválido, tardaba mucho en garabatear penosamente aunque sólo fuera un versículo en uno de aquellos papelitos! ¡De pronto, el hombre de negocios fijó la vista en una ventana de donde alguien extendía una manecita menuda y delgada para tirar un papelito que parecía igual a los que había visto antes, e igual al que le había proporcionado a él toda una nueva vida! ¡Se fijó bien donde estaba la ventana, subió corriendo las escaleras de la mugrosa casa, y por fin encontró el cuchitril de Tommy, el misionero de la acera!

Esta historia es verídica, y ojalá me acordara de como se llamaba el hombre. El y Tom se hicieron enseguida muy amigos, y el le proporcionó a Tom toda la ayuda y cuidados médicos que pudo. ¡al final le invito a irse a vivir con el a una mansión suntuosa que tenia en una zona residencial! Pero con gran asombro suyo, Tom le respondió: «Tendré que consultarlo con mi amigo.» ¡Se refería a Jesús!

¡Al día siguiente, el hombre regresó, esperando ansiosamente la respuesta de Tommy! Curiosamente, Tom le hizo algunas preguntas extrañas: «¿Dónde dijo que estaba su casa?» «Está muy lejos, en el campo», dijo el hombre, «es una finca muy grande y muy her-
mosa; tendrás una habitación muy bonita para ti, criados que te atenderán, comidas deliciosas, una buena cama, todas las comodidades y cuidados y todo lo que siempre has soñado. Mi mujer y yo te querremos mucho y te criaremos como a nuestro propio hijo.» Tom volvió a preguntar, con tono vacilante: «¿PASARA ALGUIEN POR DELANTE DE MI VENTANA?» Sorprendido y algo desconcertado, el hombre contestó: «Pues… ¡claro que no, sólo algún criado de vez en cuando, y quizás el jardinero! ¿Comprendes, Tom? ¡Es una finca preciosa, lejos de los ruidos, el ajetreo de la ciudad y del barullo de la gente! Tendrás tranquilidad y podrás descansar, leer y hacer todo lo que quieras, lejos de toda la suciedad, el humo, el ruido y la agitación de la gente.”

Después de pasar un largo rato callado y pensativo, la cara de Tom se puso muy triste, pues no quería herir a su nuevo amigo. Pero por fin dijo con voz baja, pero firme, y con los ojos llenos de lágrimas: «Lo siento, pero comprenda usted que NO PODRÍA VIVIR DONDE NADIE PASARA POR DELANTE DE MI VENTANA.”

Esta es la historia verídica de un chico que era sin educación y estaba tan desvalido y aislado que a nadie se le habría ocurrido que pudiera realizar un ministerio, y que aparentemente tenía todo tipo de excusas para no servir a los demás, dado que más bien necesitaba que le sirvieran a él. ¡PERO EL AMOR DIO CON LA SOLUCIÓN!

¡Ahora mismo, alguien está pasando por la ventana de vuestra vida! ¿Ha encontrado su amor una forma de ayudarle? ¿LES HA MOSTRADO EL AMOR DE DIOS COMO LE PUEDEN AYUDAR? SI LO DESEAN, EL LO HARA, SIN IMPORTAR LAS CIRCUNSTANCIAS NI VUESTRAS LIMITACIONES, porque Dios también tiene una ventana, y ha prometido que si le obedecemos y abrimos a los demás las ventanas de nuestra vida, El «abrirá las ventanas de los cielos y derramará bendición hasta que sobreabunde.» (Mal.3:10).”

Fuente: tommyswindow

El invierno de la fe


Lidia Skalska nació en Ucrania, en la época del comunismo. Hoy dirige a un grupo de niños que cantan en el coro de la comunidad de ucranianos que acoge la parroquia del Buen Suceso, en Madrid. Desde la distancia y los años, recuerda los tiempos en los que vivir la fe no era tan fácil.

Lidia creció en una familia ucraniana, en los años duros del comunismo. Cuando nació, no había tanta persecución a la Iglesia católica como en décadas anteriores, pero no se podía olvidar que el sistema comunista seguía fundado sobre el rechazo total de la religión. «Mi madre era profesora de Historia en un colegio -recuerda Lidia-, y mi padre trabajaba en una empresa de comercio. Mi padre era muy religioso, porque sus padres eran muy religiosos también. Y mi madre también lo era, pero tenía dificultades por su trabajo, porque era funcionaria del Estado y tenía prohibido totalmente tener nada que ver con Dios. A los profesores les decían: No podéis colgar iconos en la pared; ni habléis de Dios con los niños. Mi madre no podía ir a Misa, porque si iba eso tendría consecuencias en su trabajo. Mi padre rezaba todas las noches antes de irse a dormir; mi madre no lo hacía tan abierto, sino que lo hacía por dentro».
Esta expresión, por dentro, aparece varias veces en la narración de Lidia, y resume cómo era la vivencia de la fe en la Unión Soviética, bajo el comunismo. Afirma: «Cada familia tenía algo escondido, por dentro. El sistema impedía hablar, pero recuerdo que, cuando era pequeña, mis padres se reunían en la cocina y hablaban de temas prohibidos, de política y de religión. Mi cuarto estaba muy cerca de la cocina, y podía escuchar todas esas cosas».
Toda la educación religiosa en aquellos años la mantenían los abuelos, y tuvieron un papel muy importante en la transmisión de la fe a los hijos y a los nietos. «A mí me enseñó a rezar mi padre -cuenta Lidia-, y sobre todo, mis abuelos. Mis abuelos eran unas personas muy devotas. En Ucrania existe la tradición de tener iconos en las casas; nosotros los teníamos, pero solamente en una habitación, porque estaba prohibido, sobre todo para los funcionarios y los miembros del Partido. Mi abuelo iba a Misa todos los domingos; donde yo vivía había alguna iglesia abierta, que el Partido permitía porque a ellas iban sólo las personas mayores. Pensaban: ¿Qué puede hacer la gente mayor? Pero los jóvenes y niños no podían ir. Cuando se acercaban fiesta religiosas, como Pascua o Navidad, obligaban a los niños a ir por la noche a ver una película sobre la Revolución de Octubre, o sobre Lenin. A los niños nos bautizaban a escondidas; nadie lo sabía. El abuelo iba a hablar con el cura y éste iba a las casas a bautizar por la noche. Todo, con mucho secreto».

Los últimos veinte años del comunismo en la URSS fueron más suaves, pero la época después de la guerra fue muy dura. Lidia cuenta que, en aquellos años, «a los sacerdotes se les obligó a pasarse a la Iglesia ortodoxa; si no lo hacían, eran asesinados sin ninguna justicia, o bien los enviaban a Siberia. En mi región mataron a casi todos los curas católicos. Muchas iglesias fueron cerradas, o bien las utilizaron para otros usos, como almacenes o polideportivos para hacer gimnasia. Los curas que quedaron celebraban la Eucaristía ocultamente en las casas. La gente desaparecía de sus casas por las noches. Uno se acostaba, y no sabía si iba a venir un coche de los servicios secretos y te hacían desaparecer. Mis abuelos solían decir: Vosotros no sabéis qué tiempos hemos vivido».
Lidia tiene también palabras para alertar sobre una sociedad que vive al margen de Dios, y lo cuenta por propia experiencia: «Un sistema que no tiene a Dios, al final falla, porque la justicia, las leyes… no pueden resolver los problemas de violencia y de la maldad humana. El ser humano necesita tener temor de Dios, saber que existe una Fuerza que está por encima de ti. Yo creo que el mundo ahora se está equivocando. Dios existe, te quiere y te ayuda. No se puede educar a los niños diciendo que Dios no existe. El país que va por ese camino de educar a los niños sin Dios se está equivocando mucho».

Autor: Juan Luis Vázquez Díaz-Mayordomo | Fuente: Alfa & Omega

Ánimo! ¡Levántate, continente africano!


Este fue el llamamiento final del Papa en la homilía de clausura de la segunda Asamblea del Sínodo de los Obispos para África. Han sido tres intensas semanas, en las que la Iglesia ha hecho discernimiento sobre qué espera Dios de ella en este momento de su historia, lleno de luces y sombras, pero, sobre todo, de esperanza.

El tema de este Sínodo «no era un reto fácil», confesaba el Papa poco después de clausurarlo, durante un almuerzo, con los obispos africanos. «Tenía dos peligros, diría yo. El tema Reconciliación, justicia y paz implica, ciertamente, una fuerte dimensión política, si bien es cierto que reconciliación, justicia y paz no son posibles sin una profunda purificación del corazón», que «debe surgir del encuentro con Dios… Pero la tentación podía ser de politizar el tema, de hablar menos como pastores y más como políticos». Por otra parte, existía el peligro de «retirarse a un mundo puramente espiritual, a un mundo abstracto y bonito, pero no real. El discurso de un pastor, en cambio, debe ser realista, tocar la realidad, pero en la perspectiva de Dios y de su Palabra».
Durante el Sínodo, ha quedado reafirmada la centralidad del anuncio del Evangelio, sin que ello haya impedido descender a todo tipo de debates, a veces muy concretos, en ámbitos como la agricultura, las instituciones financieras o el papel no siempre beneficioso de las ONG y de las organizaciones internacionales. De igual forma, en su día a día, la Iglesia transmite el mensaje de salvación del que es portadora, «conjugando siempre la evangelización y la promoción humana», como dijo Benedicto XVI en la homilía de la misa de clausura. El Evangelio se traduce «en proyectos y realizaciones coherentes con el principio dinámico fundamental, que es el amor», explicó. Por eso, «mientras ofrece el pan de la Palabra y de la Eucaristía, la Iglesia se empeña en obrar, con todo medio disponible, para que a ningún africano le falte el pan cotidiano».
Pero, para que la Iglesia pueda transmitir ese mensaje de esperanza y reconciliación, debe cultivar la comunión. «El Sínodo ha reafirmado con fuerza -dijo el Papa- que la Iglesia es familia de Dios, en la que no pueden subsistir divisiones de tipo étnico, lingüístico o cultural. Testimonios conmovedores nos han mostrado que, incluso en los momentos más oscuros de la historia humana, el Espíritu Santo opera y transforma los corazones de las víctimas y de los perseguidores para que se reconozcan hermanos. La Iglesia reconciliada es una potente levadura de reconciliación en cada país y en todo el continente africano».
El Sínodo ha aprobado 57 propuestas finales, entregadas al Santo Padre para la redacción de su Exhortación postsinodal. Estas propuestas, como norma general, no son públicas, aunque, en esta ocasión, el Papa ha autorizado su difusión. Además, los participantes han aprobado, por unanimidad, un Mensaje Final al pueblo de Dios, un documento muy completo en el que se recogen las principales conclusiones de estas tres semanas.
África no debe desesperarse
En una primera parte, se reconoce esta dramática realidad: «África es rica en recursos humanos y naturales, pero muchos en nuestro pueblo se debaten en medio de la pobreza y la miseria, de guerras y conflictos, entre crisis y caos. Muy raramente todo esto es causado por desastres naturales. Se debe, más bien y en gran medida, a decisiones y acciones humanas de personas que no tienen ninguna consideración por el bien común, y esto, con frecuencia, debido a la trágica complicidad y conspiración criminal entre responsables locales e intereses extranjeros». En otro punto, se menciona «la deuda que pesa sobre los países pobres, que está matando literalmente a los niños». Y se añade: «Las compañías multinacionales tienen que detener la devastación criminal del ambiente para su codiciosa explotación de los recursos naturales. Es una política miope la de fomentar guerras para obtener unos beneficios rápidos del caos, a costa de vidas humanas y de sangre».
Así y todo, «África no debe desesperarse». Se producen «muchas noticias positivas» en el continente, aunque los medios de comunicación «prefieren, con frecuencia, las malas noticias».
Sobre la aportación de la Iglesia, que «tiene el deber de ser instrumento de paz y reconciliación», los padres sinodales subrayan que «será capaz de realizar esto en la medida en que ella misma esté reconciliada con Dios. Hay que trabajar juntos en la unidad que hace la fuerza. Nos provoca y nos anima el proverbio africano que dice que un ejército de hormigas bien organizadas puede abatir a un elefante. No debemos tener miedo y menos aún dejarnos desanimar por la enormidad de los problemas de nuestro continente».
Al sacerdote, por su buena formación, suelen mirarle las comunidades como líder en diversos asuntos, y se le exhorta a discernir sobre «cuál es la mejor manera de ofrecer» su «servicio pastoral y evangélico, sin partidismos». Y a los fieles laicos, se les anima a dejar que la fe «impregne cada aspecto y rincón de su vida», bien formados en la fe. «África necesita santos en puestos políticos relevantes: políticos santos que limpien de la corrupción el continente, que trabajen por el bien de la gente y que sepan cómo animar a otros hombres y mujeres de buena voluntad fuera de la Iglesia para que se unan contra los males comunes que asolan nuestras naciones… Por desgracia, muchos católicos en puestos de prestigio no han respondido adecuadamente al ejercicio de sus cargos. El Sínodo invita a estas personas a que se arrepientan, o a que dejen el escenario público y que así dejen de perjudicar al pueblo y de crearle mala fama a la Iglesia católica».
Esta presencia de católicos es hoy especialmente necesaria, «ante los ataques de algunas venenosas ideologías procedentes del extranjero, que pretender ser cultura moderna. Seguid acogiendo a los niños como don de Dios», dice el Mensaje al conjunto de los africanos. Y a las mujeres católicas africanas, que son «con frecuencia la espina dorsal de nuestra Iglesia local», tras denunciar las dificultades que les impiden trabajar en la esfera social, se les pide que esas «buenas ideas no sean distorsionadas por los traficantes de ideologías extranjeras y moralmente venenosas que afectan al género y a la sexualidad del hombre».

Fuente: Alfa & Omega

A todos los amigos de Catholic.net‏

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Rosália Tenório
Catholic.net

Cristo sí resucitó

Día de los Difuntos: la muerte es el paso a la plenitud de la Vida

El 1 de noviembre celebramos la Solemnidad de Todos los Santos, en la que recordamos a tantas personas que han entregado su vida siguiendo las huellas de Jesús en el Evangelio.

A muchos los conocemos, porque la Iglesia los ha canonizado para que sus vidas sean ejemplo para los demás. Pero otros muchos no están en los altares, son los santos anónimos para el mundo, pero no a los ojos de Dios. Y mañana recordamos a nuestros difuntos, una fiesta litúrgica que se remonta al siglo X, cuando fue instituida por san Odilón, monje benedictino. Ante la muerte, los cristianos miramos a Cristo Resucitado porque, como nos recordó Benedicto XVI, siguiendo las huellas de Pablo, “si Cristo no ha resucitado, el cristianismo es absurdo”. En el siguiente reportaje vamos a conocer algunos fundamentos teológicos de ambas fiestas, y testimonios de cristianos ante la muerte de un familiar y la santidad.

¿Es la muerte el final del camino o el principio de la vida? ¿Cómo nos situamos ante ella? Hemos querido que sea el profesor de Escatología de los centros de formación de la diócesis, D. Manuel Pineda, quien nos lo explique. Él afirma que es la pregunta, el gran interrogante, a la que muchos querrían tener una respuesta más clara en orden al futuro. Todos morimos y eso es una realidad permanentemente constatada. ¿Y con la muerte todo termina? ¿Es posible que tanto trabajo e inquietudes, la lucha y la brega de tantos años, las alegrías y sufrimientos que impregnan la vida, todo acabe en un accidente, con un infarto, en una enfermedad prolongada o galopante?

¿Es posible que tantas injusticias, muertes violentas, guerras, sangre inocente, todo termine sin la respuesta adecuada que clama justicia y recompensa a situaciones inhumanas?

Con la muerte no puede terminar todo. La muerte no es caer en el absurdo, como algunos han afirmado, no es una frustración existencial, no es un desenlace terrible. Como creyentes, como personas que razonan y creen en un Dios todopoderoso, justo y bueno, profesamos la gran verdad de fe que confesamos desde pequeños: “Creo en la Vida Eterna”. La muerte es el paso a la plenitud de la vida; es el puente y la puerta para el gozo eterno. Es la llegada al abrazo grande de Dios, nuestro Padre. Dios nos ama. Desde la eternidad nos llamó a ser santos, partícipes de la misma vida y amor, a ser sus hijos, decía san Pablo. Jesús con su muerte dio muerte a la muerte y nos ha conseguido la victoria.

Otro de los grandes interrogantes que nos hacemos es si nuestros seres queridos que ya se han ido con Dios desconectan de toda realidad terrena o siguen de alguna manera entre nosotros. Según D. Manuel, “El cielo es ver a Dios, vivir con Dios, gozar con Dios, y Dios es siempre Camino y es plenitud desbordante. Jesucristo Resucitado es para nosotros el todo. Él es la Cabeza, que goza y vive plenamente en Dios. Nosotros, su Cuerpo, estamos vinculados a Él, como miembros vivos, y participamos de su alegría, felicidad, amor. Todos formamos un solo Cuerpo, una gran familia, y todos, en consecuencia, participamos de los bienes obtenidos en la redención. Hay un intercambio permanente de gracia, alegría, confianza, amor, del que vamos participando todos: los que ya gozan de la felicidad del cielo, los que todavía deben purificarse y los que peregrinamos por la tierra. Por eso, nos sentimos unidos fuertemente a ellos y ellos a nosotros; sentimos su cercanía; aunque permanezcan lejanos, estamos cercanos, en verdadera comunión de fe, esperanza y amor.

En Dios no hay distancia. Ellos interceden por nosotros junto a Dios, y en los momentos fuertes y alegres del día, los sentimos a nuestro lado, no están desconectados de nosotros, nos alientan, estimulan y continúan a nuestro lado. Es la gran verdad de fe que llamamos y confesamos: “Creo en la Comunión de los Santos”.

Fuente: Diócesis Málaga

Meditacion para la Solemnidad de Todos los Santos


Este año coincide el día del Señor, el domingo, con la Solemnidad de Todos los Santos, fiesta que nos permite invocar a los que nos han precedido en la fe y gozan ya de la visión de Dios, nuestros mejores intercesores. La travesía de la existencia se hace más llevadera cuando se acierta a invocar a los amigos de Dios. Sería interminable la narración de hechos favorables que gustan los que tienen a los santos como compañeros de camino.

Es posible que en los últimos años, por purificación de la religiosidad, se haya acentuado la centralidad de Cristo en la vida del cristiano y la propuesta del Evangelio como forma de vida creyente. En esta hora se vuelve a considerar, sin merma de la supremacía de Jesucristo, a quienes han sido y son testigos del seguimiento evangélico como mejor demostración de que es posible vivir a la manera de Jesús y de María, su madre.

Acércate a los santos y experimentarás una atracción suave, que deja en el interior una sensación de bienestar y de paz, a la vez que se reavivará en ti el estímulo para hacer el bien y la propia vocación a la santidad. Ellos nos hacen la mirada luminosa, desde la que se contempla la realidad con los ojos de Dios.

La santidad, aunque parezca algo inalcanzable, está viva entre nosotros, en personas que de forma silenciosa, discreta y permanente hacen de sus vidas un proyecto de amor a Dios y a cuantos los rodean. Han experimentado el atractivo de la Humanidad de Cristo y se convierten en reflejo de la humanidad transfigurada. Se sienten amados de Dios, y aman, a pesar de la oscuridad, de la duda, de la tentación. En esas circunstancias aquilatan aún más su entrega enamorada.

La santidad transforma el recinto doméstico y el social en espacio fascinante, aunque suponga entregar la vida. La opción generosa y gratuita de comenzar cada día el proyecto del seguimiento evangélico otorga a quien así vive el conocimiento de lo pasajero y la certeza de lo eterno, don de sabiduría.

Los santos han sido y son los mejores amigos, los más solidarios e intuitivos. Se arriesgan, confiados en la promesa del Señor, y convierten su existencia en un proyecto de generosidad, con la sagacidad de trocar las circunstancias históricas en las que les toca vivir en mediación providente. Son testigos y profecía de la vida divina en medio de sus contemporáneos.

Si te introduces en el conocimiento de la historia de los santos, te asombrarás al comprobar su sensibilidad humana, por la que han sido capaces de dar las respuestas más atrevidas ante los problemas sociales, religiosos, hasta políticos del momento, al mismo tiempo que se convierten en espejo de la mirada de Dios, por su relación con Él íntima, orante y contemplativa.

El secreto que se descubre en la vida de los santos es, precisamente, su relación creyente y amorosa constante. Todo lo viven desde la relación teologal y afectiva, de la que son conscientes, la que Dios tiene con ellos, la que ellos desean mantener con Dios y en Él con todos.

Ten la sabiduría de invocar y de conocer a los santos, ellos te apoyarán en tu vocación a la santidad.

Fuente: Ciudad Redonda

¿Sabemos aceptarnos? La niña que quería ojos azules.


Emy era una linda niña de 5 años de edad. Vivía en los Estados Unidos de América, frente al mar. Su familia era muy cristiana.
Ella amaba a su familia y admiraba los ojos azules de su padre, de su madre y de sus hermanos… Todos en la casa de Emy tenían ojos azules… Todos… menos Emy!
El sueño de Emy era tener ojos azules como el mar. ¡Cómo deseaba Emy eso!
Un día, oyó a su profesora decir que Dios responde a todas las oraciones.
Emy pasó todo el día pensando en eso, “¡Seguro que Dios me escuchará!” Y a la hora de dormir, se arrodilló al lado de su cama y oró: “Papá del Cielo, muchas gracias porque creaste el mar ¡que es tan hermoso! Muchas gracias por mi familia y mi vida. ¡Me gusta mucho todas las cosas que hiciste! Pero… Me gustaría pedirte un favor… cuando me despierte mañana, quiero tener ojos azules como los de mi mamá! En el nombre de Jesús, amén”.
Ella tuvo mucha fe esa noche. La fe pura y verdadera de una niña.
Y, al despertar, al día siguiente, corrió al espejo. Miró…y ¿cuál era el color de sus ojos ?… Continuaban siendo color castaño muy oscuros.
Emy se entristeció y lloró. Se preguntaba: “¿Acaso Dios no me oyó? ¿Por qué no atendió lo que le pedí? ¿Acaso no me porto bien y Dios puede concedérmelo? ¿o es que mis hermanos son mejores que yo? ¿sirve de algo rezar? Aquel día, Emy tuvo que aceptar que ese “No” era la respuesta. Y aunque al principio renegó, y no entendía, acabó por aceptarlo, confiando en Dios.

No obstante, Emy siguió rezando y era muy generosa. Por eso, años después, cuando la invitaron a ir como misionera a la India, aceptó encantada.
Ya en la India, su labor consistía en “comprar niños para Dios”. Es decir, había familias muy pobres que pasaban mucha hambre, y que al no tener nada, vendían a sus hijos a otras personas que las sacrificaban en el templo. La tarea de Emy era “comprarlos”, para luego salvarlos de ese sacrificio. Pero, para poder entrar en los “templos” de la India, sin ser reconocida como extranjera, debía disfrazarse de indiana. Para ello se ponía polvo de café en la piel, cubría sus cabellos, se vestía como las mujeres del lugar y entraba libremente en los locales de venta de niños sin despertar ninguna sospecha. Emy podía caminar tranquila en todo el “mercado infantil”, pues aparentaba ser una indiana.
Un día, una amiga misionera la miró disfrazada y dijo: “¡Caray, Emy! Estás perfecta, ¿ya pensaste que no sería posible disfrazarte si tuvieses ojos de azul claro como todos los de tu familia? ¡No cabe duda que servimos a un Dios inteligente que ha pensado en todo! Él te dio ojos muy oscuros, pues sabía que eso sería esencial para tu misión y poder salvar muchos niños.”
Esa amiga no sabía cuánto había llorado Emy en su infancia por no tener ojos azules… Pero Emy pudo, finalmente, entenderlo y le dio alegremente gracias a Dios por no tener ojos azules!

La moraleja es clara: todo está en el plan de Dios. Él conoce cada oración que sale de nuestros labios, y cada lágrima que sale de nuestros ojos; Él sabe el por qué nos suceden las cosas; conoce todas nuestra necesidades y podría resolverlas… pero las responde de manera sabia, a su momento. No podemos perder la paz si no nos gusta el color de nuestros ojos o cualquier otra cualidad. Nunca podemos perder esta seguridad, solo hay que confiar plenamente en Él.

Autor: Padre José Martínez Colín | Fuente: Churchforum

Testimonio de un misionero sobre la crisis en Guinea tras la represión de septiembre


lunes, 26 octubre 2009

“A tres semanas de la represión del 28 de septiembre, la gente de Conakry vive con sufrimiento y en el duelo, pero al mismo tiempo está buscando superar con coraje el trauma, también con nuestra ayuda”, dijo a la agencia MISNA el padre Armel Duteil, misionero espiritano y presidente de la comisión episcopal Justicia y Paz, entrevistado desde la capital guineana, donde trabaja desde hace 13 años. Después de que una protesta promovida por los grupos de oposición fuera violentamente reprimida, “las numerosas comunidades misioneras de Conakry y el arzobispado ofrecieron asistencia psicológica, médica y económica a las personas heridas, a las familias que perdieron un ser querido”, agregó el Duteil, señalando que el trabajo más importante y a largo plazo es el de volver a crear un clima positivo entre los distintos grupos religiosos y étnicos que viven en la capital.

Por iniciativa de la comisión nacional de Justicia y Paz de la Conferencia Episcopal guineana, 200 jóvenes (100 cristianos y 100 musulmanes) visitaron el vienes 98 barrios de Conakry para realizar, en las iglesias y las mezquitas, un llamamiento a favor del diálogo interreligioso, entendido como el único instrumento para superar heridas y diferencias.

“Desde luego la información, a menudo fraccionada, difundida por distintos medios occidentales no nos está ayudando en este difícil recorrido de rehabilitación. Por el contrario, nos encierran todavía más en nuestro sufrimiento”, dijo el padre Armel, de 70 años de edad, criticando también el análisis propuesto por los grandes medios sobre la represión del 28 de septiembre. “Atribuyendo la responsabilidad de la represión sólo a la dirigencia, y en particular al capitán Moussa Dadis Camara, los medios en realidad están sirviendo a los intereses económicos de algunas potencias occidentales y de multinacionales, que no pretenden renunciar a contratos millonarios firmados por el ex presidente Lansana Conté (en el sector de la bauxita, el hierro y el oro), y que el nuevo poder pretende rescindir, visto que no son favorables para el país”.

Según el misionero, “detrás de opiniones políticas en nombre de los derechos humanos, como en este caso, se esconden intereses económicos”.

El sacerdote señaló que entre los jefes de la oposición hay ex ministros de Conté corruptos e implicados en la firma de contratos con irregularidades. “El episodio del 28 de septiembre se inserta nuevamente en la historia del país, hecha con golpes de estado y con violentas represiones de parte de las fuerzas del orden (en el 2006 y el 2007), que no dudan en disparar a la multitud. Tres son los problemas que nunca han sido resueltos: la impunidad, la corrupción y la falta de control sobre el ejército”.

La toma del poder por parte de una junta militar y las primeras declaraciones de Camara fueron tomadas con prudencia por la comisión Justicia y Paz, que veía en la dinámica de los hechos del 28 de diciembre el golpe de Estado de 1984 y las promesas del ex presidente nunca cumplidas. “Para una verdadera reconciliación pedimos que se arroje luz sobre la violencia del 28 de septiembre, así como sobre los hechos de 2006 y de 2007. Si no nunca habrá paz ni justicia ni resarcimientos a favor de las víctimas, para llegar a una verdadera unidad nacional. Cada uno debe asumir su propia responsabilidad. Los guineanos piden una transición sólida, y en perspectiva, la llegada de una verdadera democracia, pero los intereses internacionales deben quedar fuera del juego”, concluyó el misionero.

Fuente: Mundo Negro Digital

Dar cuando más cuesta


No des lo que te sobra, da con alegría y hasta que te duela.
Madre Teresa de Calcuta.

Cuando yo era adolescente, en cierta oportunidad estaba con mi padre haciendo fila para comprar entradas para el circo. Al final sólo quedaba una familia entre la ventanilla y nosotros. Esta familia me impresionó mucho.

Eran ocho hijos, todos probablemente menores de 12 años. Se veía que no tenían mucho dinero, la ropa que llevaban no era cara, pero estaban peinados y limpios. Los chicos estaban muy bien educados, todos se encontraban muy bien portados en fila, formados de a dos en dos detrás de sus padres, tomados de la mano.

Hablaban con excitación de los payasos, de los elefantes y otros números que verían esa noche. Se notaba que nunca antes habían ido al circo. Prometía ser un hecho sobresaliente en sus vidas. El padre y la madre estaban de pie, orgullosos delante del grupo. La madre, de la
mano de su marido, lo miraba como diciendo: Eres mi caballero de brillante armadura; él sonreía, henchido de orgullo y mirándola con mucho amor…

La empleada de la ventanilla preguntó al padre cuántas entradas quería , él respondió con orgullo: Por favor, déme 8 de niños y 2 de adultos. La empleada le indicó el precio total de las entradas; la mujer soltó la mano de su marido y ladeó la cabeza; el labio del hombre se torció, se acercó de nuevo a la ventanilla y preguntó: ¿Cuánto dijo?

La empleada volvió a decirle el precio. ¿Cómo iba a darse la media vuelta y decirle a sus hijos que no tenía suficiente dinero para entrar al circo?

Viendo lo que pasaba, mi papá sacó un billete de 20 dólares y lo tiró al suelo (nosotros no éramos para nada ricos). Mi padre se agachó, palmeó al hombre en el hombro y le dijo: Señor, se le cayó esto de su bolsillo.

El hombre se dio cuenta de lo que pasaba. No había pedido limosna pero sin duda apreciaba la ayuda en una situación desesperada, angustiosa e incómoda. Miró a mi padre directamente a los ojos, con sus dos manos y con labios trémulos y una lágrima rodándole por la mejilla, replicó: Gracias, gracias señor, esto significa mucho realmente para mi familia y para mí.

Papá y yo volvimos al auto y regresamos a casa. Esa noche no fuimos al circo pero no nos fuimos sin nada…

Fuente: Churchforum

Medicamentos solo para ricos


La Unión Europea dificulta el acceso a medicamentos básicos a 2.000 millones de personas en países en vías de desarrollo. Además, pone trabas comunitarias a la exportación de fármacos genéricos, según un informe presentado por las ONG Oxfam Internacional y Health Action International (HAI).

La política comercial de la UE de encarecer el acceso a los medicamentos tiene un efecto devastador en la economía de los países empobrecidos, que gastan entre el 20% y el 60% de sus presupuestos sanitarios en la compra de fármacos” destacan las ONG.

Así, la comunidad europea “contradice sus compromisos” para alcanzar los Objetivos del Milenio y vulnera los acuerdos de la Organización Mundial del Comercio (OMC), afirmó, Elise Ford, la asesora jurídica de la oficina europea de la ONG Oxfam.

Los ’27’ están aumentando la presión legal sobre los países pobres al aplicar “normas de propiedad intelectual cada vez más estrictas a las exportaciones de medicamentos genéricos a dichos estados”, explicó Ford. “La UE está imponiendo sus estándares de propiedad intelectual al resto del mundo a través de los acuerdos de asociación comercial con terceros países”.

Como caso concreto, el informe destaca la situación que vive Bolivia que abandonó las negociaciones para un acuerdo de unión entre la Unión Europea y la Comunidad Andina de Naciones (CAN), incluyendo aspectos políticos, de cooperación y comerciales, principalmente por sus reticencias sobre las normas de propiedad intelectual que La Unión quería incluir.

La Unión decidió entonces seguir negociando únicamente para alcanzar un tratado de libre comercio , que afecta exclusivamente a cuestiones comerciales, con Colombia, Perú y Ecuador.

Las ONG acusan a los ’27’ de favorecer los intereses comerciales de las compañías farmacéuticas europeas y de causar un “grave daño” a la sanidad pública de los países menos favorecidos.

En reacción a las conclusiones del informe, la Comunidad Europea “negó el impacto negativo” de las políticas comerciales europeas sobre medicamentos y destacó que éstas “promueven la competitividad de la industria europea”, según dijo Sophie Bloemen, responsable de la oficina de HAI ante la UE.

Fuente: Ciudad Redonda