34. El himno incomparable al Amor. ¡Ese capítulo trece!


¿De qué amor ha hablado Pablo hasta ahora? ¿Del amor a Dios, o del amor al hermano? De los dos en uno solo.

Tenemos muy presente la última palabra que nos dirigió Pablo. Después de habernos hablado de tantos carismas, nos lanzaba el guante:

- ¿Les señalo otro carisma mejor? ¿Lo quieren recoger? ¿Quieren amar mucho?…

Muy bien. Sin embargo, hoy no vamos a comenzar con Pablo, sino con una criatura de nuestros tiempos por demás querida: Teresa de Lisieux, más conocida como Santa Teresa del Niño Jesús.

Jovencita, y encerrada en un convento de clausura, quería tener todos los carismas, todos los dones, todas las vocaciones. Eso era imposible, naturalmente. En su preocupación, tomó la Biblia, le salió San Pablo, y… dejémosle que nos lo cuente todo ella misma:

“Durante la oración abrí las epístolas de San Pablo y se me ofrecieron ante los ojos los capítulos 12 y 13 de la primera carta a los Corintios. Leí allí que no todos pueden ser apóstoles, profetas, doctores y demás…, que la Iglesia está compuesta de diferentes miembros, y que el ojo no puede ser, al mismo tiempo, la mano.

“La respuesta era clara. Yo no podía tener todos los carismas.

“Proseguí la lectura y esta frase me llenó de gozo: ‘Busquen con ardor los dones más perfectos; y yo les voy a mostrar el camino más excelente’.

“Y el Apóstol explica cómo todos los otros dones, sin el Amor, no son nada…
“Comprendí que el Amor encierra todas las vocaciones, que el Amor lo es todo, que abarca todos los tiempos y todos los lugares, en una palabra, ¡que es eterno!…
“Entonces, en un exceso de alegría delirante, exclamé: ¡Jesús, por fin he hallado mi vocación! ¡Mi vocación es el Amor!”.

Estemos seguros de que Pablo no ha encontrado un comentarista como esta muchacha, cuyas palabras son a estas horas inmortales.

Con amor, todos los carismas del Espíritu Santo son joyas valiosísimas, tanto para la Iglesia, que es su destinataria, como para quien ha recibido el carisma. Sin el amor, del que Pablo nos quiere decir hoy algo, todo es pura palabrería y vaciedad.

Hay que ir ya a Pablo, que en la página del capítulo trece de la primera carta a los de Corinto se ha mostrado genial como nunca.
Este canto al amor es lo más sublime que se ha escrito y entonado en el mundo, y constituye a la vez una de las páginas más grandiosas de la Biblia.

Les viene a decir a los de Corinto:

- Se ven ustedes enriquecidos como ninguna otra comunidad con dones sin cuento del Espíritu Santo: ¡qué profetas, qué obradores de milagros! ¡hay que ver cómo hablan en otras lenguas!…

Los corintios podían sentirse halagados con estas palabras. Pero sigue Pablo:

- Sin embargo, están en los principios. Todos esos carismas que los engolosinan no valen para nada en comparación del que ahora les voy a mostrar: ¡el amor! El amor vale más que todos ellos juntos.

Pablo se presenta como si tuviese todos los carismas, para decir:

“Aunque yo hable las lenguas de todos los hombres y de los mismos ángeles, si no tengo amor soy como un bronce que suena o como un címbalo que aturde.
“Aunque tenga el don de profecía, y conozca todos los misterios y toda la ciencia; aunque tenga tanta fe que sea capaz de trasladar montañas, si no tengo amor, no soy nada.
“Aunque reparta todos mis bienes en beneficencia, y aunque entregue mi cuerpo a las llamas como un mártir, si no tengo amor, no me aprovecha nada”.

Al dictar Pablo estas palabras a su secretario no hace sino dejar hablar a su corazón arrebatado. Sin ser poeta ni versificador, Pablo estalla en un verdadero himno como tantos de la Biblia, pero superior a todos ellos. Hasta literariamente es una obra maestra.

De esta introducción tan elevada sobre el Amor – el amor a Dios en especial -, desciende ahora Pablo al comportamiento del amor fraterno, al parecer rutinario y trivial, pero con observaciones llenas de prudencia y de un valor psicológico extraordinario.
¿Cómo es el amor verdadero?… Y nos dice:

“El amor es paciente, es amable;
“el amor no es envidioso, ni busca aparentar;
“el amor no se engríe, ni actúa con bajeza;
“el amor no busca su interés, ni se irrita;
“el amor no guarda recuerdo de las ofensas, sino que las perdona;
“el amor nunca se alegra de la injusticia, sino que se alegra con la verdad.
“El amor todo lo excusa. Todo lo cree. Too lo espera. Todo lo soporta”.

¿De qué amor ha hablado Pablo hasta ahora? ¿Del amor a Dios, o del amor al hermano?
De los dos en uno solo. Porque para Pablo no hay dos amores, sino uno solamente.
Con el único amor de Dios ─el cual ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que se nos ha dado─, amamos a Dios y amamos a los hermanos.

Después de enumerar Pablo las cualidades del amor que se tiene a los demás, se eleva en su himno a las mayores alturas. Todos los carismas pasarán, todos desaparecerán.

La FE, ¿para qué, si lo estaremos viendo todo?…

La ESPERANZA, ¿para qué, si lo tendremos todo en la mano sin poderlo ya perder?…

No quedará sino la CARIDAD, el amor.

“Ahora tenemos tres cosas: la fe, la esperanza, el amor. De las tres, la mayor de todas es el Amor”.

¡De qué manera nos ha metido Pablo en la eternidad de Dios!

En Dios lo veremos todo.

En Dios lo tendremos todo.

Metidos en la hoguera infinita del amor de Dios, amaremos a Dios con su mismo amor; nos amaremos todos, ángeles y hombres, con amor intensísimo, ardiente y puro; y amaremos todas las cosas, transformadas en morada digna de los hijos de Dios.

¿Qué dijeron los Corintios al leer este himno de Pablo?

No lo sabemos. Lo que sí sabemos es que la Iglesia – leyendo y releyendo sin cesar esta página incomparable de Pablo- ha valorado el Amor sobre todos los carismas habidos y por haber.

El sentido común de todos, hasta de los que están lejos de nosotros, coloca en los primeros puestos de la fila a Teresita ─la jovencita que no hizo nada metida en un convento de clausura─, a la Madre Teresa y a todos los que las acompañan…

¡El Amor! ¡La Caridad!…

Dios, al ser amor, actúa siempre con amor.
Y el hombre más completo y la mujer más perfecta no se encuentran entre los qué más lucen, sino entre los que más aman.
En la Iglesia tenemos la idea muy clara: la persona que más vale es la que más ama…

  • Preguntas o comentarios al autor P. Pedro García Cmf

  • Autor: P. Pedro García Cmf | Fuente: Catholic.net

    33. El Espíritu en acción. Los carismas del Espíritu Santo

    Al Espíritu Santo no le ata nadie la mano y prodiga sus dones en abundancia insospechada.

    Era en una reunión de líderes católicos, y llevaba la batuta, como siempre, el amigo Miguel, que dijo con desenfado al final:

    - ¿Para qué Dios me dio buen oído y he aprendido música? Viviré y moriré tocando y dirigiendo el canto en el culto. Éste es mi servicio a la Iglesia de Dios. Ustedes saben que así la he servido siempre. El día en que no lo haga, mándenme fuera, y que Dios se me lleve pronto. Si no “sirvo”, ¿para qué estoy en el mundo?…

    Unas palabras muy sencillas, pero que todos entendimos muy bien. Miguel empleaba intencionadamente la palabra “servir”, de un significado tan hondo en la Iglesia desde los tiempos de San Pablo. ¿Y queremos saber cuál era el servicio de Miguel en la parroquia? ¡Director del coro!… A esto se reducía toda su acción.

    Sin embargo, no podía Miguel expresarse mejor. Dotado singularmente para la música, no faltó nunca en una función ante las teclas del órgano y al frente de los cantores. Un ensayo, una celebración, eran para él tan importantes como la mujer y los hijos. Vivía con profunda convicción lo del apóstol San Pedro:

    “Que cada cual ponga al servicio de los demás la gracia que ha recibido, como buenos administradores de las diversas gracias de Dios. Si alguno habla, sean palabras de Dios; si alguno presta un servicio, hágalo en virtud del poder recibido de Dios, para que Dios sea glorificado en todo por Jesucristo, a quien corresponden la gloria y el poder por los siglos de los siglos” (1Pe 10-11)

    Fuera de San Pablo, que habla de los “carismas” tan abundantemente, nadie en el Nuevo Testamento los ha mencionado sino el apóstol San Pedro con esas palabras que hemos escuchado, tan acertadas, tan estupendas, tomadas indiscutiblemente de su colega Pablo.

    Hoy en la Iglesia hablamos mucho de los carismas. Es algo que está felizmente de moda y que hace tanto bien. Porque ha despertado la conciencia en muchos cristianos de que los dones que se han recibido de Dios hay que ponerlos a disposición de todos.

    No todos valemos para todo. Pero todos valemos para algo. Y puesto al servicio de los demás aquello para lo cual cada uno vale, es cuando todo el Pueblo de Dios está perfectamente servido y camina con facilidad y alegría hacia el Señor.

    Pasamos sin más a San Pablo, y nos preguntamos: ¿Qué son, y cuántos son los carismas en San Pablo?

    Para el Apóstol, carismas son esos dones o gracias, cualidades o aficiones, que Dios da a cada uno para que los pueda poner al servicio de los demás. Y cita dos o tres listas en las tres cartas a los de Corinto, Roma y Éfeso (1Co 12-14; Ro 12,3-8; Ef 4, 11-12)

    Cita, entre otros, los siguientes carismas como más significativos:

    Sabiduría y ciencia, con las que se penetra en los misterios de Dios y se saben exponer.

    Fe entusiasta, capaz de emprender obras grandes fiados sólo en Dios.

    Curaciones y milagros, para sanar enfermos.

    Profecía es el don de enseñar y predicar para edificar, exhortar y consolar.

    Discreción de espíritus, que ve en las almas y capacita para dar consejos acertados.

    Apostolado y evangelización, para difundir la fe y hacer conocer al Señor.

    Pastoreo y gobierno, propio de los que Dios elige y pone al frente de la Iglesia.

    Doctorado, que enseña con gran competencia la doctrina de Dios.
    Revelaciones de misterios o verdades de Dios para bien de la Iglesia.

    Ejercicio de la misericordia, con tantas obras a favor de los necesitados.

    Caridad, que reparte los propios bienes.

    Como se ve, son muchos y se pueden añadir otros y otros. Al Espíritu Santo no le ata nadie la mano y los prodiga en abundancia insospechada.

    Sin embargo, ¿qué es lo que ocurría en tiempos de Pablo, en las Iglesias que él había fundado, y lo que ha ocurrido hoy en las asambleas carismáticas?

    Pues, una equivocación que Pablo se encargó de aclarar. Se entusiasmaron los cristianos con carismas llamativos, como el don de lenguas, que era el menos importante.

    Valían mucho más otros carismas menos espectaculares y que se ejercitan con mucha humildad, como el ejercicio de la caridad o misericordia y el servicio en las cosas materiales de la Iglesia.

    Para Pablo, era un carisma muy bueno la profecía, o sea, el hablar, predicar o enseñar de parte de Dios las verdades de la fe, que instruyen, edifican, exhortan y reparten consuelo. Como lo es también el carisma de gobierno, tan propio de los pastores y de quienes dirigen grupos o comunidades.

    Estos dones y gracias no son de santificación personal, sino de servicio social y eclesial. Se emplean y se ejercen para bien de los demás. El que los ejerce se santifica por el amor a Dios y al hermano con que los realiza.

    Ponemos un ejemplo que vale por muchas explicaciones: el de la catequista que enseña a los niños la doctrina cristiana.

    La catequista desempeña un carisma extraordinario y magnífico. El fruto es todo para los niños a los que ilustra y forma y lleva hacia Jesús. Y ella, ¿no gana nada para sí misma? Con el carisma, no. Pero crece mucho en santidad y en mérito para la gloria, por el amor a Dios, a la Iglesia y a los niños con que lo ejercita.

    El Espíritu Santo reparte los carismas para bien de todos. A unos les da unos y a otros les da otros. Y entre los carismas de todos se llega a conseguir el bien de la Iglesia entera.

    ¡Qué rica es la Iglesia con tanto carisma como el Espíritu reparte entre sus miembros!

    Unos carismas son extraordinarios, como el de Karol Wojtyla para convertirse en Papa Juan Pablo II, o el de Margarita María para ver al Corazón de Jesús y enseñar su devoción.

    Otros carismas son bien ordinarios, como el del amigo Miguel, para dirigir con amor el coro de la parroquia.

    Pero todos son y sirven para hacer que la Iglesia crezca en santidad ante Dios y aparezca ante el mundo como la esposa privilegiada de Jesucristo.

    Pablo intuyó esto como nadie; y él, que estaba cargado de carismas, pudo decirnos:

    - Ponga cada uno al servicio de la Iglesia sus cualidades.

    ¡Aspiren a tener los mayores carismas!
    Y háganme caso cuando les enseñe yo el camino mejor: ¡Amen! ¡Tengan un corazón abrasado en amor! Que con mucho amor dentro, harán maravillas…

  • Preguntas o comentarios al autor P. Pedro García Cmf
  • Autor: P. Pedro García Cmf | Fuente: Catholic.net

    El edificio del matrimonio

    Por Antonio Rivero
    arivero@legionaries.org | Fuente: Aci

    Quiero comparar el matrimonio a un gran edificio que se va construyendo día a día, minuto a minuto, segundo a segundo. El día del casamiento se pone el primer ladrillo. Y el día de la muerte, el último.

    Del esposo y de la esposa, junto con los hijos, depende:

    · La solidez de ese edificio.
    · La belleza de ese edificio.
    · La luminosidad de ese edificio.
    · La limpieza de ese edificio.
    · La altura de ese edificio.

    1. Solidez del edificio

    ¿De qué depende la solidez del edificio matrimonial?

    De los cimientos y columnas. La solidez de una casa no depende de los cuadros que colgamos en la pared, ni de la antena parabólica, ni de la hermosa chimenea que hermosea y calienta el rincón de nuestra casa. Para que un matrimonio sea sólido, resistente a todos los vientos, huracanes y sismos, es necesario que tenga unos cimientos bien sólidos, graníticos, macizos.

    ¿Cuáles son esos cimientos y columnas sólidos y macizos en el matrimonio?

    La piedad, esa virtud hermosa que reúne a toda la familia en torno a Dios todos los domingos, que junta todos los días a padres e hijos junto a un cuadro o una imagen de la Virgen a quien rezan un poco. La piedad es la que mueve a esa familia a bendecir los alimentos antes de las comidas.

    La fe es otro cimiento y columna sólida en el matrimonio. La fe que les permite ver todas las cosas que les ocurren a la luz de Dios, es más, ven la mano de Dios en todo. La fe les hace superar las crisis y posibles vaivenes de la vida.

    El amor es una columna sin la cual el edificio del matrimonio se derrumba. El amor como entrega, sacrificio, donación, capacidad de comprensión y bondad.

    La fidelidad no puede faltar como cimiento que sostiene toda la casa matrimonial. La fidelidad a la palabra dada. La fidelidad al otro cónyuge. Fidelidad a los deberes del propio estado. Fidelidad en la prosperidad y en la adversidad, en la salud y en la enfermedad.

    Y sacrificio, como cimiento macizo del edificio matrimonial. ¿Qué es el sacrificio? Es ese saber sufrir, soportar, aguantar todos los contratiempos de la vida. Ese poner buena cara a lo que nos cuesta o nos desagrada. La vida matrimonial y cualquier vida humana está llena de sacrificio, porque el sacrificio es ingrediente del devenir humano. Es el sacrificio el que nos hace madurar y va quitando de nosotros esas actitudes egoístas y caprichosas.

    Si estos son los buenos y sólidos cimientos, ¿cuáles serían los cimientos débiles, de paja, de barro? Los gustos, los caprichos, el egoísmo, la indiferencia religiosa.

    2. Belleza del edificio

    La belleza de una casa depende del buen gusto en las dimensiones, proporciones, simetría.

    Y la belleza de un matrimonio, ¿de qué depende? Del amor. El amor es el que embellece al matrimonio, le da sus perfiles hermosos, permite la serenidad en cada rincón de casa, hace sonreír a padres e hijos.

    ¿Qué es el amor? Es difícil definir el amor, pues el amor no es para explicar. El amor es para vivir, para dar, para recibir. El amor es esa fuerza interior que me hace salir de mí mismo para darme a los demás, para entregarme a mi amado, sin buscar compensaciones, sin obligarle ni forzarle a que me ame. El amor es saber callar los defectos del otro, salir al encuentro del otro cuando lo necesita, es ofrecerme al otro, perdonar al otro, comprender al otro, ofrecerle limpiamente mi cariño. El amor exige una buena cuota de desprendimiento personal, de sacrificio y de renuncias por la persona a quien amo.

    ¿Por qué el amor embellece el edificio matrimonial? Porque va quitando aristas que sobran, puliendo superficies rugosas, limpiando azulejos sucios, empapelando con buen gusto paredes descarapeladas o en mal estado. El amor se fija en el detalle bello del ramo de flores para la esposa, en ese dejar la ropa olorosa al esposo. El amor es el perfume del hogar. El amor es afecto, es decir, ternura, acercamiento cariñoso al estado anímico del otro. El amor es amistad, es decir, quiere el bien del otro y une las personas. El amor no se empolva. El amor verdadero embellece el hogar. El amor hace crecer sanos física y psicológicamente a los hijos. El amor rejuvenece al matrimonio.

    La falta de amor afea el matrimonio, desteje el paño familiar, raya las escaleras que hermosean la casa, quiebra las lámparas colgantes, ensucia las alfombras de los recibidores y exhala un mal olor en toda la casa. La falta de amor provoca las discusiones, hace subir el tono, hiere los sentimientos de las personas a quien más deberíamos amar. La falta de amor distancia los corazones, las almas y los cuerpos. La falta de amor descuida los detalles y le hace a uno ser grosero. La falta de amor envejece al matrimonio.

    El amor es fuego que calienta esa casa. La primera que lo enciende es la madre, que es el corazón de la familia y es la primera en levantarse. Ese fuego que el marido, el papá, debe mantener a lo largo del día, desde su trabajo, llamando por teléfono a su mujer, trayendo a casa siempre y todos los días, algo de leña para alimentar ese fuego del amor en el hogar. ¡Que no traiga el cubo de agua de sus disgustos, para echarlo encima y apagar ese fuego! Ese fuego del que se alimentan los hijos, les hace crecer sanos, física, psicológica y espiritualmente. Este fuego hay que colocarlo en el centro del hogar y desde ahí se irradiará a todos los rincones. Ese fuego se alimenta cada día con la piedad, el rezo en familia, la devoción mariana.

    Que no pase un día sin alimentar y acrecentar ese fuego con la oración en familia. A veces cuesta encender ese fuego en los hogares, sobre todo, si se dejan todas las puertas y ventanas abiertas a todos los aires, o se cuela el hielo del invierno y de la indiferencia. ¡Familias, enciendan el fuego del amor durante su vida, poniendo cada uno la leña del sacrificio que han ido consiguiendo a base de esfuerzo y trabajo! ¡Defiendan ese fuego, aunque tengan que quemarse las manos y el corazón! Sin el fuego del corazón, se destruye el hogar, la familia, los matrimonios, todo.

    3. Luminosidad del edificio

    ¿De qué depende la luminosidad de una casa? De los ventanales. Una casa sin ventanas al exterior se convierte en una casa lúgubre, oscura y propensa a la humedad.

    Lo mismo en el matrimonio. La luminosidad en el matrimonio depende de los grandes ventanales. ¿Para qué los grandes ventanales? Los grandes ventanales permiten airearse todos los rincones de la casa, para que no se acumulen los malos olores. Los grandes ventanales permiten la entrada de luz al hogar…y entrando la luz mueren las bacterias, la humedad, los hongos. Entrando la luz, se puede percibir mejor el polvo y las cosas sucias, y así poder limpiarlas, barrer bien todo. Los grandes ventanales permiten descansar la vista y alargarla hacia los anchos horizontes, ver las necesidades del mundo y de los hombres. ¡Familias, construyan en sus hogares grandes ventanales!

    No para que dejen meter los malos aires que hoy soplan por ahí: el aire del egoísmo que quiere limitar los nacimientos por medios ilícitos, artificiales, porque –según dicen- “familia pequeña, vive mejor”; ¡esto es egoísmo!; el aire del hedonismo, que busca el placer por el placer mismo; el aire del consumismo, que prefiere una heladera o un nuevo apartamento, a un nuevo hijo; los aires de la emancipación y liberación de la mujer, a quien se le obliga trabajar fuera de casa todo el día “porque así se realiza mejor, profesionalmente”, pero nunca está en casa para educar a sus hijos, para convivir con sus hijos; los aires de matrimonios a prueba, mientras tanto, a ver si funciona; los aires divorcistas, separatistas, para hacerse un nuevo amigo sentimental.

    ¡Grandes ventanales para que entre el aire renovado del Espíritu que sopla donde quiere y trae aromas del cielo! ¡Grandes ventanales para que la brisa suave de la oración matutina y vespertina consuele a toda la familia! ¡Grandes ventanales para poder ver la Iglesia de nuestra zona y acordarnos de ir a misa en familia y rezar antes de las comidas, o ante una imagen de la Virgencita! ¡Grandes ventanales para ver lo mucho que sufren nuestros hermanos, los hombres, y poderles echar una mano!

    ¡Grandes ventanales como los de la casa de la Sagrada Familia, que era todo ventanal donde tanto María, como José y el Niño miraban a todos los hombres y se compadecían o los ayudaban!

    ¡Que no haya recovecos en nuestros hogares, puertas secretas y oscuras, teléfonos escondidos desde donde llamar a piratas que quieren destruir nuestro hogar, nuestra familia, nuestros hijos!

    Luminosidad en el matrimonio, y no mentira, falsedad, apariencia, infidelidad.

    4. Limpieza del edificio

    ¿De qué depende la limpieza del matrimonio? De los mil detalles de cada día. De quitar cada día lo que ensucie, ese polvo que cae casi sin percibirlo. De no dejar acumulada ropa sucia, ni arrinconada la basura. ¡Fuera!

    Limpieza en el dormitorio. Nada debe haber ahí que manche la intimidad del matrimonio. Limpieza de palabras, de gestos, de miradas. ¡Qué conversaciones tan limpias deberían hablarse ahí! La oración común en el dormitorio va limpiando a la pareja cada noche y la va fortaleciendo en sus vínculos.

    Limpieza en la mesa del comedor. Es la mesa la que va a unirnos varias veces al día a los miembros de la familia, para compartir el pan, las alegrías, las lágrimas, los proyectos. En la mesa se da el banquete familiar. Por eso, ahí debe haber limpieza suma. Allí en la mesa, nos miramos mutuamente, sonreímos, charlamos, disfrutamos de ese gozo de sabernos amados, queridos. En la mesa tenemos la oportunidad de practicar y crecer en muchas virtudes: apertura, respeto, servicialidad, moderación, generosidad.

    Sobre la mesa se pone el pan, las flores y el cariño. El pan que se parte, se reparte, se comparte. Las flores que adornan y embellecen la mesa familiar. Ahí se ofrece el cariño, que es esa corriente cordial que electrifica a todos los miembros y les permite el darse mutuamente, el abrirse, el comprenderse, el perdonarse. En la mesa hay que evitar el discutir, el pelearse, el encerrarnos en nosotros mismos…., pues todo esto ensuciaría el amor del matrimonio e impediría una buena digestión, creando un clima de crispación y rivalidad.

    En la mesa hay que evitar el querer comer a solas, en un rincón, o después de todos…como islas…; así simplemente se corta con esa corriente afectiva y familiar, y se convierte uno en su misma casa en un huésped extraño que entra y sale. Ha convertido su casa en un hotel, o posada, donde se va a comer, a dormir, a tomar una ducha o a cambiarse de traje, cuando se quiere.

    Limpieza en la sala de estar. No permitir hablar mal de nadie, cuando vienen huéspedes o amigos. La sala de estar debe estar limpia de envidias, maledicencias, calumnias. La sala de estar debe tener siempre el florero lleno de flores olorosas: el buen humor, la benedicencia, el respeto, la jovialidad, la alegría. En la sala de estar no debe acumularse el humo de cigarrillos de la frivolidad y de la chabacanería. La sala de estar debe tener vista al patio o al jardín, para que allí se vea lo que se hace sin intenciones torcidas.

    Limpieza en el patio, porque ahí deben jugar los niños. Que haya árboles y columpios y jardín. Pero todo limpio. La limpieza ayuda a los hijos a oxigenarse, airearse y a crecer sanos.

    5. Altura del edificio

    La altura del edificio matrimonial depende de la generosidad en el amor fecundo, abierto a la vida. Dios dijo a la primera pareja de la historia, Adán y Eva: “Creced y multiplicaos”.

    Así como Dios es generoso con nosotros, así también los matrimonios deben ser generosos en transmitir la vida. ¡Qué hermoso es ver esas familias numerosas, donde los hijos alegran cada rincón de la casa! ¡Cómo se ejercitan en el cariño, en la donación, en la preocupación de unos por otros…cuando son muchos hermanos! Comparten todo, juegan juntos; las cosas pasan de hermano a hermano y de hermana a hermana; ¡qué lindo! También a veces se pelean, pero después se reconcilian. Si sólo hay un hijo en casa, ¿con quién juega, con quién comparte sus cosas, a quién sonríe, con quién se pelea, con quién hace las paces? No tiene hermanos. El niño que no tiene hermanitos es más propenso a la tristeza, al egoísmo, al aislamiento. Se le acorta el crecimiento afectivo y psicológico.

    Familias, sean generosas. ¡Amen, sean portadoras de amor, defiendan el amor, protejan el amor, den amor!

    Un pacto con Dios

    Artículos y reflexiones sobre la familia

    Asesinados dos sacerdotes jesuitas en Moscú

    MOSCÚ/ROMA, miércoles 29 de octubre de 2008 (ZENIT.org).- Dos sacerdotes jesuitas, uno de ellos de origen ecuatoriano, han sido asesinados en Moscú, según ha confirmado la curia general de la Compañía de Jesús.

    “El padre Víctor Betancourt, jesuita de Ecuador que trabajaba en el Instituto de Filosofía, Teología e Historia ‘Santo Tomás’ de Moscú ha sido asesinado en el domicilio de la comunidad el sábado 25 de octubre por la noche”, confirma la orden religiosa.

    “Al reentrar a la comunidad el lunes por la tarde día 27, después de un viaje al extranjero, el padre Otto Messmer, superior de la Región Rusa, ha sido asesinado en el mismo lugar”, sigue diciendo.

    “Al percibir su ausencia durante estos días, un compañero jesuita se dirigió al domicilio de la comunidad el martes 28 y se encontró con los cuerpos sin vida y con evidentes signos de violencia. Motivo por el que dio parte a la policía”, añade.

    “En estos momentos la policía desarrolla su investigación y no excluye ninguna hipótesis”, explica la curia general de los jesuitas.

    El padre Otto Messmer, ciudadano ruso, nació el 14 de julio de 1961 en Karaganda (Kazajstán), en el seno de una familia profundamente católica de origen alemán.

    Entró en la Compañía el 1 de septiembre de 1982 en Vilnius, fue ordenado sacerdote el 29 de mayo de 1988 en Riga y emitió sus últimos votos en Novosibirsk el 7 de octubre de 2001.

    Desde el 13 de octubre del 2002 era el superior de la Región independiente Rusa de la Compañía de Jesús. Dos hermanos jesuitas de Otto son monseñor Nicolás, obispo de Bishkek, en Kirguistán, y Hieronymus, que pertenece a la Provincia de Alemania.

    El padre Víctor Betancourt nació el 7 de julio de 1966 en Guayaquil, Ecuador. Entró en la Compañía el 14 de septiembre de 1984 en Quito y fue ordenado sacerdote el 31 de julio de 1997 en la misma ciudad. Hizo sus estudios en Argentina, Ecuador, Alemania e Italia. En Roma defendió su tesis de doctorado en Teología el año 2004. Desde el año 2001 formaba parte de la Región Rusa. Ha trabajado en pastoral vocacional y últimamente era Profesor de Teología en el Instituto Santo Tomás de Moscú.

    El padre Adolfo Nicolás, general de la Compañía, según explica la nota recibida por Zenit, “invita a todos los jesuitas a mostrar su ayuda, apoyo y solidaridad con los compañeros de la Región Rusa, puesta a prueba en este momento, y expresa su profunda proximidad con las familias de los compañeros muertos”.

    Asimismo, el superior jesuita “agradece las muestras de cercanía que ha recibido de la Iglesia desde el primer momento en que ha habido confirmación de la noticia”.

    El padre general “pide a toda la Compañía oraciones por el eterno descanso de los compañeros muertos y por el fin de toda violencia”.

    ¿Quienes somos los Jesuitas?

    Mas información: Zenit | Aciprensa | miamiherald

    32. ¡Aquí estás presente, Señor! Pablo sobre la Eucaristía‏


    ¡Hay para caer de rodillas solamente con escucharlo!… “¡Dios está aquí!”

    Dos protestantes norteamericanos se hallaban en una iglesia católica del norte de Italia. La señora, muy cristiana, acababa de perder a su esposo en el viaje, y, al no tener iglesia episcopaliana en la ciudad, iba al culto católico con la familia que la hospedaba cariñosamente.

    Aquel día en la Misa, al alzarse la Sagrada Hostia en la consagración, le dice con sorna el amigo que le acompañó sólo por caballerosidad:

    - ¿Te das cuenta? A eso llaman los católicos el Cuerpo de Cristo. Un simple recuerdo lo han convertido en el mismo Señor Jesucristo, y eso es lo que adoran.

    La joven señora calló. Pero empezó a discurrir, y contestó seriamente a su amigo:

    - ¿No está aquí Jesucristo? ¿Es la Eucaristía sólo un recuerdo? Entonces, ¿cómo dice San Pablo que el que comulga indignamente se hace reo del Cuerpo y de la Sangre del Señor?…

    El amigo se calló como un muerto y no supo qué responder.

    Aquí estuvo todo. La señora protestante, bellísima mujer y ahora viuda, se hizo católica con sus cinco hijitos; en la Iglesia Católica comulgó muchas veces, y hoy la veneramos en los altares como la primera norteamericana canonizada: Santa Elizabeth Seton.

    Mujer tan querida, nos pone hoy ante una página verdaderamente excepcional de San Pablo: los capítulos diez y once de la primera carta a los de Corinto. ¿Por qué es tan “excepcional” esta página? Porque nos narra, con una fidelidad asombrosa, la institución de la Eucaristía bastantes años antes de que lo hagan los Evangelios.

    Y lo hace Pablo con las mismas palabras que Marcos, Mateo y Lucas, sin ponerse para nada de acuerdo con ninguno de los evangelistas, y con esta monición previa:

    - Les transmito la tradición que recibí del Señor.

    Es decir: la verdad que Pablo nos narra la ha bebido inmediatamente en la fuente más pura, como eran los apóstoles testigos de la Última Cena, y los primerísimos cristianos de las Iglesias de Damasco y de Antioquía y de Jerusalén, en las que recibió al Señor al celebrarse la Fracción del Pan.

    Por eso dice: “¡Les transmití la tradición que yo mismo recibí del Señor!”.

    ¡Benditas palabras de Pablo, que borran en la Iglesia, independientemente de los Evangelios, cualquier duda acerca de la realidad de la Eucaristía!

    “Dios está aquí”, canta desde entonces la Iglesia, y lo seguimos cantando nosotros con la misma fe de Pablo, de los demás apóstoles, de nuestros primeros hermanos en la fe.

    Como los racionalistas no pueden negar las palabras de Pablo ni las pudo borrar Lutero, todos los que están fuera de la Iglesia, por más explicaciones que se les quieran dar, siempre chocan con la tremenda realidad que dice Pablo: Esto ES ni cuerpo, esta ES mi sangre.

    Si ES, nada vale el cambiar la palabra por otras que se inventan a montones:

    - Celebren esto; “figura” de mi Cuerpo…; hagan esto como “memoria” de mi cuerpo…; conserven esto como “recuerdo” mío…

    Es inútil hablar así: Pablo el primero, y los Evangelios después, escribieron nítidamente:

    “Esto ES mi cuerpo, esta Es mi sangre”. Y Juan, ya ancianito, transmite las palabras del mismo Jesús: “Porque mi carne ES verdadera comida, y mi sangre ES verdadera bebida”.

    Pero, vaya, hoy no vamos a salirnos del relato de Pablo.

    Los sacrificios ofrecidos a los ídolos le sirven como de introducción:

    - ¿No se dan cuenta de que nosotros ofrecemos el Cuerpo y la Sangre del Señor? ¿Cómo pueden entonces ustedes comer el Cuerpo y Sangre del Señor, verdadero sacrificio cristiano, a la vez que comen el sacrificio ofrecido a Satanás?… (10,14-21)

    Así, claro. El pan y el vino consagrados SON realmente el Cuerpo y la Sangre del Señor.

    Pablo pasa después a la institución de la Eucaristía, cargada de historia apostólica y de doctrina sublime (11,23-27). Sus palabras no tienen desperdicio alguno:

    “Yo he recibido del Señor lo que les he transmitido a ustedes: que el Señor Jesús, la noche en que era entregado tomó pan, y, después de dar gracias, lo partió, diciendo: Esto es mi cuerpo, el que se entrega por ustedes; hagan esto en memoria mía.

    “Igualmente, después de la cena, tomó el cáliz, diciendo: Este cáliz es la Nueva Alianza por la sangre mía; cuantas veces lo beban, háganlo en memoria mía.

    “Por lo mismo, cada vez que comen este pan y beben este cáliz, proclaman la muerte del Señor, hasta que venga.

    “Por lo cual, quien coma el pan y beba el cáliz del Señor indignamente, será reo del cuerpo y de la sangre del Señor”.

    ¡Hay para caer de rodillas solamente con escucharlo!… “¡Dios está aquí!”.
    Si sabemos analizar este párrafo grandioso, nos asombramos con cada palabra.

    “Yo lo he recibido del Señor”, dice. ¿Y quién se atreve a contradecir a Pablo?…

    “Después de dar gracias”, añade.
    Era el rito de los judíos sobre el pan que iban a comer. Gracias se traducía al griego por “eucaristía”. Y por “Eucaristía” conocemos en la Iglesia el máximo regalo de Dios.

    “Hagan esto”, dijo el Señor, y lo repite Pablo. Es decir: Hagan lo que Jesús ha hecho.
    Y lo que ha hecho Jesús es convertir el pan en su Cuerpo y el vino en su Sangre.

    “En memoria mía”, dijo también Jesús.
    Por poco hebreo que se sepa, “memoria” no es “recuerdo”, sino “memorial”.
    O sea: es la misma acción que hizo el Señor, repetida por los apóstoles y sus sucesores, a los que entonces consagraba Jesús sacerdotes en sucesión ininterrumpida a través de los siglos.

    “Hasta que el Señor vuelva”, añade Pablo.
    Hasta el fin del mundo seguirá la Iglesia repitiendo el gesto del Señor, mientras proclama su muerte y su resurrección.

    “Reo del cuerpo y de la sangre del Señor”, concluye Pablo con severidad.
    ¿Lo entendió bien Elizabeth Seton, la protestante, que se dio cuenta del error en que estaba y creyó después con toda su alma?…

    Su magnífico esposo, al enfermar gravemente, le pidió:

    - ¿No me puedes traer el recuerdo del cuerpo y la sangre del Señor?…
    La esposa querida le trajo un trocito de pan y una copita de vino:
    - ¡Tómalo! ¡Vete al cielo! ¡Jesús te espera!…
    Elizabeth hizo lo que entonces sabía.
    Después, católica, hubiera hecho más con el Pan consagrado.

    A nuestra fe en la Eucaristía se ha unido siempre la poesía más inspirada y más bella.
    “Una espiga dorada por el sol, el racimo que corta el viñador”…, cantamos.
    La naturaleza y el hombre se han unido para poner en manos del Señor lo más rico que produce la tierra y que saben fabricar nuestras manos:
    - ¡Toma, Jesús, este pan y este vino! ¿Qué vas a hacer con ellos?…, le decimos nosotros.
    Y nos contesta Él:
    - ¿Qué quieren que haga? Los amo mucho.
    ¡Tengan, coman, beban! Es el más rico manjar y la bebida más deliciosa que les puedo ofrecer en mi mesa. ¡Cómanme, que soy yo!…

  • Preguntas o comentarios al autor P. Pedro García Cmf
  • Autor: P. Pedro García Cmf | Fuente: Catholic.net

    Historia de la Salvación

    Autor: P. Pedro Herrasti | Fuente: Catholic.net


    Después de que Cristo abrió las puertas del cielo TU SALVACIÓN DEPENDE DE TI

    ¡HOLA! Muchas veces nos preguntamos: ¿Por qué y para qué me creó Dios ? ¿Cuál ha sido la historia del hombre? ¿Cómo ha actuado Dios con los hombres a lo largo de esta historia?
    ¿Qué es lo que creemos los católicos?
    El Catecismo de la Iglesia Católica nos da res
    puesta a todas estas preguntas.

    Esta vez, te vamos a platicar ¨ LA HISTORIA DE LA SALVACIÓN¨.

    LA HISTORIA DE LA SALVACIÓN

    1. Dios creo todas las cosas materiales como el campo, las flores, el cielo, el agua y los animales. Creó también todas las cosas espirituales como tu alma.

    2. El ser más perfecto que creó Dios fue el HOMBRE porque tiene cuerpo y alma. Alguna vez nos hemos preguntado: ¿Para qué nos creó Dios?

    Dios creó al hombre PARA QUE SE SALVE y viva toda la eternidad feliz en el cielo con El. Sin embargo, cada hombre es libre de portarse bien o mal en su vida y de esa manera, aceptar o rechazar la salvación de Dios.

    Los primeros hombres creados por Dios fueron ADÁN Y EVA. Vivían en un lugar precioso que se llamaba “el paraíso”. Allí no existía ni dolor ni tristeza; todo era bueno y Dios les regalaba todo lo necesario para vivir. Dios dijo a Adán y a Eva que podían comer los frutos de todos los árboles menos de uno especial. Te preguntarás: ¿Por qué? Pues para probar su amor y su obediencia. Pero un día, el demonio puso la tentación a Eva y le dijo que comiera del árbol prohibido. Asì, los hombres desobedecieron a Dios. En ese momento se cerraron las puertas del cielo, o sea que los hombres ya no podrían nunca entrar al cielo ni vivir felices con Dios para siempre.

    3. Dios nos ama tanto que, después del pecado de los primeros hombres, NO NOS ABANDONÓ, sino que nos prometió UN SALVADOR, que es su Hijo JESUCRISTO.

    ¿CÓMO MANDÓ DIOS AL MUNDO A SU HIJO?

    Para que se encarnara a su Hijo, Dios escogió a una mujer muy especial: MARÍA.

    Entonces le mandò un Ángel que le dijo: “Alégrate María, concebirás y darás a luz, un hijo a quien pondrás por nombre Jesús, El será grande y será llamado Hijo del Altìsimo”. Después, el Espíritu Santo vino sobre ella y quedó embarazada del niño Jesús. Fíjate bien, Dios puso al niño Jesús dentro de María sin haber conocido ella varón.

    4. María permaneció VIRGEN toda su vida, porque al casarse ella y José ofrecieron para siempre su castidad como regalo a Dios.

    5. Fue así es como mandó Dios a su Hijo para salvarnos . El día 24 de Diciembre celebramos la fiesta de la Navidad o el nacimiento de Jesús.

    ¿CÓMO FUE LA VIDA DE JESÚS?

    A) Jesús creció como cualquier niño con el amor de sus padres, y tuvo una vida de trabajo y oración. Todo ésto se llama su “VIDA OCULTA”

    B) A los 30 años empezó lo que se llama su “VIDA PÚBLICA”. En este tiempo fue cuando Jesús predicó.

    ¿Qué predicó Jesús? Predicó la llegada del Reino de Dios y la buena noticia de que el hombre puede salvarse si cumple la voluntad de Dios y rechaza el pecado.

    Si quieres conocer con más detalle, lo que predicó Jesús, puedes leer los EVANGELIOS que están en la Biblia. Los Evangelios son escritos que dejaron los discípulos de Cristo en donde cuentan ellos mismos, lo que vivieron o lo que escucharon de Jesús. El padre cada domingo en la misa, nos lee un pasaje del Evangelio. En su vida pública, Jesús hizo también muchos milagros.

    6. Pero… ¿Y luego cómo le hizo para salvarnos y volver a abrir las puertas del cielo? Para poder salvarnos, CRISTO vivió por voluntad propia, y por amor a los hombres, su PASIÓN Y MUERTE. Lo azotaron, le pusieron una corona de espinas, lo hicieron cargar su cruz, lo insultaron y lo crucificaron.

    Cristo quiso morir en la cruz por nuestros pecados, para que Dios nos perdonara y pudiéramos otra vez ir con El por toda la eternidad.

    ¿Y qué pasó después de la muerte de Jesús? Cristo fue sepultado, y al tercer día de su muerte resucitó, o sea que volvió a la vida. Después subió al cielo y está sentado a la derecha de Dios Padre.

    Esta es la HISTORIA DE LA SALVACIÓN.

    ¿Ves cuánto nos amó Dios para crearnos y para después mandarnos a su único Hijo a salvarnos? Y cuánto nos amó Cristo que se hizo hombre, sufrió y murió en la cruz para que fueran perdonados nuestros pecados.

    Debemos dar gracias a Dios por ser tan bueno con nosotros y tratar de amarlo cada día más. Después de que Cristo abrió las puertas del cielo, TU SALVACIÓN DEPENDE DE TI; sé lo más bueno que puedas con los demás y di “no” al pecado, para que cuando Dios te llame, puedas salvarte y gozar de la felicidad eterna con El.

    PROPÓSITO DEL MES:

    Si te fijas bien, el CREDO que rezamos cuando vamos a la misa, cuenta la Historia de la Salvación.

    Como propósito de este mes, pon mucha atención al rezar el credo, y si es posible rézalo una vez entre semana con tu familia.

    EL CREDO

    CREO EN UN SOLO DIOS PADRE TODO PODEROSO, CREADOR DEL CIELO Y DE LA TIERRA, DE TODO LO VISIBLE Y LO INVISIBLE.

    CREO EN UN SOLO SEÑOR JESUCRISTO, HIJO ÚNICO DE DIOS, NACIDO DEL PADRE ANTES DE TODOS LOS SIGLOS.
    DIOS DE DIOS, LUZ DE LUZ, DIOS VERDADERO DE DIOS VERDADERO, ENGENDRADO, NO CREADO, DE LA MISMA NATURALEZA QUE EL PADRE, POR QUIEN TODO FUE HECHO; QUE POR NOSOTROS LOS HOMBRES Y POR NUESTRA SALVA-CIÓN BAJÓ DEL CIELO, Y POR OBRA DEL ESPÍRITU SANTO SE ENCARNÓ DE MARÍA LA VIRGEN Y SE HIZO HOMBRE.

    Y POR NUESTRA CAUSA FUE CRUCIFICADO EN TIEMPO DE PONCIO PILATO,
    PADECIÓ Y FUE SEPULTADO Y RESUCITÓ AL TERCER DÍA SEGÚN LAS ESCRITURAS Y
    SUBIÓ AL CIELO, Y ESTÁ SENTADO A LA DERECHA DEL PADRE. Y DE NUEVO VENDRÁ CON GLORIA, PARA JUZGAR A VIVOS Y MUERTOS Y SU REINO NO TENDRÁ FIN.
    CREO EN EL ESPÍRITU SANTO, SEÑOR Y DADOR DE VIDA, QUE PROCEDE DEL PADRE Y DEL HIJO, QUE CON EL PADRE Y EL HIJO RECIBE UNA MISMA ADORACIÓN Y GLORIA Y QUE HABLÓ POR LOS PROFETAS.

    CREO EN LA IGLESIA QUE ES UNA, SANTA, CATÓLICA Y APOSTÓLICA. CONFIESO QUE HAY UN SOLO BAUTISMO PARA EL PERDÓN DE LOS PECADOS. ESPERO LA RESURRECCIÓN DE LOS MUERTOS Y LA VIDA DEL MUNDO FUTURO. AMÉN.

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    LA FAMILIA, TRANSMISORA DE LA FE

    La familia y la historia de la salvación

    Amigos de Radio Vaticano. La familia y la fe, pequeña comunidad de creyentes que manifiestan el amor como don y como gozo en el Señor.
    Estamos comentando el Discurso de Benedicto XVI, que abre las catequesis preparatorias elaboradas por el Pontificio Consejo de la Familia. La semana pasada vimos los dos primeros puntos e ese Discurso: el compromiso misionero de la familia, y el fundamento antropológico de la misma. Hoy vamos a recorrer los otros 5 puntos que destaca el Santo Padre:

    MATRIMONIO Y FAMILIA EN LA HISTORIA DE LA SALVACIÓN

    Para comprender el valor de la familia, Benedicto XVI, se sirve de la Historia de la Salvacion. En el Antiguo Testamento Dios se manifiesta con lenguaje de amor:
    “Dios ama a su pueblo. La revelación bíblica es ante todo expresión de una historia de amor, la historia de la alianza de Dios con los hombres, y así, la historia de amor y de la unión de un hombre con una mujer en la alianza del matrimonio ha podido ser asumida por Dios como símbolo de la historia de la salvación”.

    Él siempre será fiel, en cambio, Israel, la esposa, falla en su fidelidad por la idolatría. ¿Y qué puede hacer Dios con un pueblo infiel? ¿Repudiarla? Al contrario, su método es aumentar los gestos de amor.
    En el Nuevo Testamento: “Dios radicaliza su amor hasta hacerse él mismo, en su Hijo, carne de nuestra carne, verdadero hombre. De este modo, la unión de Dios con el hombre ha asumido su forma suprema, irreversible y definitiva”.

    Dios ya no aparece sólo como Padre, sino en la sacramentalidad el matrimonio:
    “La sacramentalidad que el matrimonio asume en Cristo significa, pues, que el don de la creación ha sido elevado a gracia de redención. La gracia de Cristo no se une a la naturaleza del hombre desde fuera, no le hace violencia, sino que la libera y la restaura, precisamente al elevarla más allá de sus propios límites”.

    Esta es la catequesis de Dios: Cristo ama al hombre hasta la entrega total en la cruz. El amor humano será auténtico cuando sea donación de sí que no se sustrae al sacrificio, a la cruz. Ser padres cuesta, pero en ese sacrificio de la paciencia y de la entrega está la salvación.

    LOS HIJOS

    La vida matrimonial cristiana expresa la vida familiar divina. Dios Padre, engendra a Dios Hijo en el amor, que es el Espíritu. Y los esposos cristianos reciben a los hijos como regalos a los que tienen que cuidar con el mismo espíritu de amor, formando lo que el Concilio Vaticano II llama Iglesia doméstica.

    “El matrimonio cristiano constituye el lugar natural dentro del cual se lleva a cabo la inserción de la persona humana en la gran familia de la Iglesia”
    Pero esta inserción ha de hacerse en libertad, respetando al máximo la persona en proceso de crecimiento. Dice el Papa:

    “La relación educativa es por su naturaleza una cosa delicada: en efecto, pone en cuestión la libertad del otro… Ni los padres, ni los sacerdotes, ni los catequistas, ni los demás educadores pueden sustituir la libertad del niño o del joven a quien se dirigen”.

    En el quinto punto el Santo Padre desarrolla justamente esta relación FAMILIA e IGLESIA. Quien sabe hacer familia, sabrá hacer Iglesia y viceversa. Y en esa relación familia-Iglesia crece y se educa la persona para crear la fraternidad universal.

    Benedicto XVI se detiene también en los peligros que acecha a la familia, inserta en un mundo que promueve el propio yo, como única realidad y medida de las cosas.

    “La apariencia de libertad se convierte para cada uno en una prisión, haciendo que cada uno se encuentre encerrado en su propio yo”, dice el Papa. Y cierra el documento con una exhortación a la familia como lugar de la vocación al sacerdocio y a la vida consagrada que, junto con el matrimonio cristiano, son las dos formas diferentes, pero complementarias, que hacen de algún modo visible el misterio de alianza de Dios con sus pueblo”.

    Queridos radio-escuchas de Radio Vaticana hasta la próxima semana, en la que iniciaremos la primera catequesis pensada para este V Encuentro Mundial de las Familias: La familia, primera y principal transmisora de la Fe.

    Historia de la salvación con jóvenes

    Dios. Una carta de amor del Padre para ti

    Fuente: Radio Vaticano

    Manifiesto contra la Eutanasia

    MANIFIESTO

    Madrid, 23 de septiembre de 2008

    1. Ante las intensas presiones que se ejercen sobre la opinión pública española, para inducirla a consentir la legalización del suicidio asistido y la eutanasia, es necesario defender la dignidad de la muerte natural como final de toda vida humana.

    2. La vida del ser humano es inviolable, por su dignidad intrínseca que no puede estar sujeta a gradaciones, ya que es universal, independiente de la situación de edad, salud o autonomía que se posea, y está radicalmente vinculada a los derechos humanos fundamentales.

    3. Esa dignidad, inherente a toda vida humana, conlleva el derecho irrenunciable de todos a la vida, siendo deber inexcusable del Estado el protegerla y cuidarla, incluso cuando la persona, su titular, parezca no darle valor.

    4. En cumplimiento de este deber, los estados más responsables reconocen el derecho de toda persona a los cuidados de salud más avanzados, pero, por ello, resulta contradictorio aceptar y promover deliberadamente el acabamiento de la vida de quienes pueden llegar a situaciones de debilidad, dependencia de otros y enfermedad terminal.

    5. El supuesto derecho de “autodeterminación” de la persona, para disponer de su vida como le plazca, entra en conflicto con el derecho irrenunciable a la vida; su utilización para despenalizar el suicidio asistido y la eutanasia no está justificada, podría incluso poner en peligro la vida de personas que de manera natural aspiran a sobrevivir hasta que les llegue normalmente su hora final.

    6. La eutanasia, entendida como el acto deliberado de acabar con la vida de una persona, sea a petición propia o por decisión de un tercero, y el suicidio asistido son ética y moralmente reprobables, pero ello no significa que se haya de practicar ningún tipo de obstinación terapéutica (o encarnizamiento terapéutico) hasta extremos injustificables para la práctica médica.

    7. Los cuidados paliativos, así como una atención integral al enfermo terminal, que le ayude en el último periodo de su vida, constituyen las opciones asistenciales compatibles con una concepción ética de la dignidad del morir.

    8. Se debe potenciar una medicina paliativa al alcance de todos, que aporte los conocimientos especializados y los avances en cuidados médicos y psicológicos, así como el soporte emocional y espiritual adecuado para la fase terminal, del enfermo y su entorno, ya que ese entorno que supone el hogar, la familia y los amigos tiene una gran importancia.

    9. Los profesionales de la salud deben respetar siempre la vida humana y su evolución hacia la muerte natural. La inversión del valor del curar o aliviar como principio esencial de la Medicina, sustituyéndolo por el de provocar la muerte, puede abrir vías cuyos límites son impredecibles. La Ciencia y la Práctica Médica tienen cada vez más y mejores instrumentos para actuar y para discernir; reclamar que se empleen a favor de la vida humana es un derecho de todos.

    Hacemos un llamamiento a los ciudadanos, y en especial a los poderes públicos, para que se reconozca la dignidad de la muerte natural; una sociedad que acepta la terminación de la vida de algunas personas, en razón a la precariedad de su salud y por la actuación de terceros, se inflige a sí misma la ofensa que supone considerar indigna la vida de algunas personas enfermas o intensamente disminuidas.

    La Pesadilla de la Eutanasia

    Animamos a las personas, instituciones, medios u otros a adherirse al presente manifiesto.

    Adherirse

    Los orígenes cristianos del voto femenino: Seneca Falls, 1848

    Ahora que tan de moda está el difamar o ridiculizar a los cristianos por cualquier causa, les dejo este artículo de ForunLibertas, en el que explica la importancia del cristianismo en los derechos civiles de la mujer en Estados Unidos, de ahí a todo el mundo.

    Lucrecia Mott, cuáquera, pionera activista
    Lucy Stone era una gran oradora y luchadora por el voto femenino
    Elizabeth Stanton, sentada, y Susan B. Anthony, de pie


    22/10/2008 – forumlibertas – P. J. Ginés

    Las mujeres que incorporaron medio mundo a la política se forjaron luchando contra el alcohol y la esclavitud.

    Sin duda, pocas “revoluciones” o “reformas” ha habido de una influencia tan extensa como el derecho de las mujeres al voto. Y sin embargo, este derecho, que hoy muchos dan como “evidente”, fue el resultado de un esfuerzo de unas pioneras en circunstancias muy complejas y sólo posibles en un contexto cristiano.

    Alguien tenía que tirar del carro, alguien tenía que empezar, en algún momento alguien debía proclamar el derecho al voto femenino. La historiadora Sally G. McMillen lo ha marcado en 1848, en un encuentro de pioneras, que describe en su reciente libro “Seneca Falls and the Origins of the Women’s Rights Movement” (Oxford University Press, 2008).

    En un encuentro de dos días en la ciudad norteamericana de Seneca Falls, nació el movimiento por el derecho al voto femenino. McMillen señala el papel fundamental de cuatro mujeres: Lucretia Mott, Elizabeth Cady Stanton, Susan B. Anthony y Lucy Stone.

    Mujeres activistas: un invento cristiano

    Eran mujeres activistas. ¿Mujeres activistas? ¿Desde cuando existían las mujeres activistas? ¿No era la vida pública cosa de hombres y la mujer virtuosa aquella que se queda en casa? No en los cristianísimos Estados Unidos desde la década de 1820.

    En los años 20 sucede en EEUU el “segundo gran despertar” o “segundo avivamiento”, una oleada espiritual, de reforma religiosa, que dio origen a infinidad de reformas sociales en búsqueda de justicia social y evangélica.


    Nacen así, en el transfondo popular protestante, donde no existían las cofradías propias del catolicismo ni la labor educativa monástica, las escuelas dominicales, las sociedades de amigos de los marineros, las sociedades bíblicas, las escuelas para pobres, las organizaciones de misiones para el extranjero, las misiones para evangelizar a los indios (algo que los católicos venían haciendo desde 1492), la edición de tratados y su distribución (en 1833 aparecerá la prensa de masas en Nueva York), las misiones especializadas en tratar con prostitutas… una lluvia de iniciativas sociales.

    Y, dos movimientos, los más fuertes, que sacaron a las mujeres de casa y las convirtieron en activistas: la lucha contra el alcohol y la abolición de la esclavitud. Luchando contra el alcohol y contra la esclavitud, dos motivaciones de clara base cristiana, se forjaron las líderes del incipiente movimiento por los “derechos femeninos”, que era un movimiento moral y moralista. Luchando contra el alcohol y la esclavitud, las mujeres aprendieron a predicar, a hablar en público, a escribir sobre política, a publicar y distribuir ideas.

    El “segundo gran despertar” espiritual y la lucha contra el alcohol y la esclavitud fueron el ambiente que creó a las primeras feministas. Y lo vemos al repasar a las cuatro grandes iniciadoras y al movimiento que nació en Seneca Falls en 1848.

    Contra el alcohol y la esclavitud

    Lucrecia Mott era una famosa activista anti-esclavitud, cristiana de denominación cuáquera, una rama pacifista del protestantismo que siempre lideró la lucha abolicionista en Estados Unidos.

    Elizabeth Cady Stanton, entonces una madre joven y brillante, estaba casada con el político antiesclavista Henry Stanton. Ella escribió la mayor parte de la declaración del encuentro, que empezaba, como homenaje a la Declaración de Independencia de los EEUU con la frase: “sostenemos estas verdades como auto-evidentes; que los hombres y las mujeres fueron creados iguales”, con toda su carga de base bíblica.

    Susan Anthony era una maestra soltera, que aportó disciplina y orden a un movimiento que nacía apasionado y con poco control. Y Lucy Stone era una conferenciante brillante y hermosa, casada con Henry Blackwell, a quien mantenía a menudo con los ingresos de sus conferencias.

    Descubrieron que masas de mujeres se movían contra la esclavitud y contra el alcohol, pero que costaba muchísimo movilizarlas en defensa del voto femenino. Simplemente, las mujeres no veían que fuera algo importante, que cambiase la vida real.

    En 1868, tres años después de abolirse la esclavitud, un veterano luchador antiesclavista y defensor del voto femenino como era Thomas Higginson lamentaba la indiferencia de las mujeres por su causa: “Los hombres no pueden asegurar los derechos de las mujeres de forma vicaria, por ellas”, decía.

    ¿Las mujeres o los negros primero?

    Al acabar la guerra en 1865 los esclavos eran libres, pero eso no significaba que pudieran votar. Las mujeres activistas se preguntaron si debíoan luchar por el voto de los negros igual que habían luchado por su libertad. ¿Acaso el voto de mujeres y negros no se podía conseguir al mismo tiempo? Wendell Phillips, que era firme defensor del voto femenino, insistía en tratar “los temas, uno a uno; este es el momento de los negros”. La mayoría de los y las activistas del voto femenino no estaban de acuerdo.

    La muy impulsiva Elizabeth Cady Stanton estaba escandalizada ante la idea que “hacerse a un lado y ver como Sambo entra antes en el reino”. Insistía en comparar desventajosamente a los negros, sin formación ni educación, con las cultas y refinadas mujeres.

    En Kansas, Susan Anthony y su marido llenaban locales pidiendo el derecho al voto femenino, pero no les importó aliarse con el político demócrata George Francis Train, un racista reconocido que les financió “The Revolution”, una importante revista, quizá la publicación madre del feminismo. En ella se criticaba el alcohol, se criticaba el abuso del hombre sobre la mujer, se criticaba el aborto.

    Las citas de Susan Anthony y Elizabeth Stanton contra el aborto en “The Revolution”, señalado como una maldad que los hombres y la pobreza fuerzan en las mujeres, aún se pueden leer en la web de Feministas por la Vida (www.feministsforlife.org), organización a la que pertenece con orgullo la política republicana Sarah Palin, por ejemplo.

    Los excesos de Elizabeth Stanton

    Hay que señalar que Stanton era el tipo de persona que no se arrepentía de sus errores tácticos y a menudo respondía con huídas hacia adelante. Por ejemplo, cuando se asoció con Victoria Woodhull, una escandalosa defensora del “amor libre”, implicada en turbios asuntos con el millonario Cornelius Vanderbilt.

    No era el tipo de amistades que podía animar a las mujeres temerosas de Dios a luchar por su derecho al voto, incluso aquellas que luchaban con denuedo contra el alcohol, la prostitución o la pobreza. Y cuando Stanton escribió su “Biblia de una mujer”, muy poco ortodoxa, hasta sus propias asociadas en la National Woman Suffrage Association la desautorizaron.

    La otra rama del movimiento de derechos de las mujeres la dirigían Lucy Stone y Henry Blackwell con la American Woman Suffrage Association. Ambas asociaciones rivalizaron, en vez de cooperar, y se desautorizaban mutuamente. Y, para colmo, en todas partes los empresarios ligados al alcohol luchaban para impedir el voto femenino, conscientes de que si las mujeres votasen el negocio del alcohol tendría muchos problemas.

    El resultado de esta debilidad fue que hasta 1890 no surgió un nuevo liderazgo feminista que consiguiera el voto femenino generalizado, alcanzado en EEUU en 1920. Para entonces las mujeres ya habían cumplido un siglo como activistas contra la pobreza, por la evangelización, contra el alcohol o la prostitución… un movimiento que nació de las raíces cristianas de Estados Unidos y que no se dio en culturas orientales, islámicas, ni en otras latitudes.

    ‘Amazing Grace’: el ejemplo de William Wilberforce al abolir la esclavitud
    http://www.forumlibertas.com/frontend/forumlibertas/noticia.php?id_noticia=7472

    El bulo de que la Iglesia decía que las mujeres no tienen alma
    http://www.forumlibertas.com/frontend/forumlibertas/noticia.php?id_noticia=7608

    El bulo de que la Iglesia estaba contra la anestesia
    http://www.forumlibertas.com/frontend/forumlibertas/noticia.php?id_noticia=6579

    Bernat Soria se traga el bulo de que la Iglesia estaba contra la anestesia
    http://www.forumlibertas.com/frontend/forumlibertas/noticia.php?id_noticia=10250

    Esclavitud y deuda externa: ¿indemnizar a África por el comercio de esclavos?
    http://www.forumlibertas.com/frontend/forumlibertas/noticia.php?id_noticia=7192

    Campaña ecuménica (católicos incluidos) en Reino Unido contra la esclavitud en nuestros días:
    http://www.setallfree.net/church_resources.html

    NUESTRO MINUTO DE SABIDURIA – XXVI


    ¡Sé fuerte! ¡Ten Valor! No te dejes vencer por la adversidad, la enfermedad o el dolor.

    Convéncete de que la energía divina jamás te abandona porque está en tí.

    Reacciona decididamente, porque el auxilio te llegará oportunamente.

    La energía que está en tu interior es la misma que dirige los universos infinitos…

    ¡Ten confianza y sé valiente!

    ¡Sé fuerte! ¡Ánimo!

    Fuente:Minuto de Sabiduría de C. Torres Pastorino (111)

    Ser mamá. Mucho más que ser ama de casa

    Ser madre conforme al amor incondicional, implica ponerle un toque femenino a la familia y a la sociedad.

    En cierta ocasión leí Mafalda la heroína de las historietas de Quino, aquella chiquilla de cabellera ruda, mirada inquisitorial y pensamiento agudo, recorría sorprendida su casa observando la exquisita limpieza de una cocina reluciente y unos pisos brillantes, asombrándose del orden y la pulcritud. Finalmente encuentra a su madre, quien atareada planchaba una enorme pila de ropa, y en uno de esos desplantes filosóficos, muy propios de ella le lanza sin remilgos una fulminante pregunta “Y vos, mamá, si tuvieras vida propia ¿qué serías?”

    Ciertamente estas son las tareas que se asocian a la maternidad y a las que cantidad de mujeres no están dispuestas a someterse, por que hay “mucho que planchar, mucho que lavar, mucho que zurcir”, como decía una vieja canción de cuna.

    La mujer no es la esclava de su casa, la maternidad es mucho más que estas superficiales actividades. No es tampoco solamente una tarea que cumplir en la educación de los hijos o una carga más de las que se le han impuesto a la mujer. La maternidad es una vocación que lleva consigo la transmisión de la vida, ¿será posible que una mujer no tenga vocación para la maternidad, que no tenga vocación para dar vida? ¿Será realmente sólo una opción más de vida para las mujeres?

    Actualmente circula un miedo a la maternidad, parecida a una epidemia que como neurosis colectiva que ataca a las mujeres y que parece traducirse en miedo al dolor del parto, a cuidar a más de tres hijos, a ser juzgada como una irresponsable y retrógrada, pues para este tipo de personas la mujer que quiere ser madre trunca de raíz cualquier aspiración en la vida. El hecho de llenar una solicitud oficial o responder a la pregunta “Y tú ¿qué eres?” y solamente responder “ama de casa”, deja a muchas mujeres pasmadas, estáticas y al borde de una crisis de identidad.

    Claro, no queremos que parezca que las mujeres no tienen vida propia, que han optado por la abnegada vida del hogar, por perder la figura o tal como las abuelas o sus madres lo hicieron, sacrificar la tan ansiada realización personal.

    Y hablando de realización hay quien ve la maternidad como una opción única en la vida: o trabajas, te realizas, eres profesionista, aspiras a más en la vida, o te dedicas a cuidar niños durante toda tu vida. Pero… ¿es que no hay intermedio? ¿No se puede ser madre, trabajadora y profesionista a la vez? ¿Es que los hijos impiden la realización de las mujeres? ¿Nuestra sociedad con sus 40 horas a la semana no deja una opción intermedia? ¿No existen posibilidades de trabajo en casa y de trabajo en el hogar? Se habla de que en el futuro mucho trabajos podrán realizarse en el hogar a través del internet. ¿Esta opción no puede ser aprovechada por la mujer? ¿Es que los hijos la absorben las 24 horas del día?

    Antes de la Revolución Industrial la mujer trabajaba, era madre y no se cuestionaba su existencia con plantones feministas o reivindicaciones partidarias. La comunidad, es bien cierto, ayudaba cuando la mujer se encontraba en períodos críticos, pero siempre se la veía trabajando y cuidando del hogar. Que una mujer trabaje o sea madre, como estilos de vida opuestos y excluyentes no es realmente el dilema que debe considerarse, sólo es cuestión de un poco de organización y sentido práctico para armonizarlos.

    El verdadero dilema que se le presenta a la mujer es el del amor incondicional contra el amor egoísta a sí misma y a sus derechos, renunciado al regalo de transmitir la vida y ser amada y valorada por este simple hecho.
    Ser madre conforme al amor incondicional, implica ponerle un toque femenino a la familia y a la sociedad, ser capaz de vivir el amplio significado de la maternidad: transmitir la vida, amar, apoyar, educar, respetar, conocer a sus hijos y a quienes acoja como sus hijos, porque ¿de qué tipo de realización se puede hablar, si no hay otra que la que se alcanza con el ser capaz de amar incondicionalmente? Además el criar a unos hijos, ¿no debería tomarse en cuenta como uno de los trabajos más excelsos? ¿No podríamos hacer que los gobiernos abrieran los ojos para que se dieran cuenta del trabajo que muchas mujeres realizan al dotarlos de ciudadanos con valores? ¿Cuánto tendría que invertir un Estado para preparar hombres y mujeres con sólidos valores morales? ¿A cuánto ascendería la nómina de estos profesores o preceptores que es el trabajo que realiza una madres, digamos, por dieciocho años?

    Autor: varios | Fuente: Catholic.net