Los niños no tienen derecho a la vida; las niñas pueden abortar

Cataluña: los niños no tienen derecho a la vida; las niñas pueden abortar

Denuncian Profesionales por la Ética ante el anteproyecto de Ley de Infancia

BARCELONA, viernes 27 de febrero de 2009 (ZENIT.org).- “Para la Generalitat los menores no tienen derecho a la vida, pero las menores partir de los 16 años sí que pueden abortar libremente”, afirman los Profesionales por la Ética de Cataluña, España, al anunciar que han presentado alegaciones al Anteproyecto de Ley de Infancia, redactado por el Gobierno de la Generalidad de Cataluña (gobierno autonómico).

Este jueves la asociación Profesionales por la Ética de Cataluña presentó alegaciones al Anteproyecto de Ley de los Derechos y las Oportunidades de la Infancia y la Adolescencia, redactado por el Departamento de Acción Social y Ciudadanía, según ha informado a ZENIT Ignacio Pascual Aguirre de Carcer, de la citada asociación.

Ramón Novella, portavoz de Profesionales por la Ética, declaró que “con estas alegaciones queremos defender los derechos de los menores ante una iniciativa que les niega derechos fundamentales, como sucede con el derecho a la vida. También queremos defender los derechos de los padres para con sus hijos, y especialmente el derecho a educarlos de acuerdo con sus convicciones”.

En el escrito remitido a la Generalidad de Cataluña se denuncia que este Gobierno permita abortar libremente a las menores a partir de los 16 años, sin ningún requisito ni condición, y sin necesidad de comunicarlo previamente a sus padres. Parece -dijo el portavoz- que la principal preocupación de la Generalidad sea facilitar el incremento de abortos y garantizar el enriquecimiento y la impunidad de los que se dedican a este “negocio”.

También criticó la imposición de los planteamientos de la ideología de género en el lenguaje utilizado a lo largo del Anteproyecto y destacó otros aspectos negativos.

En primer lugar, la norma no garantiza el derecho de los menores a vivir en una familia ni favorece su protección y estabilidad; permite el acogimiento y la adopción de los menores por parejas del mismo sexo, pese a que esto perjudica a los menores; establece de manera indiscriminada el principio de confidencialidad de los menores respecto de sus padres, que de esta manera ven recortadas sus facultades y potestades; no garantiza el derecho de los padres a educar a sus hijos de acuerdo con sus convicciones, ni su derecho a escoger libremente el centro educativo para ellos. Finalmente, no aborda seriamente la lucha contra la indisciplina y el fracaso escolar en el sistema educativo, ni garantiza una educación de calidad.

En el documento, se hacen diferentes propuestas para mejorar el texto. Por ejemplo, “que se reconozca y garantice la totalidad de los derechos fundamentales de los menores, comenzando por el derecho a la vida, desde su inicio hasta su final, y establecer medidas de apoyo a las chicas en dificultades que estén embarazadas para poder tener a su hijo y poder optar por mantenerlo o darlo en adopción”.

Otras medidas que los profesionales proponen introducir son: garantizar el derecho de los menores a vivir dentro de su familia, siempre que sea posible y no atente gravemente contra sus derechos e intereses: aumentar las ayudas a las familias con hijos, especialmente si son numerosas, y favorecer las medidas de conciliación entre la vida laboral y familiar; garantizar el derecho de los padres a que sus hijos puedan recibir la educación que esté de acuerdo con sus convicciones morales o religiosas, así como su derecho a escoger libremente el centro educativo para ellos; establecer medidas para hacer frente al fracaso escolar y a la indisciplina y violencia en el mundo educativo; garantizar la no discriminación en el ámbito educativo de las dos lenguas oficiales en Cataluña; reconocer el derecho a la objeción de conciencia ante los contenidos educativos que sean contrarios a sus convicciones y a las de sus familias.

Finalmente los Profesionales por la Ética hacen un llamamiento a los padres y a las entidades que defienden sus derechos y los de los menores para que luchen para modificar el anteproyecto y conseguir mejoras sustanciales, porque “nuestros niños y adolescentes se lo merecen”.

Fuente: Zenit

El Cristo de la tolerancia


Nos viene muy bien el mirar a Jesús, que nunca trataba de imponer sus ideas, invitaba a que le siguieran.

Probablemente no hay ningún Cristo que lleve este nombre, pero si hay un “Cristo de los faroles” o “de los gitanos”… con mayor razón se puede hablar del “Cristo de la tolerancia”. Veamos:
El 1995 fue el Año Internacional de la Tolerancia, mucho nos tememos que pasó sin pena ni gloria, aunque, a decir verdad, en mucha gente hay cada vez mayor predisposición para esta importante virtud.

Desgraciadamente, a lo largo de los siglos, las diversas religiones en general no sólo no la han promovido, sino todo lo contrario. El afán de “imponer”, como sea, a los demás las propias creencias ha dado origen a muchos odios y guerras. Y no han faltado cristianos afectados por esta lacra. Afortunadamente nada tiene que ver esta conducta con la manera de actuar de Jesucristo, ni con el pensamiento de la Iglesia claramente expresado en el Concilio. Precisamente Juan Pablo II en su carta ante el Tercer Milenio ha dicho: “Otro capítulo doloroso sobre el que los hijos de la Iglesia deben volver con ánimo abierto al arrepentimiento está constituido por la aquiescencia manifestada con métodos de intolerancia e incluso de violencia en el servicio a la verdad”.

Pero si bien es cierto que hubo épocas pasadas en las que se llegó a hechos extremos (como la Inquisición), hay que reconocer que en cierta manera en bastantes cristianos aun permanece vivo cierto espíritu inquisitorial. Curiosamente entre personas que se creen muy religiosas se puede dar una especie de afán de meterse en la vida de los demás, en juzgar a la ligera su modo de actuar, en condenar no a la hoguera, pero sí con ese fuego destructor que a veces es la lengua, como si ellos tuvieran el monopolio de la verdad. Por supuesto que también en las filas de los no religiosos se da esta misma actitud respecto de los creyentes.

Por eso nos viene muy bien el mirar a Jesús, que nunca trataba de imponer sus ideas. Invitaba a que le siguieran, pero nunca coaccionaba a nadie. Cuando terminaba de hablar solía decir: “el que tenga oídos para oír, que oiga”. Más bien Él fue víctima de la intolerancia de los sacerdotes, escribas y fariseos, a quienes criticaba por estar demasiado aferrados a la letra de la ley. Mientras éstos todo lo arreglaban con el cumplimiento estricto de las normas, Jesús dice que no ha sido creado el hombre para la ley, sino la ley para el hombre. Y así Jesús “violaba el sábado”, curando enfermos en días en que la ley lo prohibía; era criticado porque a veces no cumplían ni él ni sus discípulos las normas del ayuno; aunque respetaba el templo, lo relativizó (Para orar enciérrate en tu cuarto, adora a Dios en espíritu y en verdad); consideró injusta la ley que castigaba a la adúltera, daba más importancia al amor al prójimo que a ciertas leyes rituales ( Véase la parábola del Buen Samaritano). Cuando algunos de sus discípulos se celaban de que otros expulsaran demonios en su nombre, Él les reprendió. Otro tanto ocurrió cuando le pidieron que mandase fuego del cielo y consumiera a aquellos que no les quisieron recibir en una aldea de Samaría.

Todos sabemos que muchos de los amigos de Jesús, de las personas que le acompañaban, no se distinguían precisamente por su buena fama, llámense, Mateo, Zaqueo, Magdalena o la Samaritana… Jesús, en este sentido, pasaba ampliamente de los comentarios y cuchicheos de la gente. Era una persona verdaderamente libre. Por eso mismo era tolerante. O en todo caso, si alguna vez sacó el genio, fue precisamente con los intolerantes. Porque, eso sí, Jesús nunca renunció a sus firmes convicciones y a su lucha contra la mentira, la injusticia y el pecado, como tampoco nosotros debemos renunciar.

Digamos para terminar que aunque todo esto ya lo sabemos no está de más que refresquemos la memoria, pues en la práctica no pocas veces lo olvidamos, cayendo con frecuencia en la tentación de juzgar, de condenar, de querer imponer nuestros criterios… de distinguir “alegremente” entre buenos y malos (los malos los demás, los buenos nosotros), de creernos poseedores absolutos de la verdad, de no saber comprender al otro “y sus circunstancias” de entrometernos en ese recinto sacro que es la conciencia de los demás.

Santo Cristo de la Tolerancia, ruega por nosotros.

  • Comentarios al autor
  • Autor: Máximo Alvarez | Fuente: Carholic.net

    La confesión, una herramienta de conversión


    ¡Anímate! Aunque a muchos les da terror, la experiencia demuestra que funciona muy bien!

    Los Sacramentos son instrumentos que nos dejó Jesucristo para ayudarnos a llegar al Cielo más fácilmente.

    La Confesión o Reconciliación es el Sacramento mediante el cual Dios nos perdona los pecados cometidos después del Bautismo y recuperamos la vida de gracia, es decir, la amistad con Dios.

    Es la gran oportunidad que tenemos para acercarnos de nuevo a Dios que es nuestra verdadera felicidad.

    La confesión no es un sacramento de tristeza, sino de alegría, es el sacramento del hijo arrepentido que vuelve a los brazos de su Padre.

    No es el Sacramento del final de nuestra vida, sino el que nos da la oportunidad de empezar una nueva vida cerca de Dios.

    ¿Cuándo me debo confesar?

    Debemos confesarnos cada vez que caigamos en pecado grave o por lo menos una vez al año durante el tiempo de Pascua. Pero es aconsejable confesarse cuando menos una vez al mes, ya que así fortalecemos nuestra alma para resistir la tentación y nos acercamos más a Dios.

    ¿Qué es un pecado grave?

    Se comete un pecado grave cuando se cumple con tres características:
    1. Materia grave (lo que se va a hacer es algo importante)
    2. Pleno conocimiento (se sabe que es malo lo que se va a hacer)
    3. Pleno consentimiento (se elige libremente hacerlo)

    ¿Habló Cristo de la confesión?

    Existen quienes piensan que el sacramento de la Reconciliación no fue instituido por Cristo, sino que es un invento de la Iglesia. Cristo lo instituyó cuando le dijo a los apóstoles: “Recibid el Espíritu Santo. A quienes perdonéis los pecados les serán perdonados, pero a quienes se los retengáis les serán retenidos”. (Jn. 20, 23; Mt. 18, 18; 16, 18-19). La Iglesia es la que posee el poder de perdonar los pecados y buscar la santificación de sus miembros, a través de la penitencia y de una renovación interior.

    Cuando nos reconciliamos con alguien: esposa, esposo, hijos, amigos, después de haber tenido un período de separación a causa de una pelea, de un mal entendido o una ofensa, nos sentimos en paz, nos da una gran alegría. Con más razón cuando nos reconciliamos con Dios a quien hemos ofendido con nuestros pecados. ¿Cómo podemos darle la espalda a Aquél que nos ha dado todo?

    El sacramento de la Reconciliación es algo maravilloso. En él encontraremos la paz que tanto buscamos. Perdamos el miedo a este sacramento y acerquémonos a él. frecuentemente.

    Pasos para hacer una buena confesión

    65. En la temida Jerusalén. Lo que tenía que suceder…


    Meditaciones de San Pablo. Llenos los atrios del Templo con habitantes de Jerusalén y peregrinos, se echaron sobre Pablo, lo arrastraron fuera del Templo, cerraron las puertas para que no pudiera volver.

    Por fin, Pablo llegó a Jerusalén. Desecho. Con negros presentimientos. Y las cosas se le presentaron duras de verdad. Empezando por el recibimiento que le hicieron los hermanos, entusiasta el de unos, muy frío el de otros. (Hch 21,17-40; 22,1-23)

    Los helenistas, los cristianos judíos venidos de la diáspora, se llenaron de alegría:
    -¡Bienvenido, Pablo! Sabemos cuántas cosas ha hecho Dios por ti, y cuántos paganos han entrado en la Iglesia creyendo en el Señor Jesús. ¡Pablo, Dios te bendiga!…

    A la par que estos cristianos helenistas, estaba la Iglesia de Jerusalén formada por cristianos judíos que no acababan de rendirse. Recibieron a Pablo fríamente y con formas muy diplomáticas, ya que no podían hacerle la guerra abiertamente, porque los apóstoles habían dicho su palabra definitiva en el Concilio de hacía diez años.

    Reunidos los más notables de entre estos judeocristianos en casa de Santiago, Pablo les exponía punto por punto lo que había sido la evangelización entre los gentiles, cómo había crecido la Iglesia con tanto pagano convertido, y cómo se derramaba sobre ellos la gracia y los dones del Espíritu Santo.

    Los oyentes no se entusiasmaban. La gran colecta que Pablo y sus compañeros traían era como para taparles la boca. Con ella podían comprobar la caridad y el amor de los cristianos venidos del paganismo para con los hermanos judíos pobres de Jerusalén. Pero no les conmovió gran cosa.

    Y le contestaron como una réplica:

    “Ya ves, hermano, cuántos miles y miles de entre los judíos han abrazado la fe, y todos son fervientes partidarios de la Ley.
    “Pero han oído decir de ti que enseñas a todos los judíos que viven entre los gentiles que se aparten de Moisés, diciéndoles que no circunciden a sus hijos ni observen las tradiciones. “¿Qué hacer, pues? Porque va a reunirse la muchedumbre al enterarse de tu venida”.

    Será todo lo doloroso que queramos, pero así nos lo dice Lucas, testigo presencial.
    Santiago, el apóstol tan judío, pero fiel a la doctrina del Concilio, quiso poner paz entre todos. Y bajo su dirección, aconsejaron a Pablo:

    - Para que no puedan decir nada contra ti tantos hermanos fieles a la Ley y que aún siguen con la circuncisión, únete a los cuatro hermanos que han hecho un voto y ya se han rapado la cabeza; entra con ellos en el Templo, y todos verán que tú también eres un fiel cumplidor de la Ley.

    El consejo no estaba mal, y Pablo aceptó. Sólo que, en vez de salir bien las cosas, se enredó todo de mala manera.
    Unos judíos llegados de Asia por la fiesta de Pentecostés, reconocieron a Pablo en los atrios del Templo con los cuatro del voto, y empezaron a gritar furiosos a toda la multitud:

    - ¡Auxilio, hombres de Israel! Este es el hombre que va enseñando a todos por todas partes contra el pueblo, contra la Ley y contra este Lugar bendito. Y hasta se ha atrevido a introducir a unos griegos en el Templo, profanando este lugar Santo.

    Mentían, desde luego. Pero la ocasión era magnífica, y se dijeron:

    - ¡Ahora este Pablo las va a pagar todas juntas!…

    Se armó un griterío infernal.

    Atestados los atrios del Templo con muchos habitantes de Jerusalén y con tantos peregrinos, todos se echaron sobre Pablo, lo arrastraron fuera del Templo, cerraron las puertas para que no pudiera volver.
    Ya se disponían a matarlo igual que habían hecho hacía veinticinco años con Esteban.
    Aunque Pablo se salvó de milagro, debido a la fuerza romana.

    Durante las fiestas, las autoridades romanas distribuían a los soldados por la ciudad, especialmente en los alrededores del Templo. En este momento, un soldado subió rápido las escaleras de la Torre para dar el aviso:

    -¡Tribuno! Toda Jerusalén está revuelta.

    Y el tribuno, sin perder un momento, bajó con varios centuriones y fuerte grupo de soldados, se llegó hasta Pablo, lo mandó atar con cadenas, y preguntó para informarse:

    -¿Quién es éste? ¿De quién se trata?…

    Lucas lo dice bien:

    - Pero no sacó nada en claro, porque “entre la gente unos gritaban una cosa, otros otra”.

    Al fin, y para que la chusma no linche a Pablo, manda que lleven al detenido a la cárcel. Al llegar a las escaleras de la Torre Antonia, tiene que ser agarrado Pablo por los soldados y subido en hombros, mientras la multitud seguía vociferando:

    -¡Mátalo! ¡Que lo maten!…

    Pablo no pierde la serenidad, y ya en las escaleras entre los soldados, pide al tribuno:

    -¿Me permites decirte una palabra?

    - ¿Cómo? ¿Es que tú sabes el griego? ¿No eres tú el egipcio que días pasados armó aquella revuelta con cuatro mil terroristas, y que tuvo que huir al desierto después de haber perdido cuatrocientos muertos y doscientos capturados?

    Pablo habla con una gran tranquilidad:

    - No, yo no soy ningún guerrillero. “Yo soy un judío, de Tarso de Cilicia, una ciudad importante”. ¿Me permite hablar al pueblo?

    El tribuno se da cuenta de que Pablo no es un cualquiera, y se lo autoriza. Las escaleras de la Torre Antonia eran un buen púlpito, y Pablo empezó a hablar:

    - Hermanos y padres, escuchen la defensa que hago ante ustedes. Se hace un silencio sepulcral cuando todos sienten que les habla en arameo:

    - Yo soy judío, nacido en Tarso de Cilicia, pero educado en esta ciudad, a los pies de Gamaliel en la exacta observancia de la Ley de nuestros padres.

    Con estas palabras pareciera que Pablo desarmaba al auditorio, entre el que se oye decir:

    - ¿Cómo podemos ir contra un judío semejante?… Este Pablo, un discípulo nada menos que de Gamaliel… Este Pablo, un doctor de la Ley… Este Pablo, hasta un perseguidor de los cristianos, esa secta maldita…

    Piensan así, porque Pablo les aseguraba:

    - Yo perseguía a muerte a los seguidores de Jesús, encadenando y arrojando a la cárcel a hombres y mujeres, como puede atestiguarlo el sumo sacerdote y el consejo de ancianos.

    Pablo pasó a narrar la aparición del Señor ante las puertas de Damasco, y todos escuchaban en medio de un silencio impresionante, hasta que llegó a las palabras tan comprometedoras:

    - El Señor me dijo: Y ahora, ¿qué esperas? Marcha, porque quiero enviarte lejos, a los gentiles.

    Aquí volvió a reanudarse el griterío infernal:

    - ¡Quiten a ése de ahí, pues no merece vivir! ¡Que muera ese judío renegado!…

    Cualquiera diría que estamos narrando una novela. Y no, estamos con la historia más verídica que nos narran los Hechos de los Apóstoles.

    Nos falta acabar la aventura de Jerusalén, para ir después hasta Cesarea, donde Pablo va a pasar preso los dos años que vienen, y donde nosotros le vamos a acompañar con nuestra admiración, pasmados de su fortaleza y de su amor a Jesucristo.

    Puedes encontrar todas las reflexiones anteriores de San Pablo en esta dirección.
    Y en www.evangelicemos.net

  • Preguntas o comentarios al autor P. Pedro García Cmf
  • Fuente: Catholic.net

    La arrogancia intelectual genera “caricaturas” de la Iglesia

    VATICANO, 23 Feb. 09 / 10:21 am (ACI)

    Arrogancia intelectual genera “caricaturas” de la Iglesia, advierte el Papa Benedicto.

    Al presidir una lectio divina en el Seminario Romano Mayor de Roma, el Papa Benedicto XVI exhortó a no vivir en la arrogancia intelectual de quien se cree mejor que los otros, sino la humildad, para así evitar que se originen “caricaturas” de la Iglesia.

    En la lectio que el Santo Padre hizo el viernes por la tarde sobre la Carta de San Pablo a los Gálatas, el Pontífice inició la oración comentando las palabras del Apóstol de las Gentes: “Fuisteis llamados a la libertad“. Benedicto XVI preguntó: “¿Qué es la libertad? ¿Cómo podemos ser libres? San Pablo nos ayuda a entender esta realidad complicada que es la libertad” cuando dice: “Esta libertad no sea un pretexto para la carne, sino servíos unos a otros por amor”.

    “El yo absoluto, que no depende de nada y de nadie, parece poseer realmente, en definitiva, la libertad. Soy libre si no dependo de nadie, si puedo hacer todo lo que quiero. Pero precisamente cuando el yo se convierte en absoluto es ‘carne’, es decir, degradación del ser humano, no es conquista de la libertad: el libertinaje no es libertad, es más bien el fracaso de la libertad“, explicó el Papa.

    Tras resaltar que “la libertad se realiza paradójicamente en el servicio a los demás”, el Papa subrayó que “nuestra verdad consiste sobre todo en que somos criaturas, criaturas de Dios y vivimos en relación con el Creador. Solo si aceptamos esto entramos en la verdad. De lo contrario, caemos en la mentira y al final nos destruimos. Solo una libertad compartida es una libertad humana”.

    “El ser humano tiene necesidad de orden, de derecho, para que pueda realizarse su libertad, que es una libertad vivida en común. Si no existe una verdad común del ser humano, solo queda el positivismo y se tiene la impresión de como si fuera algo impuesto de manera incluso violenta. De ahí esta rebelión contra el orden y el derecho, como si se tratase de una esclavitud”.

    En esta Carta de San Pablo, continuó, “se menciona la situación, un poco triste, de la comunidad de los Gálatas, cuando el Apóstol dice: ’si os mordéis y os devoráis unos a otros, mirad que acabaréis por destruiros’”.

    El Santo Padre afirmó que “también hoy suceden cosas parecidas, cuando en vez de agregarse a la comunión con Cristo, en el Cuerpo de Cristo que es la Iglesia, cada uno quiere ser superior al otro y quiere hacer creer con arrogancia intelectual que es mejor. Así nacen las polémicas que son destructivas, nace una caricatura de la Iglesia, que debería ser una sola alma y un solo corazón”.

    Finalmente el Papa destacó que “en esta advertencia de San Pablo, tenemos que encontrar también hoy un motivo de examen de conciencia: no pensar en que somos superiores a los demás, sino imitar la humildad de Cristo, la humildad de María, entrar en la obediencia de la fe. Precisamente de esta manera se nos abre realmente el gran espacio de la verdad y de la libertad en el amor”.

    Fuente: Aciprensa

    La Iglesia Católica, “ancla de salvación” en África

    ROMA, miércoles 25 de febrero de 2009 (ZENIT.org).- “La Iglesia católica constituye un ancla de salvación y en una ocasión de rescate para el continente africano”. Así lo afirmó monseñor Fortunatus Nwachukwu Jefe de Protocolo de la Secretaría de Estado de la Ciudad del Vaticano, el pasado lunes en el Foro promovido en Roma por el Harambee Africa International Onlus .

    La asociación internacional Harambee nació en el año 2002, con ocasión de la canonización de Josemaría Escrivá de Balaguer, fundador del Opus Dei, para promover iniciativas educativas en África y sobre África.

    “Se habla cada vez más de África, argumento que ahora está de moda”, observó monseñor Nwachukwu. “No pocos personajes públicos suelen hacerse fotografiar con niños africanos, más para acreditar su imagen que para contribuir realmente a la solución de los problemas que afligen a esos niños”.

    África, explica el prelado, “necesita sobre todo ser amada; deben vencerse en primer lugar los estereotipos negativos que la pintan inexorablemente como apagada, incapaz, moribunda”.

    A la tentación de rendirse o de dejarse llevar por la inercia, afirma, “es necesario oponer la determinación de quien, como la Iglesia católica, se empeña en recoger los mensajes de esperanza lanzados por el continente”.

    La Iglesia, recuerda, está presente sobre todo en el área subsahariana y está llamada a “favorecer la reconciliación, la justicia y la paz”, “líneas maestras que permitan poner fin a los conflictos, de aparcar los egoísmos, de vencer las envidias que provocan auténticos fatricidios”.

    “Los militares y los políticos han fracasado clamorosamente, precisamente porque se han mostrado exclusivamente atentos a sus propios intereses personales y tribales -denunció monseñor Nwachukwu -; allí donde los misioneros cristianos no han fracasado en absoluto, han llevado hospitales, educación y comida., Muchos han sacrificado incluso su propia vida para llevar la luz del mundo y la sal de la tierra”.

    Harambee España – Proyecto internacional de ayuda, solidaridad y cooperación con África

    Para no olvidar

    Dejando a un lado los análisis económicos, lo más revelador es que en un plazo relativamente corto de tiempo todos los países occidentales se han organizado para intentar salvar el sistema financiero inyectando enormes cantidades de dinero en los bancos. Una decisión de esa índole, tomada en un tiempo récord y con el consenso de todos los partidos políticos, contrasta enormemente con las dificultades que ha habido hasta ahora para llegar a un acuerdo global y poner los medios necesarios para eliminar la pobreza y el hambre en el mundo.

    Que el dinero inyectado en los bancos norteamericanos (700.000 millones de dólares) sea el doble de lo necesario para que los mil millones de personas que sobreviven con menos de un dólar al día puedan superar ese umbral de pobreza extrema, es realmente escandaloso. Tal y como se pudo ver y escuchar en las manifestaciones contra la pobreza que se produjeron en toda España el pasado mes de octubre, es intolerable que 30.000 niños y niñas mueran cada día por causas evitables cuando los gobiernos de los países desarrollados han demostrado ser capaces de poner sobre la mesa, de un día para otro, cientos de miles de millones de euros para rescatar a los bancos.

    de Mundo Negro, noviembre de 2008

    64. Una Eucaristía en el viaje. Toda la noche en vela


    ¿Cómo celebraban la Eucaristía los primeros cristianos? Repetimos las mismas palabras de aquellos primeros hermanos nuestros en la fe.

    No hemos olvidado nuestra meditación anterior, aquella velada durante toda la noche en una casa grande y espaciosa de Tróade, cuando Pablo resucitó al muchacho Eutiques que se había estrellado contra el pavimento.

    Los cristianos habían cambiado ya el descanso y la guarda religiosa del sábado por el primer día de la semana, el que va a ser ya en los siglos por venir el Domingo, el Día del Señor.

    Con la relación de aquella cena adivinamos todo lo que era la celebración de las primeras misas cristianas. Todos escuchando la Palabra. Los apóstoles o presbíteros hablando de cosas del Señor. Y alargando la conversación sin cansarse…

    No lo hemos olvidado, pero se nos quedó pendiente el hablar precisamente de aquella celebración de la Eucaristía durante el viaje de Pablo desde Éfeso hasta Jerusalén.
    Es lo que vamos a hacer ahora. ¿Cómo fue aquella Eucaristía? ¿Cómo celebraban la Eucaristía los primeros cristianos? ¿Tenemos algún documento que nos lo atestigüe?…

    Por fortuna, contamos con un librito precioso, la Didajé, un escrito del tiempo de los Apóstoles que no está en la Biblia, y que es anterior a varios libros del Nuevo Testamento. Ese documento impagable nos guía en todo lo que hoy podemos decir, como ayuda a lo que nos dicen los Hechos de los Apóstoles (20,7-12) y el mismo San Pablo (1Co 11, 17-27)

    La reunión cristiana constaba de dos momentos:

    El primero, un banquete fraterno, el ágape, con una comida en común que estrechaba los lazos del amor y de la amistad, acompañado todo con cantos y plegarias.

    El segundo momento era propiamente “La Cena del Señor”.

    Con todo, los dos actos constituían una sola celebración.

    Para el banquete, y prescindiendo todavía de la Fracción del Pan, se seguía una costumbre judía, practicada por el mismo Jesús. Ante el pan que se había de comer, ante el vino y todos los alimentos, se hacía una plegaria de acción de gracias y otra al final después de haberlo comido todo.
    Esa plegaria de acción de gracias se llamaba “eucaristía” con palabra griega, y de ahí ha venido el quedar el rito sagrado con la palabra Eucaristía.

    Pues bien, en aquel banquete fraterno, se traía el pan, se partía, y se colocaba en la mesa juntamente con la copa de vino en frente de quien presidía la celebración.
    En aquella noche de Tróade lo pusieron todo delante de Pablo. La reunión se tuvo en la sala superior de la casa, profusamente iluminada, vivo trasunto del Cenáculo de Jerusalén en la última cena del Señor. Todos reunidos, se oró, se cantó, se escuchó largamente la palabra de Pablo, que no se cansaba al hablar del Señor Jesús.

    Y vino el momento solemne de hacerse presente el Cuerpo y la Sangre del Señor.
    Pero, ¿qué se hacía antes de la consagración del pan y del vino? Lo primero de todo, pedir en la comunidad perdón de los pecados.

    La Didajé nos lo dice así:

    “Reúnanse cada día del Señor, rompan el pan y den gracias, después de haber confesado sus pecados, a fin de que su sacrificio sea puro…. Que nadie coma y beba de vuestra eucaristía, sino los bautizados en el nombre del Señor. Pues acerca de ello dijo el Señor: no den lo santo a los perros… Por eso, ¡todo el que es santo, que venga! ¡El que no lo es, que se convierta!”.

    Como vemos, la Iglesia ha seguido hasta nuestros días la misma práctica: comenzamos la Santa Misa pidiendo el perdón de nuestras culpas con el cato penitencial. A la Comunión hay que acercarse con conciencia pura.

    Pablo, aquella noche, había de repetir los gestos del Señor en la Ultima Cena. Pero antes estaba la oración que nos ha conservado la Didajé sobre el vino y sobre el pan, con este orden precisamente:

    “Primero sobre la copa: -Te damos gracias, Padre nuestro, por la santa viña de David tu siervo, la que nos diste a conocer por medio de Jesús. A ti sea la gloria por todos los siglos. Amén-.

    “Luego sobre el pan partido: -Te damos gracias, Padre nuestro, por la vida y el conocimiento que nos manifestaste por medio de Jesús, tu siervo. A ti sea la gloria por los siglos amén-.

    “Como este pan estaba disperso por los montes y reunido se hizo uno, así sea reunida tu Iglesia de los confines de la tierra en tu reino. Porque tuya es la gloria y el poder por Jesucristo eternamente”.

    Recitadas estas oraciones tan sentidas, tan bellas, tan profundas, Pablo, como siempre, pronunció sobre el pan y el vino las mismas palabras del Señor: “Esto es mi cuerpo… Este es el cáliz de mi sangre”. Y hecha la consagración, venía la acción de gracias con esta otra oración de la Didajé:

    “Te damos gracias, Padre santo, por tu santo nombre, que has hecho habitar en nuestros corazones… ¡A ti gloria en los siglos!…
    “Acuérdate, oh Señor, de tu Iglesia para librarla de todo mal y perfeccionarla en tu amor; reúnela de los cuatro vientos, una vez santificada, en el reino tuyo que preparaste para ella. ¡Porque tuyo es el poder y la gloria en los siglos!
    ¡Venga tu gracia y pase este mundo! ¡Hosanna al Dios de David! ¡Maran atha! ¡Ven, Señor!”

    Si se rezaba la oración del Señor, el Padre nuestro, se le añadía al final la doxología o alabanza que la Didajé nos ha conservado y que nosotros recitamos también en cada Misa:

    “Porque tuyo es el reino, tuyo el poder y la gloria por siempre, Señor”.
    Nos emocionamos, sencillamente, al saber que repetimos las mismas palabras de aquellos primeros hermanos nuestros en la fe.

    San Pablo nos mandó algo muy importante con estas palabras, escritas no mucho tiempo antes de esta Eucaristía de Tróade: “Cada vez que coman este pan y beban este cáliz, anuncien la muerte del Señor, hasta que venga” (1Co 11,26)
    Si esto mandaba Pablo, esto hizo él también en esta noche, y exclamó:
    -¡El Señor murió por nosotros! ¡El Señor que resucitó, y que un día ha de volver!…
    Hoy seguimos diciendo lo mismo que aquellos cristianos de hace ya casi veinte siglos:
    -Anunciamos tu muerte, proclamamos tu resurrección. ¡Ven, Señor Jesús!

    Con todo esto, vemos que la Iglesia, cuanto más avanza, más se apega al principio, a sus orígenes, a los Apóstoles, al mismo Señor Jesús.
    El Señor lo mandó en la Última Cena: “Hagan esto como memorial mío”.
    Los Apóstoles cumplían el mandato del Señor: “Hagan esto como memorial mío”.
    Y nosotros no cambiamos nada.

    Con esta página de los Hechos vemos confirmada siempre la verdad que se nos enseña hoy con ahínco: Donde está la Iglesia hay Eucaristía, y donde se celebra la Eucaristía allí hay Iglesia.

    ¡Bendita sea la presencia del Señor Jesús entre nosotros!…

    Puedes encontrar todas las reflexiones anteriores de San Pablo en esta dirección.
    Y en www.evangelicemos.net

  • Preguntas o comentarios al autor P. Pedro García Cmf

  • Fuente: Catholic.net

    BOLETIN SOLIDARIDAD: Bernat Soria colabora al negocio de las empresas de preservativos


    Preservativos baratos fabricados por esclavos. Y el pueblo paga la publicidad

    El drama de nuestros jóvenes

    El aborto entre jóvenes y adolescentes aumentó casi un 17% en España en 2007 respecto al año anterior. Aumentó el drama personal, familiar y social del aborto. Los estudios demuestran que la mayoría de las chicas adolescentes que han tenido relaciones sexuales se han sentido presionadas. Les presiona el negocio del sexo creando un ambiente asfixiante, y para eso los adultos, los educadores, no les ofrecemos protección.

    La inmensa mayoría de los adolescentes españoles han recibido el mensaje “Usa preservativos”. Muchos, en sus propias aulas, otros, en el centro de salud de su barrio, en su médico, en las marquesinas del autobús, en la TV… Si los adultos le decimos al joven de 15 años “usa condón para el sexo, disfrutarás sin riesgo”, el mensaje es claro, les animamos a hacerlo. Algunos tranquilizan su conciencia diciendo “es mejor no tener relaciones hasta más adelante. Si decides tenerlas, usa condón”. Este mensaje es, cuando menos, ambiguo. Si además la educación sexual que les proporcionamos gira en torno al uso del preservativo y sus ventajas, está clarísimo, le hacemos publicidad al sexo con condón.

    Los datos saltan a la vista: 3 de cada 10 adolescentes de entre 15 y 17 años ha mantenido una relación sexual completa. De estos, más del 44 por ciento asegura haberlas tenido con más de una pareja.

    ¿Alguien se beneficia de que tengan relaciones sexuales casi en la infancia, del aumento de embarazos y abortos adolescentes? Miremos quién saca tajada…

    ¿Quién se beneficia?

    Cuando estos datos se publican, empresas y políticos aplican la misma solución: promoción de condones (llamado hipócritamente educación sexual). A la vista de los resultados, esta solución es más de lo mismo, pero no nos damos por enterados. Las multinacionales que venden los profilácticos se frotan las manos

    En España el Ministro de Sanidad, Bernat Soria, llega a un acuerdo con tres grandes marcas de preservativos y el Consejo General de Colegios Oficiales de Farmacéuticos. Se trata de poner en bandeja los condones a los adolescentes, de metérselos hasta en la sopa.

    El Ministerio de Sanidad ha invertido 2.200.000 euros en una campaña de dos semanas (del 5 al 21 de diciembre 2008) con un video clip de hip hop promoviendo el preservativo. El resultado es espectacular… para los de siempre: ¡¡las ventas de preservativos han aumentado un 10%!! [1]

    Estamos en crisis pero 2.200.000 euros han ido a parar a una campaña de publicidad de condones. Las empresas de preservativos tienen cifras de beneficios envidiables y no necesitan que D. Juan Pueblo les pague la propaganda.

    El desastre… lo paga el pueblo

    Estas empresas (Be Love, Durex…), fabrican en Asia sus productos. Durex (SSL Healthcare Manufacturing) ha cerrado una fábrica en España en 2008 para producir más barato en India y Tailandia [2]. El millón de euros que ganaban en cada ejercicio les parecía poco, y han ido a explotar la sangre de los pobres. ¿Cuánto debería valer un condón que tiene que dar la vuelta al mundo, llegar de la India a España, si se pagara un salario digno a su productor? ¿Cómo puede ser vendido a 20 céntimos, o canjeado por un pintalabios usado, o regalado con las revistas juveniles? ¿Cuánto le pagarán a la mujer india que lo fabrica? Ese preservativo y las consecuencias de este sistema del lucro a toda costa, lo paga la mujer india y su familia. Y nuestros hijos, y nosotros también lo pagamos si no nos rebelamos y luchamos.

    Fuente: Solidaridad.net | Boletín Completo

    Mensaje del Santo Padre para la Cuaresma 2009


    “Jesús, después de hacer un ayuno de cuarenta días y cuarenta noches, al fin sintió hambre”.

    ¡Queridos hermanos y hermanas!

    Al comenzar la Cuaresma, un tiempo que constituye un camino de preparación espiritual más intenso, la Liturgia nos vuelve a proponer tres prácticas penitenciales a las que la tradición bíblica cristiana confiere un gran valor —la oración, el ayuno y la limosna— para disponernos a celebrar mejor la Pascua y, de este modo, hacer experiencia del poder de Dios que, como escucharemos en la Vigilia pascual, “ahuyenta los pecados, lava las culpas, devuelve la inocencia a los caídos, la alegría a los tristes, expulsa el odio, trae la concordia, doblega a los poderosos” (Pregón pascual). En mi acostumbrado Mensaje cuaresmal, este año deseo detenerme a reflexionar especialmente sobre el valor y el sentido del ayuno. En efecto, la Cuaresma nos recuerda los cuarenta días de ayuno que el Señor vivió en el desierto antes de emprender su misión pública. Leemos en el Evangelio: “Jesús fue llevado por el Espíritu al desierto para ser tentado por el diablo. Y después de hacer un ayuno durante cuarenta días y cuarenta noches, al fin sintió hambre” (Mt 4,1-2). Al igual que Moisés antes de recibir las Tablas de la Ley (cfr. Ex 34, 8), o que Elías antes de encontrar al Señor en el monte Horeb (cfr. 1R 19,8), Jesús orando y ayunando se preparó a su misión, cuyo inicio fue un duro enfrentamiento con el tentador.

    Podemos preguntarnos qué valor y qué sentido tiene para nosotros, los cristianos, privarnos de algo que en sí mismo sería bueno y útil para nuestro sustento. Las Sagradas Escrituras y toda la tradición cristiana enseñan que el ayuno es una gran ayuda para evitar el pecado y todo lo que induce a él. Por esto, en la historia de la salvación encontramos en más de una ocasión la invitación a ayunar. Ya en las primeras páginas de la Sagrada Escritura el Señor impone al hombre que se abstenga de consumir el fruto prohibido: “De cualquier árbol del jardín puedes comer, mas del árbol de la ciencia del bien y del mal no comerás, porque el día que comieres de él, morirás sin remedio” (Gn 2, 16-17). Comentando la orden divina, San Basilio observa que “el ayuno ya existía en el paraíso”, y “la primera orden en este sentido fue dada a Adán”. Por lo tanto, concluye: “El ‘no debes comer’ es, pues, la ley del ayuno y de la abstinencia” (cfr. Sermo de jejunio: PG 31, 163, 98). Puesto que el pecado y sus consecuencias nos oprimen a todos, el ayuno se nos ofrece como un medio para recuperar la amistad con el Señor. Es lo que hizo Esdras antes de su viaje de vuelta desde el exilio a la Tierra Prometida, invitando al pueblo reunido a ayunar “para humillarnos —dijo— delante de nuestro Dios” (8,21). El Todopoderoso escuchó su oración y aseguró su favor y su protección. Lo mismo hicieron los habitantes de Nínive que, sensibles al llamamiento de Jonás a que se arrepintieran, proclamaron, como testimonio de su sinceridad, un ayuno diciendo: “A ver si Dios se arrepiente y se compadece, se aplaca el ardor de su ira y no perecemos” (3,9). También en esa ocasión Dios vio sus obras y les perdonó.

    En el Nuevo Testamento, Jesús indica la razón profunda del ayuno, estigmatizando la actitud de los fariseos, que observaban escrupulosamente las prescripciones que imponía la ley, pero su corazón estaba lejos de Dios. El verdadero ayuno, repite en otra ocasión el divino Maestro, consiste más bien en cumplir la voluntad del Padre celestial, que “ve en lo secreto y te recompensará” (Mt 6,18). Él mismo nos da ejemplo al responder a Satanás, al término de los 40 días pasados en el desierto, que “no solo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios” (Mt 4,4). El verdadero ayuno, por consiguiente, tiene como finalidad comer el “alimento verdadero”, que es hacer la voluntad del Padre (cfr. Jn 4,34). Si, por lo tanto, Adán desobedeció la orden del Señor de “no comer del árbol de la ciencia del bien y del mal”, con el ayuno el creyente desea someterse humildemente a Dios, confiando en su bondad y misericordia.

    La práctica del ayuno está muy presente en la primera comunidad cristiana (cfr. Hch 13,3; 14,22; 27,21; 2Co 6,5). También los Padres de la Iglesia hablan de la fuerza del ayuno, capaz de frenar el pecado, reprimir los deseos del “viejo Adán” y abrir en el corazón del creyente el camino hacia Dios. El ayuno es, además, una práctica recurrente y recomendada por los santos de todas las épocas. Escribe San Pedro Crisólogo: “El ayuno es el alma de la oración, y la misericordia es la vida del ayuno. Por tanto, quien ora, que ayune; quien ayuna, que se compadezca; que preste oídos a quien le suplica aquel que, al suplicar, desea que se le oiga, pues Dios presta oído a quien no cierra los suyos al que le súplica” (Sermo 43: PL 52, 320, 332).

    En nuestros días, parece que la práctica del ayuno ha perdido un poco su valor espiritual y ha adquirido más bien, en una cultura marcada por la búsqueda del bienestar material, el valor de una medida terapéutica para el cuidado del propio cuerpo. Está claro que ayunar es bueno para el bienestar físico, pero para los creyentes es, en primer lugar, una “terapia” para curar todo lo que les impide conformarse a la voluntad de Dios. En la Constitución apostólica Pænitemini de 1966, el Siervo de Dios Pablo VI identificaba la necesidad de colocar el ayuno en el contexto de la llamada a todo cristiano a no “vivir para sí mismo, sino para aquél que lo amó y se entregó por él y a vivir también para los hermanos” (cfr. Cap. I). La Cuaresma podría ser una buena ocasión para retomar las normas contenidas en la citada Constitución apostólica, valorizando el significado auténtico y perenne de esta antigua práctica penitencial, que puede ayudarnos a mortificar nuestro egoísmo y a abrir el corazón al amor de Dios y del prójimo, primer y sumo mandamiento de la nueva ley y compendio de todo el Evangelio (cfr. Mt 22,34-40).

    La práctica fiel del ayuno contribuye, además, a dar unidad a la persona, cuerpo y alma, ayudándola a evitar el pecado y a acrecer la intimidad con el Señor. San Agustín, que conocía bien sus propias inclinaciones negativas y las definía “retorcidísima y enredadísima complicación de nudos” (Confesiones, II, 10.18), en su tratado La utilidad del ayuno, escribía: “Yo sufro, es verdad, para que Él me perdone; yo me castigo para que Él me socorra, para que yo sea agradable a sus ojos, para gustar su dulzura” (Sermo 400, 3, 3: PL 40, 708). Privarse del alimento material que nutre el cuerpo facilita una disposición interior a escuchar a Cristo y a nutrirse de su palabra de salvación. Con el ayuno y la oración Le permitimos que venga a saciar el hambre más profunda que experimentamos en lo íntimo de nuestro corazón: el hambre y la sed de Dios.

    Al mismo tiempo, el ayuno nos ayuda a tomar conciencia de la situación en la que viven muchos de nuestros hermanos. En su Primera carta San Juan nos pone en guardia: “Si alguno que posee bienes del mundo, ve a su hermano que está necesitado y le cierra sus entrañas, ¿cómo puede permanecer en él el amor de Dios?” (3,17). Ayunar por voluntad propia nos ayuda a cultivar el estilo del Buen Samaritano, que se inclina y socorre al hermano que sufre (cfr. Enc. Deus caritas est, 15). Al escoger libremente privarnos de algo para ayudar a los demás, demostramos concretamente que el prójimo que pasa dificultades no nos es extraño. Precisamente para mantener viva esta actitud de acogida y atención hacia los hermanos, animo a las parroquias y demás comunidades a intensificar durante la Cuaresma la práctica del ayuno personal y comunitario, cuidando asimismo la escucha de la Palabra de Dios, la oración y la limosna. Este fue, desde el principio, el estilo de la comunidad cristiana, en la que se hacían colectas especiales (cfr. 2Co 8-9; Rm 15, 25-27), y se invitaba a los fieles a dar a los pobres lo que, gracias al ayuno, se había recogido (cfr. Didascalia Ap., V, 20,18). También hoy hay que redescubrir esta práctica y promoverla, especialmente durante el tiempo litúrgico cuaresmal.

    Lo que he dicho muestra con gran claridad que el ayuno representa una práctica ascética importante, un arma espiritual para luchar contra cualquier posible apego desordenado a nosotros mismos. Privarnos por voluntad propia del placer del alimento y de otros bienes materiales, ayuda al discípulo de Cristo a controlar los apetitos de la naturaleza debilitada por el pecado original, cuyos efectos negativos afectan a toda la personalidad humana. Oportunamente, un antiguo himno litúrgico cuaresmal exhorta: “Utamur ergo parcius, / verbis, cibis et potibus, / somno, iocis et arctius / perstemus in custodia – Usemos de manera más sobria las palabras, los alimentos y bebidas, el sueño y los juegos, y permanezcamos vigilantes, con mayor atención”.

    Queridos hermanos y hermanas, bien mirado el ayuno tiene como último fin ayudarnos a cada uno de nosotros, como escribía el Siervo de Dios el Papa Juan Pablo II, a hacer don total de uno mismo a Dios (cfr. Enc. Veritatis Splendor, 21). Por lo tanto, que en cada familia y comunidad cristiana se valore la Cuaresma para alejar todo lo que distrae el espíritu y para intensificar lo que alimenta el alma y la abre al amor de Dios y del prójimo. Pienso, especialmente, en un mayor empeño en la oración, en la lectio divina, en el Sacramento de la Reconciliación y en la activa participación en la Eucaristía, sobre todo en la Santa Misa dominical. Con esta disposición interior entremos en el clima penitencial de la Cuaresma. Que nos acompañe la Beata Virgen María, Causa nostræ laetitiæ, y nos sostenga en el esfuerzo por liberar nuestro corazón de la esclavitud del pecado para que se convierta cada vez más en “tabernáculo viviente de Dios”. Con este deseo, asegurando mis oraciones para que cada creyente y cada comunidad eclesial recorra un provechoso itinerario cuaresmal, os imparto de corazón a todos la Bendición Apostólica.

    Autor: S.S. Benedicto XVI | Fuente: Catholic.net

    En la frente… una cruz de ceniza bendecida‏


    Pero los que están en la fila de la ceniza… ¡ni una mirada, ni un saludo, ni una reverencia a Dios que está escondido en el Sagrario!

    Al comenzar la Cuaresma, tiempo penitencial para los católicos, vemos como infinidad de personas, quizá algunas que hace mucho tiempo no han acudido a la Iglesia, se forman en largas filas para que les marquen la frente con una cruz de ceniza bendecida.

    Llegan, se forman en la fila, reciben la ceniza y se van… Personas buenas, almas cándidas quizá, que siguen una tradición que tienen carácter de ritual al que pudiera caber, en su entendimiento, algo mágico y que por nada del mundo dejarían pasar esta fecha sin llevar en su frente la huella de la ceniza.

    Cosa buena es que esta tradición del Miércoles de Ceniza esté tan arraigada en el corazón de los fieles católicos.

    Quizá todos los que estén en la fila sepan qué es lo que significa y que de ninguna manera es, ni obligación ni Sacramento.

    Quizá todos vayan meditando -ya que de eso se trata- sobre el punto filosofal de que polvo somos y en polvo nos convertiremos.

    Quizá todos deseemos empezar la Cuaresma con un acto de humildad y pidiendo perdón por nuestros pecados.

    Tal vez, y esto esta muy bien, pero hay “algo” que no está bien.

    Veamos: hemos entrado al Templo, estamos en la Iglesia, en la casa de Dios y no parecería posible entrar en esa casa y no saludar al Dueño, al Señor, al Dios Supremo Hacedor de todas las cosas, al Rey de Reyes, el Altísimo Señor, el Omnipotente que está en infinita humildad en el Sagrario en Cuerpo y Alma. Tan auténtico como cuando caminaba por las orillas del Jordán, tan real como cuando se sentó en el borde del pozo para pedirle agua a la samaritana, el mismo Dios, el mismo Cristo.

    La puerta del Sagrario está cerrada, una luz roja parpadeante nos anuncia que está ahí el Señor, Dios nuestro.

    Las personas están en la fila de la Ceniza… ¡ni una mirada, ni un saludo, ni una reverencia al Dios que está escondido en el Misterio de amor que es la Eucaristía!

    ¿Cómo es esto posible? ¿Será más importante llevar en la frente un signo de humildad que caer primero de rodillas ante el Sagrario y aunque no lo veamos con los ojos de la carne, decirle con los del alma: “Creo en Tí, Señor, y te amo”, o simplemente con las palabras de Santo Tomás: “Señor mío y Dios mío” ?

    Y ya que estamos en este tema diremos que ocurre lo mismo cuando algunas personas entran en la Iglesia y se van derechitas al Santo de su devoción. Se arrodillan, le piden quién sabe que cosa y se van. Tal vez no haya culpa, es falta de formación y de que no nos hayan dicho una y mil veces, hasta que nos cale, que al que tenemos que reverenciar y adorar es al Dios vivo que está presente con su Cuerpo, su Alma y su Divinidad en el Sagrario. Los grandes santos son intercesores de las gracias que pedimos ante Dios.

    Tal vez también sea que creer en esto, es más difícil que creer en el poder del Santo. El culto a los Santos, – como nos dice en sus homilías Mons. George Chevort, no es obligatorio, sino facultativo.” Pedirle a los Santos es como una etapa, como un escalón, no un término.

    El objetivo de nuestra religión es la Santísima Trinidad que tiene derecho a nuestra adoración y de la cual proceden todos los bienes que necesitamos y el Mediador indispensable es Jesucristo, Hijo de Dios y hombre.

    Glorifiquemos a Dios en sus Santos. Ahora bien, la primera de todos los Santos: no fuera de, sino en primer rango y un rango a parte, es la Bienaventurada Virgen María. La primera y aparte porque no solo es obra de Dios, sino que es la obra maestra de Dios. Es la Madre de Dios porque Ella difundió en el mundo la luz Eterna, Jesucristo Nuestro Señor.

    ¡Cuánta preparación y cuánta información sobre nuestra Fe nos hace falta para vivir y obrar como verdaderos cristianos!. Vivamos nuestra religión con orden y profundidad. Que seamos el ejemplo viviente para los que nos ven, que formándonos y estudiando podremos cumplir con los grandes misterios de nuestra religión tal y como nos lo enseña nuestra Santa Madre la Iglesia Católica y que imitando a los Santos entremos en esta Cuaresma con espíritu de oración y sacrificio.


  • Preguntas o comentarios al autor Ma. Esther de Ariño

  • Fuente: Catholic.net

    Imposición de la ceniza


    Autor: Apostoloteca Virtual
    Fuente: Diócesis de San Juan de los Lagos

    Significado de la imposición de la ceniza

    - Los judíos acostumbraban a echarse ceniza sobre la cabeza para indicar que estaban en penitencia y los cristianos empezaron a tomar esa costumbre al empezar la cuaresma.

    - Se pone al principio de la cuaresma, ya que cuaresma significa 40 días de preparación hasta la Pascua. Es un tiempo de conversión, es decir de volver a Dios, de quien nos hemos alejado.

    - La ceniza significa que es polvo, es lo que queda de un desperdicio cuando se quema. Por ello nosotros somos débiles, frágiles. En cualquier momento podemos morir. Por ser polvo podemos llegar a convertirnos en Cristo que es vida eterna y alegría completa

    - La ceniza es basura que se tira. Con nuestros pecados hemos llegado a ser basura que se tira, que no sirve ya para nada, con nuestro pecado llenamos el mundo de tristezas, lágrimas y nos alejamos de nuestro Padre y de todos los que nos rodean.

    - La ceniza es tizne que mancha, polvo que se pisa, con nuestro pecado hemos manchado a las personas que nos quieren.

    - La ceniza indica el inicio de la cuaresma la cual es tiempo de oración, ayuno, penitencia, encuentro con Dios, encuentro con los demás y compromiso de superación para ser como Cristo.

    - En los primeros siglos del cristianismo la preparación a la fiesta de Pascua comenzaba con el primer domingo de Cuaresma. Poco después, para completar la cuarentena, el miércoles de ceniza comenzó a ser la puerta de entrada a la cuaresma.

    - En nuestra patria el miércoles de Ceniza es una celebración popular que forma parte indiscutible de nuestra cultura y que no puede pasar desapercibida en la vida pública. En la cuaresma se tiene que vivir lo que el miércoles de ceniza se ha celebrado. El miércoles de ceniza nos indica lo que debemos hacer en la Cuaresma.

    - La ceniza no necesariamente la podemos recibir de un sacerdote, la podemos recibir de otro cristiano bautizado e inclusive uno mismo la puede tomar.

    - Para poder recibir la ceniza es necesario que uno elija libremente aceptarla; durante el miércoles de ceniza se pide el ayuno a los mayores de 18 y menores de 65 años, excepto aquellos que se encuentren gravemente enfermos, si uno se encuentra enfermo o es menor de edad o muy mayor, se puede suplir el ayuno con una buena obra o evitando aquellos que más nos gusta hacer o comer y que el no realizarlo nos cueste un sacrificio, todo esto con el único fin de ofrecerlo a Dios.

    Sugerencias para recibir la ceniza

    Para tener una mejor participación en la imposición del símbolo litúrgico durante la celebración de la imposición de la ceniza; es necesario tomar en cuenta lo siguiente:

    - Cuando participamos en la imposición de la ceniza durante la misa se ha de tener presente que participamos como una comunidad y que lo más importante no es el signo sino lo que éste significa para nuestra vida; después de la homilía del celebrante, se proceda a la imposición de ceniza. En este momento es importante tener en cuenta que es un símbolo de penitencia y que deseamos ser cada vez mejores cristianos comprometidos por lograr vivir mejor y en paz, alegres de que Jesús venga a nuestras vidas.

    - Cuando participamos en la imposición como grupo de adolescentes, se recomienda una actitud de verdadera seriedad ante el símbolo y que se vea la posibilidad de recibir la ceniza de manos de otros y con una actitud de que prometemos ser mejores como grupo y como adolescentes, dentro de este clima se podrán asumir como grupo varias penitencias, como podrían ser el unificarnos más como grupo, el superar algunos problemas de falta de aceptación de los demás, de ayudarnos entre todos corrigiéndonos como buenos amigos las faltas que veamos que cometemos, que como grupo realicemos alguna obra de beneficio social a nuestro barrio, escuela, parroquia, etc.

    - Cuando participamos de la imposición solos, debemos recordar y fijarnos en todos los elementos que componen la celebración, es importante que en todos ellos vayamos descubriendo a Dios mismo, que nos ama y nos invita a ser cada día mejores cristianos y personas. Al momento de recibir la ceniza es bueno ir pensando una serie de propósitos personales que podamos cumplir durante la cuaresma, como podría ser algunos sacrificios de cosas que más nos agraden y que ofreceremos con gusto para que podamos alejar de nuestras mentes todo deseo malo de alejarnos de Dios y de nuestros seres queridos.