En nosotros está la lámpara maravillosa


Todos poseemos esa lámpara pero tal vez, no tiene aceite, está apagada, inservible. Está dentro de nosotros y hoy es el momento propicio para buscarla.

Son tardes de lluvia pero ha dejado de llover.

Miramos la calle y parece que se ha roto un gigantesco espejo y sus pedazos, en el suelo, reflejan trozos de un cielo azul muy pálido. La tarde tienen algo de magia que nos hace meditar.

Nos viene a la mente un cuento de la infancia en que un humilde muchacho, llamado Aladino, tenía una lámpara que en un principio creyó inservible pero cuando la hizo brillar surgió de ella un gran Genio que le concedió todos sus deseos. Era la lámpara maravillosa y en muchas ocasiones hemos deseado poseerla.

Pues bien, todos poseemos esa lámpara pero tal vez, como la del cuento, no tiene aceite, está apagada, inservible.

Está dentro de nosotros y hoy es el momento propicio para buscarla.

Ya la encontramos. ¿Por qué no le ponemos un poco de aceite? ¿Por qué no la encendemos? ¿Lo intentamos?

Cuando ella brille se nos cumplirán todos nuestros deseos.

Tal vez le falta el aceite de nuestra sonrisa. Sonriamos y veremos cómo brilla. Dicen que una sonrisa vale más que todo el oro del mundo…

O tal vez… le falte el aceite de la esperanza, ese aceite que hará que nuestra vida tenga un por qué.

Y…quién sabe si no logramos hacerla brillar porque el bálsamo o aceite del perdón ¡nos cuesta tanto!…¡nos resistimos a ponérselo! Encendámosla con él y un milagro se realizará en nuestras vidas.

Perdonemos aunque esté abierta la herida. Perdonemos aunque tengamos sabor a hiel en la boca que nuestro corazón sabrá de la dulzura del perdón. Perdonemos y la lámpara brillará y su luz dará calor a nuestra existencia.

Tal vez nuestra lámpara necesite tan solo del aceite de la diligencia y alegría. Si se lo ponemos nos levantaremos cada día optimistas y felices. Trabajaremos de la mañana a la noche poniendo nuestro máximo esfuerzo en lograr la excelencia. Tal vez esos trabajos no nos sean muy gratos pero son nuestro deber, después buscaremos algo de nuestro gusto y le daremos un “lugarcito” en el día para poder dedicarnos a ello.

No dejemos pasar las horas sin hacer algo.

Llenemos nuestros días y nuestra lámpara brillará con nuevos destellos para nosotros y para los demás. Tenemos que hacer el esfuerzo para vivir esa magia. Busquemos dentro de nosotros y sabremos qué es lo que necesita nuestra lámpara para brillar y con su luz alcanzaremos a ver y a encontrar muchas cosas que ahora nos están negadas.

Que el aceite del amor sea el principal ingrediente para que su luz llene toda nuestra existencia y nuestros actos. Esa lámpara maravillosa que Dios puso en nuestro corazón no la dejemos arrinconada y sucia, si queremos que con ella se cumplan nuestros deseos la debemos pulir y no dejar apagar su llama.


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  • Autor: Ma Esther de Ariño | Fuente: Catholic.net

    Amen a sus enemigos… ¡Qué difícil Señor!


    Hoy a tus pies traigo un corazón que se resiste a perdonar. El dolor que le causaron fue tan fuerte, que alcanzó gravedad de tragedia para mi corazón y para mi vida…

    Hoy ante ti, Jesús Sacramentado, recordamos tus palabras: “Ama a tus enemigos..” Un mandamiento nuevo, era algo que rebasaba toda doctrina, toda ley. Era algo que estremecía las entrañas y el corazón, era algo que sobrepasaba todo sentimiento humano para llegar a tocar lo que naturalmente no correspondía a nuestro sentir, a nuestro apasionado corazón y razón cuando alguien o algo nos daña…

    Jesús, nos pedías algo que tu sabías qué difícil y “cuesta arriba” es para nuestro corazón otorgar el perdón, pero…sabías que tus palabras iban a tener ejemplo y respuesta a esta petición cuando en la cruz dirías: – ¡Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen!… y por eso tus palabras:Han oído ustedes que se dijo: Ama a tu prójimo y odia a tu enemigo. Yo, en cambio, os digo: Amen a sus enemigos, hagan el bien a los que los odian y rueguen por los que los persiguen y calumnian, para que sean hijos de su Padre celestial, que hace salir su sol sobre los buenos y los malos, y manda su lluvia sobre los justos y los injustos. Porque si ustedes aman a los que los aman, ¿qué recompensa merecen ¿no hacen lo mismo que los publicanos?. Y si saludan tan solo a sus hermanos, ¿qué hacen de extraordinario, ¿no hacen eso mismo los paganos?. Ustedes, pues, sean perfectos, como su Padre celestial, es perfecto. (Mateo 5,43-48)

    Jesús, hoy a tus pies traigo un corazón que se resiste a perdonar. El dolor que le causaron fue tan fuerte, que alcanzó gravedad de tragedia para los sentimientos y para mi vida… ¡ten compasión de mí! ¡Ayúdame para que poco a poco la paz vaya entrando en mi corazón y pueda, con tu apoyo, otorgar ese perdón que tu pides.

    Pero tal vez mi corazón no tenga heridas tan profundas sino que esté lleno de rencillas, de palabras mal interpretadas, de antipatías gratuitas, de que no se por qué…. “pero no me cae bien”, no soporto a “esa” persona, guardo pequeños rencores sin una causa real…de una palabra, de una mirada, de algo que no me gustó y me cayó mal… de una rivalidad… de una envidia… ya no nos hablamos… que ella o él de “su brazo a torcer” ¡yo no!.

    Jesús, manso y humilde de corazón, dime ¿qué dices de este corazón que aún no ha aprendido a perdonar y no solo eso sino que no sabe orar y rogar para que, olvidando tanta pequeñez y tontería, sea generoso y pida por ella o por él?

    Quiero paz, Señor, esa paz tan hermosa que tu sabes dar al corazón, al alma que se libera de la esclavitud de todos esos mezquinos sentimientos, porque ya empezó a amar como tu nos amas olvidando y perdonando todas nuestras faltas.

    Quiero ser grande, volar muy alto, que por amor a ti no me importen tanto las cosas pequeñas de este mundo… parecerme a ti que sabes amar dando todo por nada, ayúdame, Señor. Amén.


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  • Autor: Ma Esther De Ariño | Fuente: Catholic.net

    Obama reconoce el liderazgo del Papa y sus diferencias sobre familia y vida


    Obama: «Defenderé siempre con fuerza el derecho de los obispos a criticarme, incluso con tono apasionado»

    En una conferencia de prensa en la Casa Blanca, en la que participaron algunos medios católicos como el diario italiano Avvenire y Radio Vaticano, el Presidente de Estados Unidos, Barack Obama, reconoció el liderazgo del Papa Benedicto XVI y reiteró sus diferencias en temas de vida y familia. A pocos días de su anunciado encuentro con el Santo Padre, el mandatario señaló que «el Papa tiene un liderazgo extraordinario. Espero por ello una colaboración duradera en cuanto a la lucha contra la pobreza, el Medio Oriente, el cambio climático y los inmigrantes».

    Publicado el 2009-07-04 08:59:00

    (ACI/InfoCatolica) En cuanto a las críticas que los Obispos de Estados Unidos le han hecho en distintas ocasiones sobre la defensa de la vida y la familia, Obama señaló: “defenderé siempre con fuerza el derecho de los obispos a criticarme, incluso con tono apasionado. Los recibiría con gusto en la Casa Blanca para conversar de temas que nos unen y nos dividen”.

    Según indica L’Osservatore Romano, al ser preguntado por el aborto, el mandatario consideró que es necesario “ayudar a los jóvenes a tomar decisiones inteligentes para evitar embarazos no deseados” y consideró el hecho de “reforzar el acceso a la adopción como alternativa al aborto”.

    Obama también comentó que próximamente revisará el derecho a la objeción de conciencia para los médicos pro-vida que se oponen al aborto.

    Por su parte Radio Vaticano señala que el Presidente de Estados Unidos aseguró que “políticamente veo el encuentro con Benedicto XVI como un coloquio con un jefe de Estado extranjero, pero tengo la conciencia de que, naturalmente, él es mucho más que eso. Entiendo bien la influencia que el Papa ejerce, mucho más allá de los límites de la Iglesia Católica. El Pontífice disfruta el máximo de mi respeto, como persona que tiene una gran cultura y una gran sensibilidad”.

    Fuente: Info Católica

    ¿Tomará nota Zapatero del talante de Obama?
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    Ahí está el detalle

    El imprescindible papel de la familia en la sociedad

    Artículo cortesía de la revista ¡Tenemos que hablar!©

    Es difícil imaginar un jardín sin flores, árboles y verdura. Lo mismo debería suceder cuando hablamos de la relación sociedad-familia. Digo que debería, porque en la práctica parece que ya se puede hablar de la primera sin la segunda, núcleo fundamental y razón de ser de la sociedad.

    Hoy por hoy, convivimos, posiblemente somos partidarios o quizá hasta fomentamos el individualismo a ultranza, el relativismo cultural, la crisis de los valores y la aceptación pasiva de legislaciones que dejan de apoyar la subsidiariedad (ayudas en sustento de la familia a manera de prestación pública asistencial de carácter, sobre todo, económico y jurídico) necesaria del Estado a la familia.

    Las manifestaciones concretas (divorcios, eutanasia, equiparación de uniones homosexuales como “matrimonio”, legislaciones a favor del aborto, aceptación social de las uniones de hecho, promoción de programas de esterilización, etc.) –y en aumento– de esos cuatro factores mencionados podrían hacernos pensar que el papel de la familia fue preciso solamente en un periodo histórico concreto y de cuyas funciones hoy podemos prescindir.

    Y sin embargo las apariencias engañan. ¿Alguien cuerdo podría afirmar que por colocar en un amplio espacio flores artificiales, árboles de plástico y pasto sintético tendría un auténtico jardín? Flores, pasto y árboles verdaderos tienen sus funciones dentro de ese todo al que llamamos jardín. Y esas funciones son, tanto de forma individual como en su conjunto, esencialmente las mismas desde que ha habido jardines. Una situación parecida acontece con la familia.

    La familia es una institución insustituible socialmente valiosa pero, ¿cuál es su papel? ¿Por qué es valiosa? ¿En qué áreas concretas ese papel evidencia sus beneficios y por qué otra institución no puede sustituirla?

    1. Papel

    El papel de los elementos que componen un jardín no es meramente estético. Es bien conocido que flores y árboles producen oxígeno necesario para la vida humana. La familia es el oxígeno para la sociedad. Fundada en el único y verdadero vínculo natural capaz de generar vida, el matrimonio entre un hombre y una mujer, la familia es la primera sociedad humana donde sus miembros son educados y amados.

    2. Valor

    El papel de la familia conlleva un valor. Es decir, una aptitud para hacer frente a los males con los que se enfrenta.

    A. Frente al individualismo basada en una errónea concepción de la libertad que la hace degenerar en libertinaje y que promueve un desinterés e indiferencia hacia los demás, considerando realización personal y valor supremo a la satisfacción de propio deseo, la familia nos recuerda que somos seres que nos interrelacionamos y que por eso mismo necesitamos de los otros así como ellos nos necesitan. Pero esa necesidad la es del auténtico hombre y mujer, no de sucedáneos.

    B. Frente al relativismo la familia recuerda que las nociones que en ella se aprenden, las primeras y más importantes, la del bien y la del mal, no son construcciones que podemos hacernos sino evidencias que debemos reconocer. La legalidad construida no debe confundirse con el bien. Y el bien, hermano de la verdad, no será jamás el resultado de una votación por muy democrática que sea.

    C. Frente a la crisis de los valores y las virtudes, la familia hace resonar la voz de aquellos que, aunque desestimados por muchos ante las exigencias que conlleva vivirlos y fomentarlos, son pilares sólidos sobre los que se construye una sociedad auténticamente humana. Ahí están la honradez, el respeto, la solidaridad, la fidelidad, la castidad, el compromiso, etc., de los cuales penden ya no sólo las relaciones dentro de la familia sino la existencia de un Estado.

    4. Frente a legislaciones erróneas que hacen desestimar y aparecer como anticuada, obsoleta o superada la institución familiar, el dato mismo de la valoración común que aún se da hacia la familia compuesta por un matrimonio entre un hombre y una mujer con hijos y las relaciones con sus cercanos, sigue estando a la alza. De ahí que implícitamente se necesiten políticas gubernamentales que favorezcan el que los jóvenes vean en su hermosa realidad la familia a través de las facilidades que para ello se les debe dar en materia de vivienda (amplias, bajas en costos, etc.), prestaciones laborales (sobre todo para la mujer embarazada y, por qué no, también para el padre) y mecanismos que permitan conciliar trabajo y familia.

    3. Áreas

    Para captar mejor la importancia del papel de la familia formulemos en negativo –así además dejaremos sentir su impacto– las consecuencias de un despojo del auténtico lugar que esta institución debe seguir poseyendo.

    A. Económica

    El premio Nobel de economía y profesor de la universidad de Chicago, Gary Stanley Becker, ha desarrollado su tesis principal sobre los beneficios que la familia ofrece a la economía al grado de definirla como su fundamento. Una de las conclusiones de este premio Nobel es que una sociedad no puede crecer ni desarrollarse si no se invierte en ella. Y es que resulta evidente: cómo lograr que un país mantenga su riqueza si no hay quienes la generen. De hecho, en países como España, la situación generada debido a la escases de nacimientos plantea ya un problema a corto plazo: ¿quién pagará las pensiones de los jubilados si hay más población anciana que joven?

    B. Social

    Siendo que la familia es la primera escuela de virtudes y valores, cómo sin ella logrará conocerlos la persona. Pero aún más. Esa falta de un faro que ayude a distinguir la verdad y el bien de donde no los hay, se reflejará cada vez más en leyes humanas que atenten contra su misma dignidad como, de hecho, ya está sucediendo.

    C. Cultural

    Una sociedad sin valores es una sociedad sin referencias. Cómo conocerá la solidaridad hacia el necesitado, el enfermo y el que sufre si nació en la división; cómo comprometerse y respetar al gobierno si nació fuera del compromiso que es una falta de confianza en el otro y en sí mismo. Y siendo que no fue guiado en el aprendizaje del bien y del mal, la delincuencia, las drogas y la violencia podrán hallar fácilmente una presa.

    4. Insustituible

    Podría pensarse en que, con el declive de la familia, otra institución podría tomar su papel. ¿Y cuál sería la más adecuada? ¿Cuál la correcta? ¿Cuál la mejor? Por la historia conocemos lo que ha sucedido cuando el Estado ha intentado suplirla. El régimen nazi es el último ejemplo concreto de ello. Sin embargo, ¿el Estado estaría dispuesto a invertir no sólo dinero sino amor en cada hijo? El amor, el cual en mayor o menor medida conocemos todos los hombres, es el factor diferenciador. La familia, la auténtica, es la única capaz de dispensar el amor que sólo en ella se puede dar y recibir.

    Hemos recordado el papel de la familia, su valor, los lugares donde ese valor se hace más palpable y el hecho que la hace aparecer como insustituible. Posiblemente aún alguno pudiera seguir pensando que a un árbol de plástico, al pasto sintético y a unas flores artificiales se les puede llamar jardín. Y así podría pasar falazmente. Pero, y lo sabemos, jamás darán el oxígeno necesario para la vida. Ahí está el detalle.

    Autor: José Enrique Mújica, LC | Fuente: Churchforum

    7 consejos para un matrimonio maduro

    7 consejos para un matrimonio maduro

    1. El matrimonio es para amar. Y amar es una decisión, no un sentimiento. Amar es donación. La medida del amor es la capacidad de sacrificio. La medida del amor es amar sin medida. Quien no sabe morir, no sabe amar. No olvides: “amar ya es recompensa en sí”, como decía el padre Marcial Maciel. Amar es buscar el bien del otro: cuanto más grande el bien, mayor el amor. Los hijos son la plenitud del amor matrimonial.

    2. El amor verdadero no caduca. Se mantiene fresco y dura hasta la muerte, a pesar de que toda convivencia a la larga traiga problemas. El amor, ama hoy y mañana. El capricho, sólo ama hoy. Los matrimonios son como los jarrones de museo: entre más años y heridas tengan, más valen, siempre y cuando permanezcan íntegros. Soportar las heridas y la lima del tiempo, y mantenerse en una sola pieza es lo que más valor les da. El amor hace maravillas.

    3. Toda fidelidad matrimonial debe pasar por la prueba más exigente: la de la duración. La fidelidad es constancia. En la vida hay que elegir entre lo fácil o lo correcto. Es fácil ser coherente algunos días. Correcto ser coherente toda la vida. Es fácil ser coherente en la hora de alegría, correcto serlo en la hora de la tribulación. La coherencia que dura a lo largo de toda la vida se llama fidelidad. Correcto es amar en la dificultad porque es cuando más lo necesitan.

    4. Séneca afirmó: “Si quieres ser amado, ama”. El verdadero amor busca en el otro no algo para disfrutar, sino alguien a quien hacer feliz. La felicidad de tu pareja debe ser tu propia felicidad. No te has casado con un cuerpo, te has casado con una persona, que será feliz amando y siendo amada. No te casas para ser feliz. Te casas para hacer feliz a tu pareja.

    5. El matrimonio, no es “martirmonio.” De ti depende que la vida conyugal no sea como una fortaleza sitiada, en la que, según el dicho, “los que están fuera, desearían entrar, pero los que están dentro, quisieran salir”.

    6. El amor matrimonial es como una fogata, se apaga si no la alimentas. Cada recuerdo es un alimento del amor. Piensa mucho y bien de tu pareja. Fíjate en sus virtudes y perdona sus defectos. Que el amor sea tu uniforme. Amar es hacer que el amado exista para siempre. Amar es decir: “Tú, gracias a mí, no morirás”.

    7. Para perseverar en el amor hasta la muerte, vive las tres “Des”: Dios. Diálogo. Detalles.

    a. Dios: “Familia que reza unida, permanece unida”.

    b. Diálogo, para evitar que los problemas crezcan.

    c. Detalles: de palabra y de obra. “Qué bonito peinado”. “¿Qué se te antoja comer?” “Eres el mejor esposo del mundo”. “Hoy, la cena la hago yo”. “Nuestros hijos están orgullosos de ti”. El amor matrimonial nunca puede estar ocioso.

    “Aprovecho esta oportunidad para recordarles algunas cosas sobre este gran sacramento que es el matrimonio: para algunos el matrimonio no es más que un convenio social, para otros es un estado de vida en el que ambos comparten totalmente su vida, su persona y su destino; pero para el cristiano el matrimonio es mucho más. Es, ante todo, un camino de santidad, es decir, un camino hacia Dios, fundamentado en el amor humano y en la procreación de los hijos que Dios quiera regalar. Camino de santidad, sí, porque dentro de él se vive para amar, sin egoísmos, sin intereses personales, sin mezquindades. Camino de santidad porque es camino de renuncia y de sacrificio, ya que no hay amor posible sin ellos. Camino de santidad porque permite vivir heroicamente la caridad, virtud reina del cristianismo, tanto en las relaciones entre los esposos como en las relaciones con los hijos” (P. Marcial Maciel, L.C.).

    Autor: Ricardo Ruvalcaba | Fuente: Churchforum

    Adiós a Pilar Salarrullana, experta en sectas y defensora de la libertad


    Dedicó horas, esfuerzos y cansancios a este tema desde el primer momento. Y su labor fue reconocida y agradecida por los que recibieron su ayuda. Por eso podía decir: «Nunca me ha parecido más lejos de la realidad esa parábola del Evangelio que cuenta que, tras la curación de catorce leprosos, sólo uno regresó a dar las gracias». Siempre se sintió querida y acompañada por los afectados.

    Los medios de comunicación, y antes algunos amigos comunes, me han hecho llegar una triste noticia. Ha muerto Pilar Salarrullana a los 72, el día 27 de junio. Y el frío mensaje de teléfono móvil, enviado con tanto cariño, me lleva a los libros y a los recortes de prensa, al papel y al teclado, para dejar aquí mi sencillo homenaje a Pilar. Porque se lo merece, como una de mis “maestros” en el fenómeno de las sectas, como una de mis iniciadores en este campo difícil y apasionante, como la que le ha dado a la divulgación de este tema un tono más humano y maternal.

    Una vida, unos datos

    Los periódicos y agencias se encargan de recordarnos las fechas y los lugares de Pilar. Y nos cuentan que Pilar Salarrullana de Verda nació en Zaragoza en 1937. Licenciada en Humanidades Modernas por la Universidad de esa ciudad, era profesora de francés en educación secundaria. Participó en la vida pública de La Rioja y, por extensión, en España, desempeñando cargos de responsabilidad en el Partido Demócrata Popular, en la Unión del Centro Democrático, en la Democracia Cristiana y en el Centro Democrático y Social, y llegando a ser senadora y diputada.

    Tras este paso por la política nacional, fue concejala del Ayuntamiento de Logroño hasta 1995. A esta ciudad –además de a su familia, como hizo siempre– se dedicó en los últimos años, mientras continuaba con sus clases de francés. Era miembro del Consejo Social del Ayuntamiento de Logroño, y podíamos seguirla en sus colaboraciones habituales como columnista en el diario La Rioja y su blog correspondiente.

    Algo marginal, de chalados e infelices

    “Hacía calor, demasiado calor para lo que es habitual en Logroño a finales de mayo”. Así comenzaba la entonces diputada Pilar Salarrullana su libro Las sectas. Un testimonio vivo sobre los mesías del terror en España, publicado al comenzar el año 1990. Aquel día la visitó un matrimonio cuyos hijos se habían ido tras un gurú. “Su visita iba a cambiar mi vida”, afirmaba. Habituada a todo tipo de peticiones en su calidad de política, recuerda lo que hizo entonces: “como siempre, tomé notas y prometí ayudarles. Pero no veía por dónde empezar. No sabía nada de gurús ni de sectas. Me parecía, como a tantas otras personas con las que luego he hablado de esto, que era algo marginal y casi folclórico, una cosa mitad de chalados y mitad de infelices”. Así comenzó todo, en la primavera de 1987.

    Hablaba de su incursión en el mundo de la oscuridad. Un viaje que tuvo su fase teórica, y que comenzó con la lectura veraniega de libros, informes y documentos, que pudieran ayudarle a ayudar a aquella familia. Cuando llegó, con el mes de septiembre, el inicio de un nuevo curso parlamentario, formuló unas preguntas, en su calidad de diputada del Congreso, al Gobierno español: “1. ¿Cuál es la actual situación de las sectas en España? 2. ¿De qué forma controla el Gobierno la aplicación de la Ley Orgánica de Libertad Religiosa para las sectas antes citadas? 3. ¿Tiene el Gobierno alguna previsión respecto al control de las sectas religiosas?”.

    Recibió una respuesta nada comprometida y, tras la publicación de una entrevista que le hicieron en el ya desaparecido Diario 16, explicaba ella, “ya no pude apartarme de un camino que hoy sigo recorriendo y que no sé bien a dónde me va a llevar, ni qué final me deparará”. Y su vida comenzó a complicarse, y fue el centro de atención de muchos afectados, que acudían a ella para suplicar ayuda en un tema tan poco conocido entonces. Nombres y casos se agolpan en su libro, mostrando una realidad que entonces empezó a salir a la luz pública.

    Ayudas, amenazas y escoltas

    Dedicó horas, esfuerzos y cansancios a este tema desde el primer momento. Y su labor fue reconocida y agradecida por los que recibieron su ayuda. Por eso podía decir: “Nunca me ha parecido más lejos de la realidad esa parábola del Evangelio que cuenta que, tras la curación de catorce leprosos, sólo uno regresó a dar las gracias”. Siempre se sintió querida y acompañada por los afectados.

    Pero también comenzó la parte de sufrimiento, pues enseguida llegaron las primeras amenazas, las llamadas de abogados, las presiones… Un día le llegaron a decir, vía telefónica, en el mismo Congreso de los Diputados: “Cuidado con lo que está haciendo. Lo va a pasar mal, y además, tenemos localizados a sus hijos”. En aquel momento pensó tirar la toalla. Después Pilar constató un cambio de táctica. Las sectas comenzaron a contactar con ella para mostrarle su cara más amable, para invitarla a actos, para que leyera sus publicaciones. De la amenaza pasaron al marketing.

    Hasta que en 1988, en el mes de noviembre, como recuerda con detalle en su libro, el programa televisivo Informe Semanal emitió un reportaje sobre el golpe judicial a la Iglesia de la Cienciología, que se saldó con más de cien detenidos, incluido su líder mundial, en un hotel de Madrid donde celebraban una reunión. Entre los objetos de los que se incautó la policía, había un listado de “enemigos” de la secta, con la denominación de “personas supresivas”, y en este listado aparecía su nombre. Automáticamente, el entonces ministro de Interior, José Luis Corcuera, le asignó escolta policial.

    Poco después, pudo revisar una carpeta, en poder del juez Vázquez Honrubia, instructor del caso, donde, bajo el título “Agente muerto”, había una documentación exhaustiva sobre Pilar y su familia, proporcionada a los abogados de la Cienciología por unos detectives contratados al efecto. Presentó una denuncia y lo dio a conocer a los medios de comunicación, lo que trajo consigo, al día siguiente, el anuncio a bombo y platillo por parte de la secta de que se querellaría contra Salarrullana por injurias y calumnias.

    La Comisión Parlamentaria

    Puede decirse que Pilar Salarrullana fue el alma de la comisión que el Congreso de los Diputados dedicó al fenómeno sectario. El 17 de febrero de 1988 presentó ante el Pleno de la Cámara una interpelación en la que afirmaba claramente, entre otras cosas: “¿Qué es lo que pasa en España? ¿Es dejadez? ¿Es inoperancia? […] Deseo decir a sus señorías y al señor ministro que lo que más me preocupa de todo lo que he vivido esta temporada, es la oscuridad, el secretismo, el miedo que existe; y que donde las cosas no están claras, no se puede hacer justicia”.

    Tras haber recibido la respuesta del ministro de Justicia, el 8 de marzo presentó una moción en la que solicitaba asumir la resolución del Parlamento Europeo sobre el tema (de 1984) y crear una Comisión de investigación. Al final, se creó una Comisión de estudio en el mes de mayo del mismo año, presidida por el socialista Juan Manuel del Pozo, y que presentó su informe y propuestas de resolución el 2 de marzo de 1989. Éstas fueron aprobadas por unanimidad.

    En aquella ocasión, Pilar intervino ante la Cámara diciendo: “nosotros, que somos los representantes del pueblo, no nos hemos dejado intimidar por turbias amenazas de oscuras organizaciones que pretendían paralizar o entorpecer nuestro trabajo, un trabajo que nos habíamos propuesto hacer en beneficio de un problema que vimos en la sociedad, que al principio nos pareció leve, pero que, conforme avanzaron los trabajos de la Comisión, empezamos a ver que era preocupante”.

    ¿Y después?

    La historia posterior fue de continuidad. Aprovechó para sacar un segundo libro sobre el tema: Las sectas satánicas. La cara oculta de los esclavos de Lucifer (1991). Y siguió apareciendo en los medios de comunicación en relación con el tema. Cuando perdió su condición de diputada, y con ella la inmunidad parlamentaria, algunas sectas aprovecharon la ocasión para denunciarla. De hecho, las agencias de prensa informan de 28 juicios relacionados con lo que publicó sobre el sectarismo.

    Como ya he señalado antes, hasta 1995 se dedicó a la política municipal en Logroño. Y fue éste el tiempo en el que tuvo que dejar, por cansancio, el tema de las sectas. No podía más. En el diario El País (13/10/94) lo dejó escrito, en un artículo aparentemente circunstancial, al hilo de un suicidio colectivo de una secta, por lo que se recabó su opinión de experta. Titulado con dureza “La inhibición del Gobierno”, en él decía lo que le había pasado, de forma muy resumida:

    “Durante ocho años dediqué gran parte de mi actividad política como senadora y diputada a estudiar los problemas que, para la sociedad, se derivaban de la actuación de las sectas destructivas y a ayudar a cuantas personas sufrían por esta causa, desde el punto de vista familiar, social y jurídico. Con pena, casi con remordimiento, hace año y medio, abandoné esta tarea; dicho castizamente: tiré la toalla. El motivo no fueron ni las amenazas, ni el miedo, ni el cambio de vida que padecí (tuve que llevar escolta durante dos años).Fueron dos las causas que me obligaron a dejarlo: la cantidad de dinero que me ha costado defenderme en los tribunales de las querellas, cantidad que ni mi sueldo ni mi familia podían ya soportar y, la más importante: la sensación de soledad y de impotencia que me dominaba. Frente a un Goliat superpoderoso, me he sentido como un David que no tenía en sus manos ni siquiera la honda bíblica”.

    Con tristeza, en el mismo artículo repasaba lo que había supuesto la Comisión parlamentaria de estudio, tras la cual “se necesitaba voluntad política por parte del Gobierno (y no la ha habido) y alguien que se ocupara de seguir su cumplimiento día a día; yo había dejado de ser diputada y nadie ha recogido el testigo. Por eso, cada vez que surge otra vez una tragedia provocada por las sectas, sólo queda repetir por dentro esa frase tan antipática: “Ya lo decía yo…”, y la sensación frustrante de un trabajo no terminado por falta de apoyo de quien lo podía haber dado si hubiera querido”.

    Tras diez años sin apenas aparecer en público por estos temas, en 2004 nos sorprendió a todos con la publicación de una nueva obra sobre el fenómeno sectario. Pero no se trataba de un ensayo, sino de una novela: La segunda venida. En él relata cómo un misionero español queda en coma y el enfermero que lo trata decide montar una secta en torno a su figura. El misionero mejora pero no recupera su memoria y, engañado por el enfermero, se convierte en el líder de un grupo sectario. Una forma curiosa de contar lo que pasa en torno a las sectas.

    Un apunte final

    Pilar Salarrullana dejó escrito en el epílogo de su primer libro sobre las sectas lo siguiente: “hoy, en España, están más protegidas las sectas destructivas que las personas a quienes hacen sus víctimas o la sociedad a la que están socavando”. Veinte años después… ¿podríamos decir lo mismo? Y terminaba la obra con este deseo, que esperamos que se cumpla: “Espero que otras personas puedan y quieran ayudarme a proseguir esta tarea, y a continuarla sin mí cuando yo la deje”. Cuando nos has dejado, te damos las gracias por todo lo que has hecho. Descansa en paz, en el encuentro con el que da la verdadera libertad. Ve con Dios.

    Luis Santamaría del Río, sacerdote y miembro de la Red Iberoamericana de Estudio de las Sectas (RIES)

    Fuente: Infocatólica | Publicado el 2009-06-30 08:57:00

    El compromiso con la inviolabilidad de la vida forma parte de la fe adulta

    CIUDAD DEL VATICANO, lunes, 29 junio 2009 (ZENIT.org).- Publicamos la homilía que pronunció Benedicto XVI en la tarde de este domingo en la Basílica de San Pablo Extramuros al presidir la celebración de las primeras vísperas de la solemnidad de los santos Pedro y Pablo con motivo de la clausura del Año Paulino.

    Señores cardenales,

    venerados hermanos en el episcopado y en el sacerdocio,

    ilustres miembros de la delegación del patriarcado ecuménico,

    queridos hermanos y hermanas:

    Dirijo a cada uno mi saludo cordial. En particular, saludo al cardenal arcipreste de esta basílica y a sus colaboradores, saludo al abad de la comunidad monástica benedictina; saludo también a la delegación del patriarcado ecuménico de Constantinopla. Esta tarde se concluye el año conmemorativo del nacimiento de san Pablo. Nos encontramos recogidos ante la tumba del apóstol, cuyo sarcófago, conservado bajo el altar papal, recientemente ha sido objeto de un atento análisis científico: en el sarcófago, que no había sido abierto nunca en tantos siglos, se hizo una pequeñísima perforación para introducir una sonda especial, mediante la cual se han encontrado restos de un precioso tejido de lino de color púrpura, bañado en oro, y de un tejido de color azul con filamentos de lino. Se encontraron también granos de incienso rojo y de sustancias proteicas calcáreas. Además, se han descubierto pequeñísimos fragmentos óseos, sometidos al examen del carbono 14 por parte de expertos que, sin saber la procedencia,pertenecían a una persona que vivió entre los siglos I y II. Esto parece confirmar la unánime e incontrovertida tradición de que se tratan de los restos mortales del apóstol Pablo. Todo esto llena nuestro ánimo de profunda emoción. Durante estos meses muchas personas han seguido los caminos del apóstol, los exteriores y más aún los interiores que él recorrió durante su vida: el camino de Damasco hacia el encuentro con el Resucitado; los caminos en el mundo mediterráneo que él atravesó con la llama del Evangelio, encontrando contradicciones y adhesiones, hasta el martirio, por el cual pertenece para siempre a la Iglesia de Roma. A ella dirigió también su Carta más grande e importante. El Año Paulino se concluye, pero estar en camino junto a Pablo –con él y gracias a él venir a conocer a Jesús y, como él, ser iluminados y transformados por el Evangelio– formará siempre parte de la existencia cristiana. Y siempre, yendo más allá del ámbito de los creyentes, sigue siendo el “maestro de las gentes”, que quiere llevar el mensaje del Resucitado a todos los hombres, porque Cristo los ha conocido y amado a todos; y murió y resucitó por todos ellos. Queremos, por tanto, escucharlo también en esta hora en la que iniciamos solemnemente la fiesta de los dos apóstoles unidos entre sí por un estrecho lazo.

    Como parte constitutiva de su estructura, las cartas de Pablo -haciendo referencia al lugar y a la situación particular- explican ante todo el misterio de Cristo, nos enseñan la fe. En una segunda parte, sigue la aplicación a nuestra vida: ¿qué se deriva de fe? ¿Cómo se plasma nuestra existencia día a día? En la Carta a los Romanos, esta segunda parte comienza con el capítulo XII, en cuyos dos primeros versículos el apóstol resume rápidamente el núcleo esencial de la existencia cristiana. ¿Qué nos dice san Pablo en ese pasaje? Ante todo afirma, como algo fundamental, que con Cristo se inició una nueva manera de venerar a Dios, un nuevo culto, que consiste en el hecho de que el hombre viviente se transforma él mismo en adoración, “sacrificio” hasta en el propio cuerpo. Ya no se ofrecen cosas a Dios. Nuestra propia existencia debe convertirse en alabanza de Dios. ¿Pero cómo sucede esto? En el segundo versículo se nos da la respuesta: “No os acomodéis al mundo presente, antes bien transformaos mediante la renovación de vuestra mente, de forma que podáis distinguir cuál es la voluntad de Dios…” (12, 2). Las dos palabras decisivas de este versículo son: “transformar” y “renovar”. Debemos convertirnos en hombres nuevos, transformados en un nuevo modo de existencia. El mundo siempre está a la búsqueda de la novedad, porque con razón está siempre descontento de la realidad concreta. Pablo nos dice: el mundo no puede ser renovado sin hombres nuevos. Sólo si hay hombres nuevos, habrá también un mundo nuevo, un mundo renovado y mejor. En el inicio está la renovación del hombre. Esto vale después para cada uno. Sólo si nos convertimos en hombres nuevos, el mundo se convertirá en nuevo. Esto significa también que no basta adaptarse a la situación actual. El apóstol nos exhorta a no ser conformistas. En nuestra Carta se dice: no hay que someterse al esquema de la época actual. Tendremos que volver a hablar de este punto al reflexionar sobre el segundo texto en el que en esta tarde quiero meditar. El “no” del apóstol es claro y también convincente para quien observa el “esquema” de nuestro mundo. Pero llegar a ser nuevos, ¿cómo se puede conseguir? ¿Somos de verdad capaces? Al explicar cómo convertirse en hombres nuevos, Pablo alude a la propia conversión: a su encuentro con Cristo resucitado, encuentro del que la Segunda Carta a los Corintios dice: “El que está en Cristo, es una nueva creación; pasó lo viejo, todo es nuevo” (5,17). Era tan convulsionante para él este encuentro con Cristo que dice: “Estoy muerto” (Gálatas 2, 19; Cf. Romanos 6). Él se convirtió en nuevo, en otro, porque ya no vive para sí en virtud de sí mismo, sino por Cristo que está en él. En el curso de los años, sin embargo, pudo ver que este proceso de renovación y de transformación continúa durante toda la vida. Nos convertimos en nuevos, si nos dejamos conquistar y plasmar por el Hombre nuevo, Jesucristo. Él es el Hombre nuevo por excelencia. En Él la nueva existencia humana se convierte en realidad, y nosotros podemos verdaderamente convertirnos en nuevos si nos ponemos en sus manos y nos dejamos plasmar por Él.

    Pablo hace aún más claro este proceso de “refundición” diciendo que nos convertimos en nuevos si transformamos nuestro modo de pensar. Esto que aquí ha sido traducido como “modo de pensar”, es el término griego “nous”. Es una palabra compleja. Puede ser traducida como “espíritu”, “sentimiento”, “razón” y, también, como “modo de pensar”. Nuestra razón debe convertirse en nueva. Esto nos sorprende. Tal vez habríamos esperado que tuviera que ver con alguna actitud: aquello que en nuestra acción debemos cambiar. Pero no: la renovación debe ser completa. Nuestro modo de ver el mundo, de comprender la realidad, todo nuestro pensar, debe cambiar a partir de su fundamento. El pensamiento del hombre viejo, el modo de pensar común está dirigido en general hacia la posesión, el bienestar, la influencia, el éxito, y la fama. Pero de esta manera tiene un alcance muy limitado. Así, en último análisis, queda el propio “yo” en el centro del mundo. Debemos aprender a pensar de manera profunda. Qué significa eso. Lo dice san Pablo en la segunda parte de la frase: es necesario aprender a comprender la voluntad de Dios, de modo que plasme nuestra voluntad, para que nosotros queramos lo que Dios quiere, porque reconocemos que aquello que Dios quiere es lo bello y lo bueno. Se trata, por tanto, de un viraje de fondo en nuestra orientación espiritual. Dios debe entrar en el horizonte de nuestro pensamiento: aquello que Dios quiere y el modo según el cual Él ha ideado al mundo y me ha ideado. Debemos aprender a participar en la manera de pensar y querer de Jesucristo. Entonces seremos hombres nuevos en los que emerge un mundo nuevo.

    Este mismo pensamiento sobre la necesaria renovación de nuestro ser como persona humana, Pablo lo ilustró ulteriormente en dos párrafos de la Carta a los Efesios, sobre los cuales queremos reflexionar ahora brevemente. En el cuarto capítulo de la Carta, el apóstol nos dice que con Cristo tenemos que alcanzar la edad adulta, una humanidad madura. No podemos seguir siendo “niños, llevados a la deriva y zarandeados por cualquier viento de doctrina” (4, 14). Pablo desea que los cristianos tengamos una fe “responsable”, una fe “adulta”. La palabra “fe adulta” en los últimos decenios se ha transformado en un eslogan difundido. Con frecuencia se entiende como la actitud de quien no escucha a la Iglesia y a sus pastores, sino que elige de forma autónoma lo que quiere creer y no creer, es decir, una fe “hecha por uno mismo”. Esto se interpreta como “valentía” para expresarse en contra de Magisterio de la Iglesia. En realidad para esto no es necesaria la valentía, porque se puede siempre estar seguro del aplauso público. En cambio la valentía es necesaria para unirse a la fe de la Iglesia, incluso si ésta contradice al “esquema” del mundo contemporáneo. A esta falta de conformismo de la fe Pablo llama una “fe adulta”. Califica en cambio como infantil el hecho de correr detrás de los vientos y de las corrientes del tiempo. De este modo forma parte de la fe adulta, por ejemplo, comprometerse con la inviolabilidad de la vida humana desde el primer momento de su concepción, oponiéndose con ello de forma radical al principio de la violencia, precisamente en defensa de las criaturas humanas más vulnerables. Forma parte de la fe adulta reconocer el matrimonio entre un hombre y una mujer para toda la vida como ordenado por el Creador, reestablecido nuevamente por Cristo. La fe adulta no se deja transportar de un lado a otro por cualquier corriente. Se opone a los vientos de la moda. Sabe que estos vientos no son el soplo del Espíritu Santo; sabe que el Espíritu de Dios se expresa y se manifiesta en la comunión con Jesucristo. Pero Pablo no se detiene en la negación, sino que nos lleva hacia el gran “sí”. Describe la fe madura, realmente adulta de forma positiva con la expresión: “actuar según la verdad en la caridad” (cfr Efesios 4, 15). El nuevo modo de pensar, que nos ofrece la fe, se desarrolla primero hacia la verdad. El poder del mal es la mentira. El poder de la fe, el poder de Dios, es la verdad. La verdad sobre el mundo y sobre nosotros mismos se hace visible cuando miramos a Dios. Y Dios se nos hace visible en el rostro de Jesucristo. Al contemplar a Cristo reconocemos algo más: verdad y caridad son inseparables. En Dios, ambas son una sola cosa: es precisamente ésta la esencia de Dios. Por este motivo, para los cristianos verdad y caridad van unidas. La caridad es la prueba de la verdad. Siempre seremos constantemente medidos según este criterio: que la verdad se transforme en caridad para ser verdaderos.

    Otro pensamiento importante aparece en el versículo de san Pablo. El apóstol nos dice que, actuando según la verdad en la caridad, contribuimos a hacer que el todo -el universo- crezca hacia Cristo. Pablo, en virtud de su fe, no se interesa sólo por nuestra personal rectitud o por el crecimiento de la Iglesia. Él se interesa por el universo: “ta pánta”. La finalidad última de la obra de Cristo es el universo -la transformación del universo, de todo el mundo humano, de la entera creación. Quien junto con Cristo sirve a la verdad en la caridad, contribuye al verdadero progreso del mundo. Sí, es completamente claro que Pablo conoce la idea del progreso. Cristo, su vivir, sufrir y resucitar, ha sido el verdadero gran salto del progreso para la humanidad, para el mundo. Ahora, en cambio, el universo tiene que crecer hacia Él. Donde aumenta la presencia de Cristo, allí está el verdadero progreso del mundo. Allí el hombre se hace nuevo y así se transforma en nuevo mundo.

    Esto mismo Pablo hace que sea evidente desde otro punto de vista. En el tercer capítulo de la Carta a los Efesios, habla de la necesidad de ser “fortalecidos en el hombre interior” (3, 16). Con esto retoma un argumento que anteriormente, en una situación de tribulación, había tratado en la Segunda Carta a los Corintios: “Aún cuando nuestro hombre exterior se va desmoronando, el hombre interior se va renovando de día en día” (4,16). El hombre interior tiene que reforzarse -es un imperativo muy apropiado para nuestro tiempo en el que los hombres a menudo permanecen interiormente vacíos y por lo tanto tienen que aferrarse a promesas y narcóticos, que después tienen como consecuencia un ulterior crecimiento del sentido de vacío en su interior. El vacío interior -la debilidad del hombre interior- es uno de los más grandes problemas de nuestro tiempo. Tiene que reforzarse la interioridad -la perspectiva del corazón; la capacidad de ver y comprender el mundo y el hombre desde dentro, con el corazón. Tenemos necesidad de una razón iluminada desde el corazón, para aprender a actuar según la verdad en la caridad. Pero esto no se realiza sin una íntima relación con Dios, sin la vida de oración. Tenemos necesidad del encuentro con Dios, que se nos ofrece en los sacramentos. Y no podemos hablar a Dios en la oración, sino le dejamos que hable antes Él mismo, si no le escuchamos en la palabra que Él nos ha donado. Sobre esto, Pablo nos dice: “que Cristo habite por la fe en sus corazones, para que arraigados y cimentados en el amor, puedan comprender con todos los Santos cuál es la anchura y la longitud, la altura y la profundidad, y conocer el amor de Cristo que excede a todo conocimiento” (Ef 3,17). El amor ve más allá de la simple razón, esto es lo que Pablo nos dice con sus palabras. Y nos dice además que sólo en la comunión con todos los santos, es decir en la gran comunidad de todos los creyentes -y no en contra o en ausencia de ella- podemos conocer la enormidad del misterio de Cristo. Esta enormidad la describe con palabras que quieren expresar la dimensión del cosmos: anchura, longitud, altura y profundidad. El misterio de Cristo es una enormidad cósmica: Él no pertenece sólo a un determinado grupo. El Cristo crucificado abraza el entero universo en todas sus dimensiones. Toma el mundo en sus manos y lo eleva hacia Dios. Empezando por san Ireneo de Lyon -es decir, desde el siglo II- los Padres han visto en esta anchura, longitud, altura y profundidad del amor de Cristo una alusión a la Cruz. El amor de Cristo ha abrazado en la Cruz la profundidad más honda, la noche de la muerte, y la altura suprema, la elevación del mismo Dios. Y ha tomado entre sus brazos la amplitud y la enormidad de la humanidad y del mundo en todas sus distancias. Él abraza siempre al universo, a todos nosotros.

    Oremos al Señor para que nos ayude a reconocer algo de la enormidad de su amor. Oremos para que su amor y su verdad toquen nuestro corazón. Pidamos que Cristo viva en nuestros corazones y nos haga ser hombres nuevos, que actúan según la verdad en la caridad. Amen.

    Fuente: Zenit

    [Traducción del original italiano por Jesús Colina
    © Copyright 2009 - Libreria Editrice Vaticana]

    104. Dinos, Pablo, ¿tú, quién eres?… Estamos de despedida


    ¡Gracias sean dadas a Dios por haber dado a su Iglesia al apóstol Pablo! ¡Gracias por siempre!…

    Bajo el altar de la imponente Basílica de San Pablo Extramuros en Roma se halla un sarcófago que encierra los restos del Apóstol. Un puñado de huesos, polvo, y nada más.

    Pero, ¿y su espíritu?…

    Nadie lo ha expresado mejor que San Juan Crisóstomo, el admirador y entusiasta perdido de Pablo:
    “Quisiera ver las cenizas de su corazón, del cual podría afirmarse que es el corazón del mundo. El corazón de Pablo es el corazón de Cristo y la tabla en que el Espíritu Santo escribió el libro de la gracia; el corazón que logró amar a Cristo como no le amó ningún otro”.

    “El corazón del mundo”, esta es la verdad.
    Convencido de que “ya no hay ni judío ni griego, ni esclavo ni libre, ni hombre ni mujer, sino que todos son uno en Cristo Jesús”, y sintiéndose “deudor de civilizados y de bárbaros, de sabios e ignorantes”, Pablo no conoció fronteras en su vida legendaria.

    Vivía obsesionado por una sola idea: ¡Todo el mundo ha de ser conocedor y esclavo del Evangelio de Cristo!
    Y como lo sentía, así se empeñó en conseguirlo, hasta poder decir con satisfacción no contenida:
    - Desde el Oriente conocido hasta el extremo Occidente al que pronto llegaré, “en virtud del Espíritu de Dios, todo lo he llenado del Evangelio de Cristo”.

    ¿Cómo pudo realizar esto? Sólo haciendo que su propio corazón fuera el mismo corazón de Cristo.
    Lo cual no es sólo una frase atinada y bella del Crisóstomo, sino la expresión de lo que el mismo Pablo había dicho de si:
    -“Mi vivir es Cristo”. Porque no tengo otro pensar, otro querer, otro respirar sino Cristo, el cual ha suplantado mi persona entera, “de modo que ya no soy yo quien vive, sino que Cristo es quien vive en mí”.

    Sintiéndose portador de la salvación, y con un amor de Cristo que le urgía, que le empujaba, que no le dejaba quieto ni un momento, llegó a hacer de su vida la vida más increíble que admira la Iglesia entre todos sus hijos, y una de las más inexplicables también que ha contemplado el mundo.

    Si todos admiramos a Pablo, Pablo es el único que no se admira a sí mismo.
    “¿Yo?”…, sigue preguntándose Pablo. “Si soy el menor de los apóstoles; si soy indigno del nombre de apóstol por haber perseguido a la Iglesia de Dios”…

    En esta su propia indignidad descubrió Pablo el porqué Dios lo escogió de manera tan singular:
    “Conseguí misericordia a fin de que Jesucristo mostrase en mí el primero su paciencia, para ejemplo de los que han de creer en él y conseguir la salvación”.

    ¡Y claro está! Como Pablo conocía lo que fue para él la Sangre redentora de Cristo, pudo clamar entonces, y sigue hoy clamando a voz en grito:
    -Mundo entero, ¡no te creas perdido! ¡Sépanlo todos bien!…: “Que Cristo Jesús ha venido para salvar a los pecadores, el primero de los cuales soy yo”.

    Cuando Pablo daba un testimonio brillante de Cristo ante la asamblea de Cesarea, hubo de oír de labios de aquel digno Procurador romano un reproche cordial:
    -Pablo, las muchas letras te han trastornado los sesos.
    A lo cual respondía el prisionero:
    -No, Excelentísimo Festo, no estoy loco, sino que proclamo cosas verdaderas y plenamente sensatas.

    Harto sabía Pablo que en su boca no había mentira, desde que fue el mismo Jesucristo quien le había adoctrinado con una ciencia altísima.
    El rayo que le tumbó de la cabalgadura y el resplandor que le cegó los ojos, no fueron sino los símbolos con que Jesucristo le mostró a Pablo lo que iba a ser su vida entera:
    -Atravesarás el mundo de punta a punta como un rayo, esparciendo la luz de mi verdad a la que nadie podrá resistir.

    La historia de Pablo es capaz de suscitar hoy los hombres y mujeres que nuestro mundo necesita.
    Si hoy volviera Pablo, lo veríamos volar de Jerusalén a Nueva York, de Roma a Río Janeiro, de Shangai a Nairobi en el corazón del África, de Sydney a Moscú…

    Y hablaría en las iglesias, en los estadios, en las universidades, en los almacenes de los puertos, a doctores y a campesinos, a las amas de casa y a los niños de las escuelas…
    En todas partes y para todos tendría su mensaje, que se resumiría siempre en lo mismo:

    -¡Crean en Jesucristo! ¡Entréguense a Jesucristo! ¡Sigan a Jesucristo!
    Cuando todos les digan que no hay nada que hacer, porque todo está perdido, ¡no hagan caso!
    Yo me levanté sobre un mundo totalmente pagano, sobre la esclavitud institucionalizada y sobre todos los vicios divinizados.
    Ustedes no digan que no se pueden alzar sobre la incredulidad, la injusticia, la droga, la inmoralidad reinante…
    ¡Jesucristo puede más que todo y que todos!
    Jesucristo es el Salvador, y se luce salvando en las situaciones más desesperadas…
    El mundo al que Jesucristo me mandó a mí no era mejor que el de ustedes.
    Y por mí llevó Jesucristo la salvación a innumerables almas en aquellos días primeros.

    Pablo es un líder que apasiona y cuestiona a cualquiera que lo mira:
    -¿Amar yo a Jesucristo? Como Pablo por lo menos…
    -¿Trabajar por Jesucristo? Como Pablo y un poco más…
    Pablo es una figura señera en la Iglesia, y de ella no se puede prescindir.

    El arranque de todo está en aquella ruidosa caída, obra del Señor y de nadie más.
    La conversión de Pablo ─el mayor enemigo, trocado en el apóstol más grande y más genial─, es un hecho trascendental de la Historia, no ya de la Iglesia sino de la Historia universal.
    Si la historia del mundo dio un giro de 180 grados con una Cruz en el Calvario y un Sepulcro vacío, la historia de la Iglesia recibió su orientación y el impulso definitivo a partir de las puertas de Damasco.

    ¡Pablo! ¡Nuestro admirado y querido Pablo! Dinos, ¿tú, quién eres?… Hemos recorrido tu vida, hemos leído tus cartas, pero ¿sabemos quién eres tú?…
    No acabamos de entenderte, y nos limitamos a decir con profundo convencimiento:
    ¡Gracias sean dadas a Dios por haber dado a su Iglesia al apóstol Pablo! ¡Gracias por siempre!…

    Puedes encontrar todas las reflexiones anteriores de San Pablo en esta dirección.
    Y en http://www.evangelicemos.net

  • Preguntas o comentarios al autor

  • Autor: Pedro García Misionero Claretiano | Fuente: Catholic.net

    103. He terminado mi carrera. Pablo en el final


    Desatada por Nerón la persecución de los cristianos, yo era buscado en todas partes por la Guardia Imperial.

    ¿Qué hace Pablo cuando se ve libre de las cadenas? Hacía ya cinco años que había escrito precisamente a los de Roma:
    “Espero verlos de paso a mi viaje hacia España y confío que me ayudarán a proseguir este viaje, después de gozar algo de su compañía.
    “Cuando haya concluido este asunto de la colecta que he de llevar a Jerusalén, me dirigiré a España pasando por ustedes” (Ro 15,24-28)

    Éste era el plan de Pablo allá por el año 58, pero vino la prisión en Cesarea y después la de Roma.
    Libre ya del todo, ¿pudo realizar su sueño de ir a España, ahora que estaba a un paso de ella? ¿Y qué hizo hasta mediados del 67, año en que se puede fijar su muerte?

    Lucas nos ha dejado en suspenso, y nosotros llenamos el vacío de estos cuatro años con citas de las cartas de Pablo escritas en estos días y con documentos cristianos y civiles que nos orientan de manera segura.

    ¿Pudo Pablo ir hasta el fin del mundo occidental entonces conocido?…
    Históricamente no se puede negar. Tenemos dos testimonios de primer orden.

    El primero, el de San Clemente Papa, tercer sucesor de Pedro, que escribiendo a los de Corinto les dice que Pablo se fue al Cielo “después de haber ido hasta los términos de Occidente”. El extremo Occidente para un romano era únicamente España.

    Está además el autorizadísimo “canon” de Muratori, en el siglo II, dice también que “Lucas cuenta lo que sucedió en su presencia, como lo prueba su silencio acerca del viaje de San Pablo de Roma a España”.

    De haber ido a España, ¿dónde evangelizó?
    Lo más probable en Tarragona, a donde podía ir por barco o por tierra atravesando el sureste de Francia. La España tarraconense era una parte muy selecta del Imperio Romano.

    ¿Y qué hace Pablo después? Sólo él nos podría contestar. Pero seguro que nos diría:

    * ¿Después?… Tuve que volver a Oriente, a visitar aquellas Iglesias que llevaba tan adentro de mi corazón.
    Estuve en Éfeso, donde dejé a mi querido Timoteo, y en Macedonia pude visitar Tesalónica y Filipos, Corinto, Mileto, de tantos recuerdos para mí. Todo eran visitas rápidas, pero que me llenaban el alma.
    Fui a evangelizar la isla de Creta, y allí dejé a mi discípulo y compañero Tito.
    Visité la ejemplar Iglesia de Colosas, como había prometido a Filemón, que me hospedó en su casa.
    Al fin me encontré en Tróade, donde caí en manos de los agentes de la Guardia Imperial, de donde me conducirían otra vez prisionero a Roma.
    Porque es bien sabido lo que ocurrió en la Urbe.
    Desatada por Nerón la persecución de los cristianos, yo era buscado en todas partes por la Guardia Imperial, pues conocían mi actividad como anunciador de la Buena Nueva de Jesús.*

    Esto nos respondería Pablo, y nosotros seguiríamos haciéndole más y más preguntas.
    -Pues, ¿qué pasó?…, le preguntamos nosotros a Pablo. Y él sigue contando:

    * Pues, lo que tenía que pasar. Nerón hubo de buscar un responsable del incendio de Roma, y sabemos lo que se gritó en Roma:
    -¡Los cristianos! ¡Los cristianos!…
    Y sobre ellos recayó la venganza popular…

    Nerón desató una persecución sin igual.
    Murieron los cristianos a montones entre los más atroces suplicios.

    Me cuentan que algunos, vestidos con pieles de fieras, fueron echados a los perros para ser despedazados; otros, crucificados; muchos, quemados en la hoguera; otros, embadurnados de betún, colgados como teas encendida para que sirviesen como antorchas nocturnas.
    Nerón brindó sus jardines para el espectáculo, y vestido él mismo de auriga, celebraba los juegos del circo en medio de la muchedumbre, guiando su carro (Tácito)

    Yo era buscado como nadie, pues los judíos no me olvidaban, y en el Pretorio me recordaban muy bien.
    Si ante el populacho los cristianos eran los culpables, ¡qué culpa no tendría este evangelizador de Cristo!… *

    -¿Y qué te ha ocurrido después, Pablo?
    -Capturado por fin, se me abrió un primer proceso. De los amigos de antes, no hubo nadie que me asistiera, pues me abandonaron todos.
    Encima, hubo quienes me hicieron mucho mal, como Alejandro el herrero.

    -Y ahora, preso otra vez en Roma, ¿qué esperas?
    -Esperar, nada.
    Como no sé lo que va a durar la prisión, he escrito a Timoteo que me traiga de Tróade lo que allí dejé y no pude traer: mi capa, pues en esta cárcel hace a veces frío y está encima el invierno; tráeme también los libros sagrados, en especial los pergaminos.
    Tendré tiempo para leer, pues estoy solo.
    Conmigo está únicamente Lucas, el querido y fidelísimo Lucas (2Tm 4,11-13)

    -¿Y sabes algo de Pedro?
    -Dicen que ya ha glorificado a Dios con una muerte digna de un discípulo del Señor. Me cuentan que lo crucificaron en la colina del Vaticano, junto al circo de Nerón, y que lo sepultaron allí mismo, en la necrópolis adjunta.

    -¿Y qué esperas tú? ¿Saldrás libre como en aquel proceso de hace cuatro años?
    -No. Acabo de escribir a mi querido Timoteo: “Ha llegado la hora del sacrificio y el momento de mi partida es inminente. He peleado el buen combate, he terminado la carrera, he mantenido la fe”.

    -Y ya no te queda sino la corona, ¿verdad? (2Tm 4,7)
    -Así lo espero. Como soy ciudadano romano, a mí no me pueden crucificar. A mí me cortarán la cabeza, después de haberme azotado. Antes que el filo de la espada probaré por última vez lo que son las varas de los lictores, ya que no dejarán de azotarme previamente.

    Esto nos cuenta Pablo a finales del año 66 ó principios del 67, y así se cumplió todo.
    Una segunda audiencia, y fue condenado a muerte.
    Lo sacaron de la cárcel Tulliano, la Mamertina, lo llevaron hasta Aguas Salvias, hoy Tre Fontane, donde rodó su cabeza por el suelo.

    Recogido el cadáver por manos cariñosas de hermanos en la fe, lo enterraron en la Via Ostiense, donde todavía hoy tenemos su sepulcro bajo la Basílica de San Pablo Extramuros, ese templo grandioso que es la admiración de todos.
    Pablo reposando en esta Basílica, con Pedro en el Vaticano, son las dos glorias más grandes de la Roma Eterna.

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  • Autor: Pedro García Misionero Claretiano | Fuente: Catholic.net

    102. Timoteo, ¡ven!… Un testamento de Pablo


    El momento de mi partida es inminente. He peleado el buen combate, he llegado a la meta en la carrera, he conservado la fe.

    Tenemos en la mano la última carta de Pablo, un grito de angustia y un testamento espiritual a su hijo más querido: Timoteo, a quien había dejado en Éfeso.

    Está por acabar el año 66, pues leemos en las últimas líneas:
    -Timoteo, ¡ven!… Junto con los libros de las Escrituras, especialmente los pergaminos, tráeme el abrigo que dejé en Tróade, y date prisa en llegar antes de que se eche encima el invierno (4,13 y 21)

    ¿Qué ha ocurrido entre las cartas anteriores a Timoteo y Tito y esta última?… Pablo podía estar por Oriente, quizá en Tróade, cuando le detuvo sin más la policía romana:
    -¡Éste es el jefe cristiano que estamos buscando!…
    Ya no dicen “judío”, sino “cristiano”, porque los pretorianos saben distinguir bien desde la persecución desatada por Nerón.

    Si Pablo cayó en manos de la policía por el Oriente, fue llevado prisionero de nuevo a Roma después de una breve prisión en Éfeso, capital de la provincia de Asia..
    Pero también pudo viajar a Roma por su cuenta a finales del año 66, y trabajar de nuevo en la Urbe, con mucha prudencia aunque se viera libre.

    Quizá a este tiempo se refiere el recuerdo de su casa en la orilla izquierda del Tíber, por la Arénula, junto a la Régola.
    Es muy incierto cuanto se refiere a este último año.
    Pero, preso en Oriente y traído a Roma, o detenido en la misma Urbe, Pablo fue internado en la cárcel del Tulliano, llamada después popularmente la Mamertina.

    Durante la primera prisión, Pablo estaba en custodia libre, en casa propia alquilada, con un soldado que lo guardaba, pero con libertad de movimientos.
    Ahora, no. Ahora se hallaba atado con cadenas a una columna, sin poderse mover casi, condenado a una inacción completa.
    No tiene consigo más que a Lucas, el querido y fiel Lucas, que le visita todo lo que puede. Pablo le va dictando a ratos esta carta, que para nosotros es un tesoro inapreciable, cargada de hondos sentimientos, y con enseñanzas inolvidables..

    La carta comienza con desahogos muy naturales.
    -¡Timoteo, mi hijo querido! Tengo deseos de verte, para que me llenes de alegría.
    Ahora me tienes aquí, soportando estos sufrimientos, pero no me avergüenzo, porque estoy seguro de que Jesucristo guarda íntegra mi fe hasta aquel último día de su manifestación gloriosa (1,12)
    Haz tú lo mismo. ¡Conserva la fe mediante el Espíritu Santo que habita en nosotros!

    Onesíforo ha sido igual que tú. Me reconfortó muchas veces y no se avergonzó de mis cadenas. Además de los servicios que me prestó en Éfeso y que tú sabes, apenas llegó a Roma me buscó hasta dar conmigo. ¡Dios lo bendiga! (1,13-18)

    Ante esta amistad cariñosa y la fe tan bien conservada de Timoteo, Pablo sabe lo que es el desamor, la traición de amigos y hasta la apostasía de la fe. Aquí se queja amargamente:
    -Ya sabes tú que todos de Asia me han abandonado, y entre ellos Figelo y Hermógenes. Alejandro, el herrero, me ha hecho mucho mal.

    Después de estos desahogos primeros, aparece el Pablo de siempre, el luchador incansable, ahora agotado pero no rendido:
    -Timoteo, soporta las fatigas conmigo, como buen soldado de Cristo Jesús. Porque yo he peleado el buen combate. He sido el soldado de Cristo que debía ser. Él es mi jefe, y sólo a Él quiero agradarle; por eso, no me enredo en negocios de este mundo. Jesucristo, su Evangelio…, y lo demás no da conmigo. (2,3-4; 4,7)

    Pasa después a otra comparación muy suya:
    -Lo mismo que el atleta ─que no recibe la corona si no se ha portado según el reglamento─, yo he cubierto siempre fielmente la carrera hacia la meta. Y ahora no me queda sino la corona que me entregará el Señor como justo Juez (2,5 y 4,7-8)

    Otra comparación también muy querida:
    -El labrador que trabaja es el primero que tiene derecho a percibir los frutos. Si cada uno recibirá su salario según su trabajo, yo lo espero, porque somos colaboradores de Dios en ese su campo que son los creyentes. He arado y he trillado con esperanza de recibir mi parte, que me toca ya ahora (2,6; 1Co 3,8-9 y 9,10)
    ¿Verdad, Timoteo, que me entiendes?… (2,7)

    Y vienen después esas palabras de Pablo que tantas veces se nos repiten:
    -Acuérdate de Jesucristo, resucitado de entre los muertos; por él estoy yo sufriendo hasta llevar cadenas como un malhechor. Pero la palabra de Dios no está encadenada (2,8-9)
    ¡Qué riqueza la de este consejo y la de esta afirmación!
    Con Jesucristo el resucitado siempre en la mente, ¡qué poco se tiembla en la vida!…

    A continuación, un recuerdo familiar de Pablo para Timoteo, con otra exhortación que se nos repite sin cesar y que tenemos siempre en los labios:
    -Tú, hijo mío, persevera en la fe, teniendo presentes a las que te lo enseñaron, tu abuela Loide y tu madre Eunice, pues desde niño conoces las sagradas Escrituras, las cuales te dan la sabiduría que te lleva a la salvación mediante la fe en Cristo Jesús (3,14-15)

    Es imponderable este elogio de la abuelita, de la madre y de Timoteo, el hijo y nieto.
    Timoteo fue Timoteo porque la abuela Loide y la madre Eunice formaron a su nieto e hijo en la piedad más honda con el amor a las Sagradas Escrituras.

    Pablo aprovecha eso de las Escrituras para escribir a continuación otras palabras inolvidables:
    -Toda Escritura, inspirada por Dios, es útil para enseñar, para argüir, para corregir y para educar en la justicia o santidad; así el hombre de Dios se encuentra perfecto y preparado para toda obra buena (4,16-17)
    Entre el ejemplo de Loide y Eunice, el discípulo aprovechado Timoteo, y el maestro incomparable Pablo, se nos mete bien adentro el amor a la sagrada Biblia, tesoro singular del cristiano…

    Pablo, detenido en la cárcel y enfrentado a la muerte, no se abate, y canta resignado y triunfante a la vez:
    -Estoy a punto de ser inmolado en sacrificio, y el momento de mi partida es inminente. He peleado el buen combate, he llegado a la meta en la carrera, he conservado la fe. (4,6-7)
    Sentimos envidia del valiente y estamos orgullosos de nuestro héroe.

    Esto es Pablo. El testamento que escribió a Timoteo nos lo legó a todos nosotros.
    Vale la pena ser cristiano. Vale la pena luchar por Jesucristo.
    La vida entonces tiene sentido, ya que está toda entera al servicio de un ideal.
    E ideal más alto que Jesucristo no existe, porque no puede existir…

    Puedes encontrar todas las reflexiones anteriores de San Pablo en esta dirección.
    Y en http://www.evangelicemos.net

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  • P. Pedro García Cmf | Fuente: Catholic.net

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