NUESTRO MINUTO DE SABIDURIA – XIX



Mientras esperas el cielo, no te olvides que la tierra te espera a ti.

Permanece con los pies fijos en la tierra, y con la cabeza elevada al cielo. Mejora el camino que recorres, haciéndolo más confortable para los que siguen tus huellas. Trabaja con las manos, da consuelo a los tristes, enjuga las lágrimas de los que lloran..Tú no puedes caminar solo. Ayuda a todos los que andan a tu lado con el mismo objetivo: la perfección.

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¡Haz todo con amor! Todo lo que se hace sin amor, que mal hecho y tiende a desaparecer. Solo el amor construye obras eternas y penetra profundamente en el corazón de la humanidad, porque solo el amor es bueno. Todo lo que no es amor es negativo. Haz todo con amor, porque Dios es amor. Cuando las personas logren hacer todo con amor, sabrán lo que es salud y felicidad.

Fuente:Minuto de Sabiduría de C. Torres Pastorino (219 y 259)

El consejo de Cristo a Marta


La invita a tomarse la vida de otra forma, a respirar, a vivir serenamente, a preocuparse más de las cosas del espíritu

Encontramos a esta figura en S. Lucas 10, 38-42.

Yendo Jesús de camino, pasó por un pueblo. Parece que Jesús siempre va de paso, pero siempre va por algo, siempre nos enseña algo. En ese pueblo una mujer llamada Marta lo acoge en su casa. Mientras ella trajina para atender lo mejor posible a aquel huésped tan ilustre, una hermana suya, llamada María, se coloca a los pies de Cristo para escucharle. Marta se impacienta y le reclama a Cristo la tranquilidad de su hermana. Cristo aprovecha aquella situación para decirle a Marta con enorme cariño que en la vida realmente sólo hay una cosa importante y que María ha elegido lo mejor. La confianza que trasmite esta escena indica que la amistad de Cristo con aquellas hermanas era total. El Señor debió pasar muchos momentos con aquellos hermanos. Después nos contará el Evangelio que realizará con Lázaro uno de los milagros más grandes de los que realizó. En esta escena podemos descubrir cómo la vida humana tiene un sentido y cuál es realmente ese sentido.

¿Cuál es el sentido de la vida humana? Es ésta una pregunta que todos nos hacemos cuando vemos que no podemos lograr todo lo que queremos, cuando vemos que muere una persona en el inicio mismo de su vida, cuando contemplamos el sufrimiento de tantos seres humanos por culpa del egoísmo de los hombres, cuando vemos la desesperación de tantas personas ante el sufrimiento propio o de un ser querido. Y la realidad es que no podemos aceptar que todo se reduzca a nacer, vivir si es que se puede llamar vivir a muchas vidas, para terminar en la nada. El ser humano debe tener un fin más allá de las cosas que hace o que ve.

Marta representa para nosotros una forma de vivir. “Marta, Marta, te preocupas y te agitas por muchas cosas; y hay necesidad de pocas, o mejor, de una sola”. Impresiona el cariño de Jesús por aquella mujer que se desvivía por atenderle y procurarle bienestar. El hecho de repetir dos veces su nombre es señal de cariño, de ternura y de reconocimiento a su labor. Pero Jesús quiere prevenirla contra un gran escollo de la vida: el vivir sin más, el irse tragando los días sin ver en el horizonte, el hacer muchas cosas, pero no preocuparse de lo más importante.

Marta es el símbolo de una humanidad que ha dado prioridad al hacer o al tener sobre el ser, a la eficacia sobre lo importante, a la inmanencia sobre la trascendencia. Marta somos cada uno de nosotros cuando en el día al día decimos: “No tengo tiempo para rezar”. “No tengo tiempo para formarme”. “No tengo tiempo para pensar”. “No tengo tiempo para Dios”. Basta asomarse a la calle y a las casas para ver cuánto se hace, cómo se corre, cómo se vive. Pareciera que estamos construyendo la ciudad terrena o que hubiera que terminar cada día algo que mañana hay que volver a empezar.

El consejo de Cristo a Marta, santa después al fin y al cabo, está lleno de afecto, de afecto del bueno. La invita a tomarse la vida de otra forma, a respirar, a vivir serenamente, a preocuparse más de las cosas del espíritu. Ahí va a encontrar la paz y la tranquilidad. Le enseña a construir el presente mirando a la eternidad, pues así aprenderá el verdadero valor de las cosas. Sin duda, Marta aprendió aquella lección y, sin dejar de ser la mujer activa y dinámica que era, en adelante su corazón se aficionó más a lo verdaderamente importante. Marta, por medio de Cristo, había comprendido que la vida tiene un sentido, que el fin del hombre está por encima de las cosas cotidianas.

 

 

¿Estás listo?‏

Cuando estemos frente a Dios, nos dará más satisfacción haber perdonado que haber partido narices.

¿Cómo moriré? ¿Quizás en un accidente? ¡Dios me libre! ¿De viejo? ¿En un hospital con un cáncer galopante marchitando mis células?.
¿Y tú?

Es un misterio el cómo y el cuándo moriremos, tienes razón. Lo único que conocemos con certeza es que –tarde o temprano– nuestro tic-tac del corazón se parará. Y nos encontraremos de frente a nuestro Creador para rendirle cuentas. En esos momentos nos dará más satisfacción haber perdonado que haber partido narices, haber ido a misa que haber asistido a cien conciertos; haber sido obediente que habernos salido con la nuestra; habernos confesado que… Ese día –el día de mi muerte y de la tuya– de nada nos servirá nuestras colecciones de revistas, de camisas, de llaveros, de cd’s. De nada nos servirá haber ido al gimnasio y tener el cuerpo lleno de bolas si no cumplimos la misión que Dios nos encomendó. Ese día brillarán como diamantes las ocasiones en que hicimos el bien sin recibir nada a cambio, o cuando oramos con Dios, aunque no sintiéramos gorgoritos en el estómago. La muerte será tu y mi inicio o tu y mi final. Depende de nosotros.

Autor: P. Gustavo Aguilera | Fuente: Catholic.net

La Cruz es triunfo de Jesús por ti‏


Jesús conoce el corazón humano, sabe de qué estamos hechos y nos ayuda en todo lo que necesitamos.

¿Tu crees que la cruz de Jesús es un fracaso?

Si Dios quiere satisfacer el anhelo de amor del hombre con un Pacto de Comunión en el amor, la cruz ya es triunfo. Porque a pesar de la traición, de las negaciones, del abandono de sus discípulos, del sufrimiento físico, moral y espiritual, Jesús sigue ofreciendo su amistad y persiste en su voluntad de consumar este pacto y de sellarlo con su propia sangre, y se entrega entero por sus amigos y también por sus enemigos. Jesús no ofrece su amistad solamente en las buenas, en la prosperidad, en un momento de satisfacción. Jesús ofrece un Pacto de Comunión en medio de la persecución de sus enemigos, y de la traición y negación de sus amigos, por eso la cruz es triunfo. Jesús conoce el corazón humano, sabe de qué estamos hechos y sigue adelante. Jesús vence el miedo de perder todo porque ‘ser’ es más importante que ‘tener’, y Él ‘es’ el Hijo de Dios y cuenta con el amor incondicional del Padre. Jesús siente más miedo que Pedro, pero el miedo no lo domina, su voluntad de juntarnos, rompiéndose entero, es más fuerte que el miedo y que la infidelidad de aquellos que se llenaban la boca diciendo que morirían por Él como el mismo Pedro. A cualquiera de nosotros las dificultades, la agresión, el desprecio, nos hacen un hueco en el corazón, por donde se nos va la fuerza y el sentido de la vida, y nos entra el resentimiento. Pero Jesús sigue adelante, y entrega su vida por sus amigos y también por sus enemigos. Por eso la cruz ya es un triunfo del Amor de Dios, el triunfo de la fidelidad al pacto ofrecido por sobre la infidelidad del hombre.

Autor: Guillermo Ortiz, S.J. | Fuente: Catholic.net